miércoles, 16 de marzo de 2016

7427. EL PERRO PERSIGUE SU PROPIA COLA.




Enviado por SINEMBARGO.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Alejandro Páez Varela.
Marzo 14, 2016 - 00:05 hrs.

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Fila de votantes. Foto: Cuartoscuro

Es una frase conocida que “los mexicanos tenemos una excusa para todo”. Y es una frase cierta, que bien se puede complementar con otra: la que dice que los mexicanos “le echamos siempre la culpa a alguien más” por nuestras desgracias.

Durante décadas hemos culpado a los gringos por nuestro destino miserable, por ejemplo. Y es una idea que tiene tramos de verdad, pero que no nos permite ver con honestidad que los millones de mexicanos que no tuvieron opciones acá la tuvieron allá, en Estados Unidos, aunque sea en empleos pobres y en condiciones lamentables. Sin esa economía como válvula de escape, quién sabe cómo habría sido la explosión de la olla de presión aquí, donde millones siguen en pobreza extrema y no tienen qué llevarse a la boca.

Maldecimos a los gringos por nuestro destino y eso no nos deja aceptar nuestra estupidez histórica. Aquellos son ciertamente abusones e hijos de la tiznada, pero, ¿qué imperio no lo es? Es más fácil culpar a los gringos por la pérdida del territorio y la explotación –más ejemplos– que aceptar que los políticos mexicanos han vendido estas tierras como baratija sin ninguna traba, sin necesidad siquiera de dar explicación a la gente.

Me pregunto –sigo con ejemplos– a quién le echaremos la culpa por el fracaso de Petróleos Mexicanos (Pemex), demolido en nuestras narices en los últimos pocos años. ¿A los gringos? Me pregunto además a quién culparemos, cuando la televisión abierta ya no esté o tenga una influencia mínima, por “la estupidización” de los pobrecitos ciudadanos que siguen votando por el PRI. Esos ojetes de Televisa y TV Azteca, decimos, inducen el voto al PRI y sí, esas y otras cadenas operan a favor de los poderes en turno: ahora le sirven tranquilamente a Miguel Ángel Mancera y apoyaron las presidencias de Vicente Fox y de Felipe Calderón.

Sospecho, sin embargo, que desde hace años un grupo que se hace mayoritario en las urnas vota por el partido que le conviene y por los políticos que le parece, así, a secas. Y si las cosas salen mal, como casi siempre pasa, simplemente culpan a alguien más.

Pienso que esos que se hacen mayoría en las urnas y mantienen al PRI en Coahuila desde hace más de 80 años son como hermanos Moreira y se identifican con los ellos. Y las mayorías de veracruzanos que votan por el PRI desde hace más de 80 años son como Javier Duarte de Ochoa y se identifican con él. Y las mayorías de tamaulipecos que hicieron a los últimos gobernadores –todos vinculados al narco– son iguales a ellos y son, al menos, sus simpatizantes.

Esas mayorías de votantes mexiquenses que no han permitido la transición en Edomex son como Eruviel Ávila o como Enrique Peña Nieto, así como las mayorías que sostienen al PRI en Hidalgo y votaron por Miguel Ángel Osorio Chong simpatizaron con él y le dieron su voto.

Creo que esas mayorías de votantes que deciden por el resto de nosotros son como sus políticos, y acuden a las urnas y votan por ellos convencidos. Es una decisión de ellos mantenerlos en el poder. Decimos que la culpa es de alguien más, que la tele los hace viciosos, que los Frutsi y las tortas. La realidad, creo yo, es que en Coahuila, Veracruz, Estado de México o Hidalgo, como otros estados que no han votado por un partido distinto al PRI en casi 90 años, están a gusto con sus políticos y se identifican con ellos o son como ellos.

Las mayorías de votantes que sostienen al PRI (ojo: no hablo de mayorías absolutas sino mayorías proporcionales de votantes) están a gusto con su partido. Y si los inconformes con el PRI no hacen (o hacemos) mayoría, es por su (nuestra) propia culpa. Las colas de votantes no se explican el día de la elección con una torta y un refresco. Esas colas se explican en el goteo permanente, en un trabajo diario que construye bases de gente convencida. Sí: convencida. Para mal, si usted quiere, pero convencida.

Los mexicanos deberíamos suspender la “búsqueda de los culpables” de nuestras desgracias porque somos el perro que se persigue la cola: los culpables están frente a nosotros, en el espejo.

Digo esto porque leí hace poco que los ataques racistas de Donald Trump contra los mexicanos echará a los ciudadanos de México a los brazos de su gobierno; que nadie podrá escatimarle el apoyo a la administración Peña cuando deba responderle, si gana, al gringo cara de piña.

Pero no creo, como algunos dicen, que eso se transformará en un apoyo al PRI o al menos en un apoyo definitorio. Peña Nieto tenía los peores niveles de aprobación de cualquier Presidente en la historia y aún así ganó su partido en las pasadas elecciones. Quiero decir que el PRI es una máquina de votos que trabaja día y noche y esa base no está dormida: va y vota PRI y casi siempre es mayoría, desde hace 90 años en varios estados mexicanos.

El PRI es un partido con votos y la oposición es fácilmente divisible, corrompible y manipulable. Y esa composición le da triunfos con mayorías (ridículas, pero mayorías al fin). Así que no le echemos la culpa a alguien más por nuestras desgracias. El culpable del México que tenemos no está afuera sino adentro, y más cerca de lo que creemos. Y el que dude, que vea un espejo.

Periodista, escritor.

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