lunes, 14 de marzo de 2016

7408. EL GRAF SPEE, SU “CAPITÁN CABALLERO” Y EL ÁGUILA NAZI.

Por el Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez.
Sociólogo, docente universitario, investigador y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

Premio de  Periodismo- Ensayo-Limaclara-Argentina 2016

A miles de kilómetros de mi tierra natal, la República Oriental del Uruguay, observando una fotografía del Graf Spee en llamas, sacada por un maestro de la fotografía uruguaya, me refiero a Alfredo Testoni quien le contara al periodista César Di Candia que con el Graf Spee refugiado en el puerto de Montevideo tras la batalla de Punta del Este, recibió un llamado que le encargó el registro de los boquetes que el acorazado estaba reparando… cumplió con el encargo y dejó las fotos, como se le pedía, en la caja de una confitería…

”al día siguiente recibí por correo una paga suculenta”.¿Espionaje? ¿Gobierno de Uruguay que encabezaba el general Alfredo Baldomir espiaría para los británicos? ¿Inteligencia británica?  Son muchas las hipótesis que hasta el día de hoy en el siglo XXI se manejan sobre diversos episodios relacionados con  la que fue la primera batalla naval entre buques ingleses y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, y la última clásica sin la participación directa de submarinos y aviones denominada Batalla del Río de la Plata o de Punta del Este, nombre más aceptado localmente ya que desde allí el crucero Uruguay transmitió las primeras noticias al gobierno uruguayo.

Pero, vayamos al origen y respetando el orden del título, analicemos al actor principal me refiero al acorazado de bolsillo Graf Spee el cual en esta épica batalla encontrará su trágico final. Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial, debe cumplir con las clausulas emanadas del Tratado de Versalles que le impusieran los vencedores, entre ellas las correspondientes a la fabricación de buques de guerra.

Según el artículo 190 de dicho Tratado, cualquier acorazado podría ser restituido 20 años después de que fuese comisionado pero el nuevo buque que lo sustituyera no debía exceder las 10.000 toneladas.

Esto se transformaría en un desafío para los diseñadores navales alemanes quienes debían encontrar la forma de construir un barco con la potencia de fuego y la velocidad de un acorazado, con un peso inferior, muy rápido, muy maniobrable y con un enorme poder de fuego.

El concepto del nuevo Panzerschiffe (Buque acorazado) introdujo técnicas revolucionarias en la ingeniería naval de su tiempo aplicadas en la construcción de buques de ese tamaño. Desde la propulsión a gasoil que les permitía aumentar su autonomía operacional hasta el casco que de ser remachado pasó a se soldado lo cual reducía el peso del mismo y le permitía estar dentro de lo pedido por el Tratado, en un peso de 10.000 toneladas su desplazamiento máximo era el 50% mayor.

El Almirante Graf Spee fue uno de los “Westentaschen- Schlachtschiff” (acorazados de bolsillo) junto al Deutschland y el Almirante Scheer. Todos coincidían en el mismo diseño básico, aunque su aspecto exterior no era el mismo, más que nada por los distintos puentes de mando.

Se inició su construcción en el astillero Reichsmarinewerft  de Wilhelmshaven en octubre de 1932 y fue terminado en enero de 1936. Fue bautizado en honor al Almirante Maximilian Von Spee quien participara en las batallas de Coronel y de las Islas Malvinas durante la primera Guerra Mundial. Entre los años 1936 y 1938 participó de cinco patrullas de no intervención durante la Guerra Civil Española.

Unos días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Graf Spee había partido de Alemania el 21 de agosto de 1939 del puerto de Wilhelmshaven en misión secreta. Como consecuencia de la invasión de Alemania a Polonia, el 5 de septiembre de 1939, Francia e Inglaterra le declaran la guerra al Tercer Reich.

Entre los días 11 y 25 de ese mes el Graf Spee está en posición de espera de órdenes más allá de 900 millas al este de Bahía, en Brasil. El día 26 es dejado libre para iniciar sus operaciones como “corsario” contra naves británicas. El plan era que el buque actuara de manera similar a los submarinos U-Boote  en la llamada “Batalla del Atlántico Norte”, infringiendo gran número de pérdidas a los mercantes aliados.

El 30 de septiembre atacará a su primer blanco, el carguero inglés Clement que salía de la Bahía de Pernambuco en Brasil. Allí el capitán de navío Hans Langsdorff quien tomara el comando del Graf Spee el 1º de noviembre de 1938 pondrá en práctica un procedimiento que seguirá con todos los buques que ataque.

