lunes, 14 de marzo de 2016

7409. NO DAMOS UNA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

No damos una.
Tía Susana era buena esposa, buena madre, buena ama de casa y cocinaba rico; cuando otras señoras de la familia, como mi coronela mamá, le decían que era muy consentidora, contestaba siempre lo mismo: -La vida que los trate mal, no yo, que soy su madre –sí, sonaba bien, lo malo fue que salieron de debajo de su plumaje unos pollos muy mal acostumbrados, creyéndose merecedores de todo gratis, un poco caprichudos tirando a insoportables. El amor de madre está muy bien, pero no así.

No es que eso de los derechos humanos esté mal, está retebien. No es que tenga  ninguna ventaja no respetar los derechos humanos y además, haríamos muy mal en olvidar tan pronto lo que era la impunidad absoluta de las autoridades judiciales y del ejército, porque sí, con la pena, pero cosas como el combate a las guerrillas propiciaron matazones, abusos y desapariciones… como ahora (no tanto, pero parecido), porque no tiene poderes mágicos la Constitución y poner en ella los derechos humanos no cambia al instante lo que es parte de la mentalidad (la falta de), la educación (la falta de) y la formación (la falta de), de los que se encargan de la seguridad pública, de procurar y de impartir justicia.

Así que, ya quedamos: ¡benditos derechos humanos!, bendita la hora en que se quitaron las garantías individuales que graciosamente nos concedía el Estado y se anotaron los derechos en el artículo primero de nuestra Constitución Política (son tres parrafitos, léalos, vale la pena):

“Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.

Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia.

Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.

(Siguen dos párrafos más, el de que no hay esclavitud y el de que no hay discriminación… ahorita no son el tema, pero son tema, mucho tema).

Donde dice “todas las personas gozarán de los derechos humanos”, ya podríamos esperar que se considere una grave falta contra los derechos humanos de los 120 millones de tenochcas que habitamos aquí, que el gobierno no respete y haga respetar la Constitución y las leyes que de ella emanan. Ya podríamos.

Por otro lado: está muy bien que ahora se tenga conciencia de que la Constitución no excluye a nadie, ni a los delincuentes, que también son personas y tienen derechos, claro que sí. Y entre otras cosas, tienen derecho a no ser maltratados ni torturados.

No es por los derechos humanos que la tortura se prohibió, no, nunca se permitió y se practicó y practica, a escondidas… diario. La tortura es inadmisible, siempre, y todo maltrato o trato denigrante, también, aunque siga siendo algo que sufren muchos millares de presos pobres, de los que poco se ocupa nadie, ni comisiones dedicadas a cuidar los derechos humanos, ni rumbosas y vocingleras ONG’s.

Un “por cierto”: parece prudente pedir que no empiecen con que no dejar dormir de corridito sus ocho horas al Mochaorejas, al Pozolero y al señor don Chapo, es “tortura”… pero ¡qué pesadilla esto de la justicia en México!, ahora los activistas, las comisiones y nuestras autoridades (en casos sonados, porque todos somos iguales pero unos son más iguales que otros), pecan por exceso, después de una larga tradición de pecar por defecto, pero siempre lo mismo, ¡qué trabajo nos cuesta hacer bien justicia!

Más triste es tener que recordar a las comisiones de derechos humanos, ONG’s y desvelados varios, que las víctimas (igual que los delincuentes, no más, pero no menos), también tienen derechos humanos. Sí, fíjese usted que sí: y por eso, las víctimas no pueden quedarse sin que se les haga justicia, porque es una burla inaceptable que la autoridad suelte a un secuestrador, violador, matarife a sueldo, porque no se le respetaron los derechos humanos, porque no le leyeron sus derechos al momento de detenerlo, porque lo detuvieron sin los papeles que ordenaban detenerlo, porque no se siguió el debido proceso. Es una burla.

Pero, fíjese bien: no predica este López que nuestros “polecías” sigan deteniendo a cualquiera a tontas y a locas, ni que los agarren a palos, ni que el juez, en plena cruda le eche 50 años, sin leer el expediente. No. Pero sí que cuando se sabe que el señor es un delincuente, no lo suelten, por más derechos que le hayan pisoteado, que eso es confundir el culo con las témporas (que son un tiempo litúrgico). Al que no le haya respetado sus derechos, que le echen la ley encima, pero al delincuente que no lo suelten. La justicia tiene que prevalecer, las víctimas merecen justicia.

Si se violaron los derechos humanos del detenido y es probadamente un criminal, se puede reponer el proceso, revisar la investigación, pero con sentido común: el respeto al debido proceso, la ortodoxia del proceso, no debe ser coartada para la injusticia ni un nuevo velo para la corrupción, porque ya empezaron… y como siempre hay un detalle.

Me refiero a casos claros como los cuatro secuestradores que en febrero pasado liberó un Juez de Nuevo León, teniendo todas las pruebas de su culpabilidad en el secuestro y asesinato de un señor… porque la policía tardó tres horas en presentarlos ante el Ministerio Público… ¡carajo!... en esto de cumplir y hacer cumplir la ley, de plano no damos una.

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