miércoles, 2 de marzo de 2016

7371. TIEMPO DE CANALLAS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tiempo de canallas.
Cuando lo educan a uno diciendo que los niños vienen de París (la otra respuesta a la pregunta de ¿cómo nacen los niños?, era: -“Mojados”); cuando le dicen que tres viejitos en camello, caballo y elefante, son capaces de repartir juguetes por todo el mundo en una sola noche; cuando le enseñan a uno que si se porta mal Diosito lo manda a un lugar lleno de lumbre y tormentos a sufrir por toda la eternidad… pero que Dios nos ama.

Cuando crece uno así, con las neuronas en el punto de fatiga, entonces el gobierno puede escamotearnos el petróleo, disminuir la producción de gasolinas, dejar de refinar crudo, importar combustibles y recortar el presupuesto de egresos del país nomás comenzando el año, sin que nadie alce una ceja, nadie es nadie, ni diputados federales ni la señora de los tamales: nadie.

El miércoles 17 de febrero, el secretario de Hacienda, el Videgaray, anunció un recorte al presupuesto de egresos por 132 mil 300 millones de pesos y que por decisión tomada en consulta de él con él y después de oír la autorizada opinión de él mismo, decidió que a Pemex le recortaría 100 mil millones, el 21% de su presupuesto (478,282 millones según el Decreto de Egresos).

A este don Videgaray, que va en cuete rumbo a Los Pinos (a menos que se le desmoronen las finanzas nacionales entre las manos), ya se le hizo costumbre anunciar cosas y luego informar cambios, como hace todo el tiempo con la previsión del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

Si es usted fijado, se preguntará porqué don V, un subordinado del Presidente de la república, cambia por sus puras pistolas el presupuesto que aprobó la Cámara de Diputados federal.

Para conseguir la aprobación de la Ley de Ingresos de cada año y del presupuesto de egresos, hay largas y tortuosas negociaciones, reuniones maratónicas y un sainete muy al estilo de tres tandas por un boleto, para que a fin de cuentas, todo quede colgando de las tecnocráticas  gónadas del Secretario de Hacienda.

Resulta de humor de ese que no responde chipote con sangre, que la Constitución Política del país, defina en su artículo 74 que “Son facultades exclusivas de la Cámara de Diputados: (…) IV. Aprobar anualmente el Presupuesto de Egresos de la Federación (…)”, pero que una ley sujeta a la Constitución (la llamada “Ley federal de presupuesto y responsabilidad hacendaria”), diga en su artículo 21, que para hacer recortes al presupuesto aprobado por la Cámara, el Ejecutivo primero pedirá opinión a la Cámara y luego puede limpiarse con ella el extremo inferior de su sistema digestivo y hacer lo que le salga del forro de la voluntad (por supuesto la ley lo dice bonito: “El Ejecutivo Federal, con base en la opinión de la Cámara, resolverá lo conducente de acuerdo a las prioridades aprobadas en el presupuesto informando de ello a la misma”, ¿ve?, escucha la opinión del que tiene la “facultad exclusiva”, resuelve lo “conducente” -lo que le venga en gana-, y le informa a la Cámara, lo que es casi burla).

No busque explicación a este sometimiento voluntario de la Cámara de Diputados federal. Ellos mismos aprobaron la ley que dice que el Ejecutivo puede hacer lo que la Constitución dice que no puede. Total, en la alberca de caca nadie se fija si alguien se hizo pipí.

De cualquier manera, tampoco se la tome a la tremenda, porque se le recuerda estimado compañero de nacionalidad, que el año pasado ese mismo señor Videgaray anunció un recorte de 130 mil millones para luego salirnos con que se echó un gasto de 120 mil millones de pesos arriba del presupuesto original (o sea, le falló por los 130 que iba a bajarle al gasto más 120, que suman 250 mil millones más). Da lo mismo, total, sólo ellos saben (y a lo mejor ni ellos), cuánto entra al erario y cuánto se gasta, aparte de dispendios, desperdicios, raterías y conexos.

Tampoco se ponga dramático ni busque explicaciones a por qué en el año 2004, Pemex refinaba 472 mil barriles diarios de combustibles y el año pasado ya nada más 386 mil, que son 86 mil barriles diarios menos (cifras tomadas de la Base de Datos Institucional de Pemex, Sistema Nacional de Refinación); ni ande de curioso queriendo saber por qué en ese mismo 2004, importábamos 42 mil barriles por día de combustibles y ahora, en el 2015, ya llegamos a 415 mil barriles diarios, que son 373 mil barriles diarios de combustibles comprados al tío Sam (por cierto: si dejamos de refinar 86 mil, para qué compramos 373 mil). Piénsele:

En 2004 el país consumía 537 mil barriles de combustibles al día (sumando lo refinado en México y lo comprado fuera), y en 2015, ya se consumen al día 801 mil barriles… el 93% más, casi el doble, y no tenemos casi el doble de nada, ni de coches, ni de industrias… ni de vergüenza.

La verdad monda y lironda es que están quebrando Pemex intencionalmente. Ya el hecho de reportar como pérdidas lo que aportaba al gasto nacional era un retorcimiento moral de pena ajena, porque la empresa producía y producía muchísimo… para el país, precisa y únicamente para eso. No se trata de que se descapitalizara, que se quedara sin reservas técnicas ni capital para explorar y seguir progresando, pero una vez hechas todas las previsiones necesarias, lo demás era para México, para obras, para servicios… y nos decían que eran “pérdidas”, porque no era sano que no se manejara como una empresa cualquiera, como una empresa privada.

Para enderezar a Pemex habría que empezar por barrer de arriba abajo a su alta jerarquía sindical, acabar con el “tiempo Pemex”, para realizar los trabajos, encarcelar a todos los que están coludidos desde adentro en la ordeña de ductos (imposible de hacer sin ellos), invertirle todo lo que hiciera falta y no recortarle el oxígeno al enfermo, que es lo que están haciendo: arrinconar a la opinión pública en un mar de cifras en las que nada checa con nada.

Es una tragedia y una canallada que le hacen al país frente a nuestras narices. No lo verá el del teclado, pero así lo consignará la historia, este es tiempo de canallas.

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