Se detenía el barco, posteriormente se cortaban sus comunicaciones, era abordado, se analizaban sus documentos, luego se revisaba la carga y se veía la posibilidad de extraer lo que fuera de utilidad; por último se le daba la elección al capitán y su tripulación si querían ser “huéspedes” del Graf Spee o de lo contrario si preferían abordar sus botes salvavidas.

Cuando el barco estaba vacío, es decir sin tripulantes, era hundido con torpedos o con los cañones. En el caso del Clement, su capitán prefirió sus botes, pero en otros casos se aceptó el alojamiento en el Graf Spee. Lo destacable es que no hubo ninguna víctima fatal en la campaña del Graf Spee. La campaña continúa y el 5 de octubre ocupan el Newton Beach; el Aslea el 7; hunden el Newton Beach el 8, el 10 abordan al carguero británico Huntsman el que será hundido el 17; el 22 hundirán el carguero Trevanion.

Llega noviembre y entre el 4 y el 19 el Graf Spee cambia de rumbo y va hacia el Océano Índico, allí hundirá al petrolero África Shell siendo su capitán uno de los que escoge ser “huésped” del capitán Langsdorff. En diciembre nuevamente e acorazado de bolsillo cambia de rumbo y enfila hacia el Océano Atlántico, el 2 hundirá al carguero Doric Star y al día siguiente al barco refrigerador Tairoa.

El 6 de diciembre toma contacto con su buque tanque nodriza, el Almark, al que ya había encontrado nueve veces en su misión para cargar combustible y víveres. El 8 es hundido otro carguero, el Streansalh. Aunque pronto la suerte del Graf Spee cambiará.


La razón principal, la inteligencia naval inglesa descubrió que los alemanes  habían descifrado sus códigos de comunicación, por lo cual irradian un falso mensaje  dando a conocer que el carguero Highland Monarch saldría del Río de la Plata cargado con carne.  El radio, era una verdad a medias, el barco existía, pero su lugar sería tomado por una fuerza naval británica al mando del Comodoro Henry Harwood.

En la mañana del 13 de diciembre de 1939, el Graf Spee hará contacto con las naves inglesas frente a las costas uruguayas, específicamente a 370 millas al este de Montevideo.
Lo que hasta el momento había sido una exitosa campaña corsaria del capitán Langsdorff que había hundido 9 buques británicos será empañada por errores en la conducción del ya próximo combate.

El Comodoro Harwood estaba al mando del crucero pesado HMS Exeter y los ligeros
HMS Achilles de origen neozelandés y él HMS Ayax, Langsdorff podía debido a la superioridad de sus cañones ante los británicos haber mantenido a raya y haberlos destrozado a distancia pero cometió el error de tomar rumbo hacia los navíos enemigos acortando la distancia entre ellos, pero permitiendo que su nave estuviera al alcance de las armas del enemigo.

Aunque los cañones de 280 mm pronto dejaron fuera del combate al HMS Exeter, que era el enemigo más temible ya que contaba con 6 piezas de 203 mm, y a raíz de sus averías se retiró rumbo a las Islas Malvinas.

Si bien es cierto los cruceros ligeros ingleses seguían combatiendo y lograron causar una serie de daños al Graf Spee, aunque su artillería logró que el HMS Ayax y el HMS Achilles debieran retirarse. El capitán Langsdorf podía haber optado por seguir cañoneándolos a distancia pero decidió ir rumbo al puerto de Montevideo considerando que los daños sufridos por su nave eran de mayor magnitud que los reales.

Allí empezará otra “batalla”, en este caso la diplomática. En Montevideo, el capitán del Graf Spee y los diplomáticos alemanes solicitan al gobierno uruguayo un plazo para realizar la reparación de las averías del buque. El derecho internacional estipulaba 24 horas para que la nave dejara el puerto. Por otra parte los británicos presionaban al gobierno uruguayo para que este cumpliera el mismo sin extensiones.

Por otra parte una trama diplomática con filtración de falsa información urdida por quien era el Embajador británico en Uruguay, Eugen Millington Drake, hizo que los alemanes se creyeron estar acechados por una poderosa flota que incluía hasta un portaaviones.

Uruguay concedió 72 horas al Graf Spee para abandonar el puerto de Montevideo. Mientras tanto los tripulantes del temible acorazado de bolsillo fallecidos en combate eran enterrados en el Cementerio del Norte, acompañados por un número importante de uruguayos a su última morada.

