jueves, 17 de marzo de 2016

7428. SOMOS COMO SOMOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Somos como somos.
Allá en Toluca vivían juntas dos hermanas solteronas, tías de este menda de la generación de la dama de hierro (mi madre, bohemios), de las que se decía que de jóvenes fueron entre atractivas y bonitas, cosa de la que no da fe su texto servidor. Lo que sí era cierto era que bailaban mejor que Ginger Rogers, cocinaban como monjas poblanas, cantaban a dúo tocando guitarra como para sacarlas en televisión y si contaban un chiste acababa uno con dolor de panza. Con tantas prendas, ¿por qué se quedaron para vestir santos? (como se decía en aquellos tiempos de la doncella que no “conoció” varón)… ¿por qué? La explicación la daba la abuela Virgen, que las conoció desde chiquitas: les gustaba siempre el mismo muchacho (y luego, el mismo señor), y competían entre ellas, coqueteaban en simultáneo, se saboteaban una a otra y asustaban a los pretendientes que huían como migrante de Trump: -Se los dijimos mucho, hijito, primero que “salga” una y luego la otra -explicaba la abuela-, pero no hacían caso y se “quedaron” las dos -sí, triste caso.

Siempre se refiere el del teclado a la hoy pomposa Ciudad de México (CdMx, ya no DF), como la ciudad en la que se ve lo que se respira… ya ven que tiene uno algo de razón: desde el lunes pasado y hasta el momento en que se escribe esto, la CdMx está en emergencia ambiental (“Fase de contingencia por ozono”, pues a todo le encuentran denominación que parezca muy técnica, porque se oye refeo nomás decir que el aire está irrespirable, lleno de caca seca -¡oh, sí!, “partículas sólidas suspendidas”-, y humo).

Se entera uno que existe una cosa llamada “Comisión Ambiental de la Megalópolis” (CAMe), presentada al respetable como un “modelo de gobernanza regional”, cuyo Convenio de Coordinación publicó el Diario Oficial de la Federación, porque la cosa es seria, el 3 de octubre de 2013, aunque estaba firmado desde el 23 de agosto de ese año.

En la CAMe participan el gobierno federal y los de la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala, para llevar a cabo, entre otras acciones, la planeación y ejecución de acciones en materia de protección al ambiente, de preservación y restauración del equilibrio ecológico. Prometiendo empezar un “proceso de planeación con una perspectiva al 2030 (…) que busque bajo un enfoque transversal, coordinar la política ambiental a escala regional y metropolitana, y ser un modelo de gobernanza ambiental y una plataforma multiactor (…)”

¡Ay, qué retebonito hablan!... gobernanza regional, perspectiva, gobernanza ambiental, enfoque transversal, plataforma multiactor… si se nota que saben harto.

¿Sí?... pues no, es puro rollo, choro, babas. Aparentar y firmar papeles sin ninguna conexión con la realidad.

Ya cuando la gente no veía la banqueta y le chillaban los ojos, declararon la alerta ambiental… y apretaron el “no circula”, para sacar de la calle a por ahí de un millón cien mil vehículos (dicen), que suena a muchos hasta que se entera uno que son cerca de 7 millones de vehículos los registrados en la CdMx (Inegi dixit), más los centenares de miles que entran y salen diario o circulan constantemente con placas de las zonas conurbadas (más la industria más grande del país, más la refinería de Tula). Sin embargo, se supone que cerca del 90% de la contaminación proviene de los vehículos automotores.

Y se pregunta uno que no sabe de estas cosas: ¿no están verificados?, ¿no se supone que no contaminan?... puro cuento, como en casi todo.

Por eso, porque está consciente de que vive del cuento, don Mancera, el promotor de la bicicleta y Jefe de Gobierno de la CdMx, quien pretende ser candidato a la presidencia de la república en 2018, puso el grito en el cielo y le echó la culpa al Estado de México. Actitud muy propia de chamaco de cuarto de Primaria, no de un estadista con toda la barba que desea dirigir el destino de la nación.

Y por lo mismo, porque también quiere ser candidato a la presidencia de la república, don Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México dijo que nones y por lo pronto le cerró los tiraderos de basura a don Mancera, que a ver dónde pone ocho mil toneladas diarias de basura que tiraba diario en territorio de don Ávila. ¡Chulada de pelados!

Lo que sí deberían pensar en la fantástica capital del país (fantástica desde que se llama Ciudad de México y ya no es Distrito Federal, cosa maravillosa que no ha sabido agradecer la ciudadanía a don Mancera), es que con los cálculos del Inegi, para el año 2021 (a la vuelta de esquina), en la CdMx van a circular entre 13 y 14 millones de vehículos (¡feeelicidad…!, canta el Pirulí desde el Cielo).

En la capital del país y en el Estado de México, los titulares del poder ejecutivo no trabajan para la ciudadanía, sino para sus proyectos personales. Son ajonjolí de todos los moles, viven haciendo los simpáticos y pierden el tiempo en inaugurar un bache arreglado y mandar tuiters por babosadas. Exactamente igual que en los otros estados en que sin origen conocido, les dio la misma enfermedad a sus gobernadores (síndrome “Coniferae Pinaceae Vividoris”), y lejos de ponerse a trabajar en aquello para lo que se comprometieron, se dedican a todo lo que creen que los hace los “adelitos” nacionales, muy populares.

Todo eso por un lado y por el otro: la ahora llamada CdMx, es realmente la ZMVM (Zona Metropolitana del Valle de México), la suma de la Ciudad de México más 59 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo… 22 millones de alegres tenochcas (Inegi, 2010) ¿qué hacen?... ¿nomás esperan a que les resuelvan los problemas que básicamente, ellos provocan?

De acuerdo: el gobierno es una birria… pero sin ciudadanía está un poco difícil hacer bien las cosas. Parece a ratos, que de plano no entendemos, ¿o quién da mordida para aprobar la verificación del coche?... ¿o quién vive dejando hacer -y dejar de hacer- a sus gobernantes?

Piense nomás en qué es capaz de hacer esa cantidad de millones de personas.

Sabe qué…estamos como estamos porque somos como somos.

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