miércoles, 9 de marzo de 2016

7393. ORIGEN ES DESTINO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Origen es destino.
La vida de tía Amalia fue azarosa y agitada (entienda usted: fue ligerita de faldas). Cuando tenía 14 años de edad en su toluqueña casa, su toluqueña familia, adoptó un bebito muy simpático que “les dejaron” en el zaguán; acto de caridad cristiana muy edificante, aunque a medida que crecía el nene, se notaba cada vez más que era el vivo retrato de “Amalita” (entonces le decían así). Luego “Amalita” se casó, a los 17 años, y se fue a vivir a Culiacán, lo que en aquellos años era como irse al norte de la India. De Culiacán volvió 10 años y cuatro hijos después, de los que -para sorpresa de toda la familia-, dos eran muy blancos y dos prietos como zapatos, aunque la mayor sorpresa fue que nadie en la familia recordaba el nombre del marido y también se les había olvidado cómo era, porque salió con un señor mediano de estatura, delgado, tipo criollo, de pelo rubio y ojos verdes, Mario, y regresó con un macizo indio mayo, muy alto, fuerte como mulo, de pelo y ojos negros, Pedro. ¡Cómo cambia la gente con ese clima del demonio!, decía la abuela Virgen que nunca tuvo muchas luces. Luego de pocos años, tía Amalia se fue a Los Ángeles, siguiendo al marido que allá tenía negocios y regresó a México a los cinco años con otros dos hijos, estos rubios y blancos de echar cardillo; el marido se quedó allá, fue la verdad oficial, aunque a esas alturas nadie le creía nada ni a ella ni a sus papás. Cuando avisaron que tía Amalia había muerto, muchos años y hombres después, el abuelo Armando comentó socarrón, en voz baja: -Lo creo sólo viéndola en la caja.      

El viernes pasado informó la prensa nacional engañando sin mala intención a México y al mundo, que el PRI había celebrado su 87 aniversario de fundación como Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Nació el robusto bebé tricolor (eso siempre ha conservado, los colores de la bandera), el 4 de marzo de 1929 a iniciativa del entonces presidente de la república, Plutarco Elías Calles, quien -le guste a quien le guste y a quien no…  pues no-, es uno de los dos hombres de Estado que ha tenido este país, el otro fue Juárez (dije hombres de Estado, no santos ni el yerno soñado).

Don Plutarco fundó el PNR después del amargo trago de ver a don Álvaro Obregón reeligiéndose como presidente de México y después de que fue asesinado y darle no-cristiana sepultura (lo velaron en el Salón Embajadores de Palacio Nacional, la mañana siguiente lo bajaron al Patio Central un rato; de ahí a la estación de ferrocarril para despacharlo a Sonora, con parada en Guadalajara. Llegó a Navojoa y ahí ya su familia se hizo cargo y lo llevó a Huatabampo, para enterrarlo junto a su mamá).

En 1938 el PNR, manteniendo más o menos sin tocar sus principios, cambió a PRM (Partido de la Revolución Mexicana); después, el 18 de enero de 1946 adoptó la denominación de Partido Revolucionario Institucional (PRI); y precisamente coincidiendo con su fecha de fundación, el 4 de marzo de 2013, a los 84 años de edad, se decretó el sensible fallecimiento del PRI, a resultas del cambio completo de todos sus documentos básicos (Programa de Acción, Estatutos, Estrategias y Declaración de Principios), realizado en su XXI Asamblea Nacional Ordinaria,  lo que significó un giro de 180 grados en la doctrina y acciones de ese partido, cuyos militantes no se han enterado mucho o no les ha interesado… o no hay militantes aparte de la cúpula que lo monopoliza y ogaño no se caracteriza por su firmeza de principios (son “pragmáticos”, según proclaman muy orondos).

Cosa distinta es que esa novísima organización política haya conservado nombre, etiqueta, colores y prácticas de mercadeo (“marketing”), pero de que es otra cosa, es otra cosa. Y ahora, para sostener la mentira, en lugar de celebrar el tercer aniversario de su fundación, nos echan el rollo de que cumplieron 87, seguros de que para engañar es infalible el método Amalia: mentir con el más descarado cinismo, sin pudores, sabiendo que nadie se atreverá a desmentirlos. Pero, no,  señores (y señoras), del PRI, no: si alguien le va a las Chivas (o al América), y cambian de uniforme… siguen siendo Chivas (o Águilas), si cambian de entrenador, lo mismo, pero si llega usted al estadio y los ve salir a jugar con las manos y con una red en medio, eso no es un equipo de futbol, ni juega al futbol: es volibol y su equipo desapareció, por más que use el mismo nombre este nuevo equipo de ese deporte distinto.

El PRI tenía que morir para dar paso a las reformas estructurales, en particular la energética, porque la ley impide que un partido mande iniciativas al Congreso que se opongan a lo que predican sus documentos básicos: el PAN no puede proponer la educación marxista, el PRD no puede tener la iniciativa de que incluir el catecismo entre las materias de educación básica, el Partido Verde no puede proponer -por ejemplo-, la pena de muerte (imagínese, crujiría la democracia mexicana). Por eso, apenas en 2008 se opuso el PRI a la reforma energética de Calderón, que proponía la participación de la iniciativa privada en la industria petrolera… ¡chin!, si es tan buena la reforma entonces nomás perdimos ocho años a lo tarugo.

Seguramente estuvo bien y fue lo mejor el cambio total de ideología de esos señores (y señoras) ¿quién es uno para andar opinando de cosas de casa ajena? Pero los que sí pueden cuestionar ese cambio radical que desapareció la ideología del hoy difunto partido, son los 19 millones 226 mil 784 ciudadanos que votaron por el PRI y por Peña Nieto el 1º de julio de  2012, para que les salieran con su domingo siete, apenas tres meses y cuatro días después de tomar posesión don Peña de que dejaban de jugar futbol, porque lo de ahora es el voli… que tampoco parece que le interese gran cosa a sus electores. Igual no les creían  antes, así que no creerles lo de ahora no obliga a ningún esfuerzo.

La XXI asamblea-sepelio del PRI es mérito del presidente de la república Peña Nieto. Un presidente lo parió, otro lo enterró. Origen es destino.

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