 Cumplido el plazo, el domingo 17 de diciembre, el navío de guerra parte escoltado por el mercante alemán Tacoma. Este buque sería requisado por el gobierno uruguayo en 1942, navegaría con pabellón de este país y en 1973 en el muelle Florida pasó a ser establecimiento penitenciario hasta 1980. En 1985 es desguasado después de haber estado 47 años al servicio del Uruguay y con él desapareció uno de los actores de este hecho histórico.

Mientras los barcos se alejaban se calcula que en la costa montevideana había una aglomeración de entre 200 a 250.000 personas ansiosas por presenciar el combate naval entre alemanes y británicos.  Por lo pronto se veía al Graf Spee ser sobrevolado por una aeronave británica. Esta informa al Comodoro Harwood que en el Tacoma había centenares de marinos alemanes y el marino inglés intuyó lo que sucedería.

En un punto del Río de la Plata,  el acorazado paró sus máquinas y los marinos que quedaban en él, abandonaron la nave y abordaron el Tacoma llevando con ellos la bandera de guerra alemana cuidadosamente plegada.

Langsdorf había desembarcado también con los miembros del equipo de demolición; a las 20.54 una serie de tremendas explosiones sacudieron al acorazado de bolsillo que ardería por tres días y se fuera hundiendo por estribor. Esa misma noche los tripulantes viajaron  a Buenos Aires con su capitán.

Se dice que la orden del hundimiento había sido dada por Adolfo Hitler para impedir el riesgo de la captura de la nave y que el pedido de Langsdorf de seguir combatiendo hasta el final fue negado por el Führer otra versión habla de que la decisión fue tomada por el capitán para no sacrificar a sus hombres y no entregar la valiosa tecnología con que contaba al enemigo.

Tres días más tarde el 20 de diciembre, durante la noche, con su uniforme de gala y sus condecoraciones, el capitán Hans Wilhejm Langsdorff, se tendió en la cama se envolvió en la bandera de la Kriegsmarine y se pegó un tiro en la sien. Horas antes había hablado con sus hombres y como buen marino, sabía que un capitán no debía sobrevivir a su nave. El capitán Langsdorff  dejó una nota para el Embajador alemán en Argentina en la que inicia diciendo:

“Después de una larga lucha con mi conciencia he llegado a la gran decisión de hundir (El Graf Spee) para impedir que caiga en manos enemigas. Estoy convencido de que, dadas las circunstancias, esta decisión es la única posible después de haber llevado a mi buque hasta la trampa de Montevideo”.

Al final de la carta el capitán expresa:

“Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del Acorazado Graf Spee”.

“Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina, me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer”.

“Dirijo esta carta vuestra excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos”.

Capitán de Navío Hans Langsdorf

La noticia conmocionó a ambas márgenes del Río de la Plata. El capitán inglés Patrick Dove del petrolero África Shell que fuera hundido por Langsdorf y decidió transformarse en su prisionero junto a su tripulación, viajó desde Montevideo donde se encontraba a Buenos Aires con una corona de flores para participar en el sepelio del capitán del Graf Spee.

En la misma estaba presente la inscripción: “Los capitanes mercantes ingleses”. Dove a pesar del poco tiempo de convivencia y de la situación había entablado una verdadera amistad con el capitán alemán. Años más tarde publicará un libro sobre su experiencia el cual tituló: “Fui prisionero de un caballero”.

Días después del hundimiento los británicos quisieron recuperar partes del acorazado alemán, específicamente lo que tenía que ver con tecnología. Se intentó recuperar el giroscopio de tiro de la torreta delantera y en el intento falleció un buzo de la Royal Navy.

Pasaron 66 años y  el 10 de febrero del 2006, una imponente águila nazi con las alas desplegadas, emergió del fondo del lecho barroso del Río de la Plata. El equipo de rescate dirigido por Héctor Bado consiguió reflotar el emblema que coronaba el espejo de popa del Graf Spee, en forma de un águila gigante que sujeta una esvástica entre sus garras.

Fabricada en bronce, con un peso de media tonelada y una envergadura de 2.80 metros y 2 metros de altura es una pieza única en el mundo debido a que Adolfo Hitler en 1940 había dado la orden de que fueran retiradas para evitar su captura como trofeos de guerra por las fuerzas aliadas.

El ex mecánico de la marina alemana especializado en torpedos Hans Eupel de 87 años  y que fuera uno de los participantes en el hundimiento del Graf Spee había sido bien claro cuando se lo consultó con respecto a la idea de explorar el barco en el fondo del Río de la Plata: “Deberían dejar el pasado en paz”

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