domingo, 13 de marzo de 2016

7399. HASTA LUEGO, AMIGO RAMÓN GIL OLIVO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Hasta luego, amigo Ramón Gil Olivo.

“Esto ha sido un conflicto, porque el cine lo han hecho principalmente las burguesías nativas de cada país, debido al financiamiento que se requiere para levantar una producción. Dicho cine ha sido una copia del norteamericano. El que se hacía en América Latina era un cine despojado de su propio lenguaje, por lo que se necesitaba uno que hablara a los pueblos de América Latina, y no que nos impusieran una estética ajena a nuestra realidad”.


Un amigo me comunicó la mala noticia: murió Ramón Gil Olivo (foto de la portada de uno de sus libros traducidos al francés). Murió el domingo en Guadalajara en donde radicaba luego de su aventura por el Colegio de Michoacán de nuestra ínclita ciudad. Precisamente el domingo pasado me encontraba en Guadalajara en un hotel colmado de extranjeros que acudieron al Festival Internacional de Cine, Ramón Gil Olivos fue promotor del evento que ahora tiene nivel internacional. 

Profesor e investigador de la Universidad de Guadalajara, escritor y activista social, Ramón Gil se encontraba en nuestra ciudad cuando lo conocí, en 1989,  él daba clases en el Colegio de Michoacán y con frecuencia nos reuníamos con un grupo de amigos en su casa a escuchar música, a leer o ver películas cuyos secretos eran revelados por la erudición del maestro Gil Olivo. Fue una época de bohemia y de florecimiento  cultural, en gran parte debido a la presencia de Ramón en nuestra ciudad. Florecía el teatro en Zamora con el impulso del Maestro G. L. Conrado, y el teatro Provincia y Comarcup, y el grupo de teatro Catz. El maestro G. L. Conrado es otro de los grandes personajes cuya influencia en la cultura zamorana ha sido ignorada.

Ramón escribía y hacía cine, era un erudito de los mass media, analizó con ojo crítico el papel de los medios en la enajenación de las masas, en especial de la televisión, del poder de la imagen para domesticar conciencias. Aún conservo algunos libros que me regaló, entre ellos  “Dientes de perro”, una serie de cuentos en los que se manifiesta parte de la personalidad de activista social de Ramón, de su época de guerrillero. De los 22 libros que Ramón escribió, sólo tres dedicó a la creación literaria, entre ellos “Dientes de perro”. La mayor parte de ellos los dedicó a su pasión: el cine.

Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad de Lozd de Polonia, la cultura de Ramón era universal y compartía sus valiosas opiniones en veladas literario filosóficas con los entonces jóvenes Reynaldo Rico Ávila, el Dr. Pedro Tolentino, el licenciado en Filosofía Enrique Ramírez Gomar, el contador Salvador R. M., entre otros muchos que se nutrieron con la presencia del querido Ramón. Sólo con Ramón podíamos hablar de temas como semiótica y estética, o sobre el compromiso social de los que hemos tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria.

En una de las fuentes consultadas en Internet acerca de la biografía de Ramón, se afirma que es originario de Zamora, tal vez, lo cierto es que Ramón dejó una profunda huella en nuestra ciudad a la que amó porque Ramón era de los que amaban todo lo que hacía y donde se encontraba.

Ramón me despertó el amor por el cine, nos ayudó a entender el cine.

Ramón Gil Olivo nos reveló la realidad del cine mexicano, copia del cine norteamericano: “Hemos copiado las estructuras narrativas de Hollywood, con un lenguaje efectivo, estructuras que atraen al espectador. Eso es copiado. Así vemos en muchas películas mexicanas, salones o grandes salas con escaleras voladas, por donde bajan los personajes. Eso no existe en la realidad mexicana. Eso es del cine norteamericano. Hasta en películas de Tin Tan había esas casas, y la gente vestía de frac, cuando en México nunca se han vestido de esa forma”, escribió Ramón, en otras palabras,  el cine como instrumento de domesticación de las conciencias.

Ramón volvió a su Universidad de Guadalajara y jamás nos volvimos a encontrar, donde quiera que esté, le doy las gracias. ¡Hasta siempre Ramón!

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