miércoles, 16 de marzo de 2016

7426. OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE.

Por Arturo Ceja Arellano.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Ojos que no ven, corazón que no siente
         
Amig@s mí@s, cuando no se observan las cosas se vive con total indiferencia. En mis ya casi sesenta años de existencia he tenido la oportunidad de conocer a personas extremadamente solidarias con quienes tienen menos, mucho menos que ellas. He sido testigo de cómo alivian un poquito, aunque sea por un día, la existencia de quienes por cuestiones del destino les ha tocado vivir en situaciones realmente difíciles.
         
Y permítanme mencionar algunos, con el riesgo de que alguien se me escape y quede fuera, pero será sin intención alguna. Mire usted, de mujeres, podría nombrarles a: María Eugenia Méndez Dávalos, nuestra popular “Kena”, quien aun cuando ya no es diputada sigue ayudando a quienes van en busca de ella.
         
Por esa razón, el Padre Capiz, en la capilla de San Antonio, le acaba de organizar un sencillo, pero merecido homenaje. Fue un agradecimiento porque, como diputada local les ayudó para colocar el adoquín del atrio. Feligreses se hicieron presentes para estrechar la mano de Kena.
         
Martha Ramírez Bravo, es otra mujer que cada mañana lleva desayunos  a personas que hasta pernoctan en los pasillos del Hospital Regional. ¿Quién más lo hace? Ella no ha sido diputada, pero sí ha destacado en su partido, donde lleva las riendas de manera provisional del Comité Municipal.
         
José Luis Pérez Bautista, es un hombre de trabajo, sin opulencias, pero sí con mucho corazón y voluntad de ayudar a quienes le solicitan apoyo. Un tiempo hizo mancuerna con Armando Villanueva en el partido en que se encontraban.
         
En Jacona, puedo hablar de Antonio Chávez Cacho. Sin él, su partido no es nada, pues nadie le entra a tomar los cuernos del toro como lo hace él, no obstante a que ha sido severamente castigado por la ingratitud, por quienes se olvidan que un día les fue liberada la presión de no llevar sustento diario a sus hogares.
         
Allí mismo, puedo decir lo mismo de los hermanos Manuel y Antonio Sámano Ochoa, quienes son “gente” con sus empleados. Los tratan como trabajadores con derechos, siempre y cuando respondan a las exigencias de la industria o de los cultivos.
         
También tienden la mano cuando les es solicitado apoyo, no solamente por los más necesitados, sino también por las autoridades en turno.
         
Ya se nos fueron, Ramón Estrada Villanueva y Rogelio Torres González, quienes “se quitaban la camisa por un buen amigo”, por el más necesitado. Que el Todopoderoso los tenga en un buen lugar.
         
El licenciado Fidel Martínez Acevedo, es otro zamorense que apoya, pero éste lo hace a quienes poseen valores artísticos, educativos y culturales, a quienes luchan contra todo por superarse; a quienes desean salir de la mediocridad, lo que también la sociedad debe reconocer.
         
El C.P. Jesús Fernández Arias, es un hombre que ha vivido en el nivel medio, que sabe de sufrimientos; sin embargo, siempre ha sido uno de los personajes más sencillos y de los que están siempre con quienes más urgidos están de sobrevivir de manera digna.
         
Y, mire usted, hoy tengo la oportunidad de presenciar a cada rato, el gran sentido de solidaridad que posee el alcalde Rubén Cabrera Ramírez, quien ha centralizado su trabajo en un ochenta por ciento si no es que más, en las colonias más apartadas, en las más olvidadas, en las más vulnerables, donde está aplicando el trabajo que no se ve, razón por la que no motiva a los corazones de quienes no se han percatado de tal labor. No ha trabajado en las obras de relumbrón, pero no las ha descartado, pues sigue tocando puertas para lograr la Clínica-Hospital del IMSS, que beneficiará a trabajadores y patrones, pues los primeros dejarían de cruzar Jacona y Zamora para llegar a su consultorio en Romero de Torres.
         
El alcalde Rubén Cabrera es un hombre bonachón, de muchos sentimientos; y no en pocas ocasiones lo he visto sacar dinero de su bolsillo para entregarlo a mujeres, hombres y niños que lo necesitan. Se despoja de lo que es suyo para ayudarlos.
         
No deja de soñar en las grandes obras, aunque le quitan el sueño las pequeñas; las casitas de material para suplir a las construidas con láminas como bardas y plásticos como techo.
         
Pero mire usted, en éste mundo hay quienes jamás en su vida han sentido en sus tripas la angustia de ver llorar a sus hijos por hambre; mientras que a otros, es más fácil sacarle un pedo al Caballo de Troya que, algo a ellos.
         
Hubiera deseado que la lista fuera interminable, que no me hubieran alcanzado las páginas de El Diario de Zamora para nombrarlos y gritarlo a los cuatro vientos, pero lamentablemente la solidaridad es uno de los valores que también ha ido perdiendo la sociedad, empezando con quienes poseen un poder sobre los demás. ¡Felicidades pues! 

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