jueves, 17 de marzo de 2016

7431. VIOLENCIA SIN FIN.

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Violencia sin fin
           
Jamás me hubiese imaginado vivir una época en la que, a diario la cereza del pastel es el homicidio, el asesinato vil, en plena luz del día, en pleno centro de la ciudad, en lugares públicos, como resultado de la pérdida de valores en el humano, en el “ser racional”; tal vez porque ahora matar sea uno de los “trabajos” más fácil de realizar.
           
El desempleo es un factor que provoca que el sumarse a grupos delictivos sea más atractivo para algunos, principalmente para quienes se les cierran las puertas para encontrar empleo, aunque vaya de por medio la misma pérdida de su vida, o su captura para el posterior encarcelamiento. Es precisamente la falta de trabajo la que desespera al más pintado, razón por la que aceptan lo que se les ofrece.
           
Por eso se ha incrementado el robo de motocicletas, pues a bordo de ellos ejecutan los abominables y horrendos homicidios, para luego abandonarlas o esconderlas.
           
Y por eso también se han incrementado los retenes donde los agentes policíacos decomisan decenas de “bípedos”, porque sus conductores no portan casco protector en la cabeza, no traen consigo la tarjeta de circulación, ni la licencia de motociclista. Solamente por eso les recogen la unidad.
           
Por cierto, los motociclistas no respetan la luz roja en el semáforo, como tampoco respetan el “uno y uno” en las esquinas, además de que rebasan por la derecha aunque esté próxima la esquina donde dará vuelta el coche o la camioneta que va delante de ellos.
           
Solamente por eso es que casi a diario aparece en los periódicos la noticia sobre motociclistas arrollados, con la consecuencia lógica de lesiones que en muchas veces les causan la muerte y en otras los dejan lisiados,
           
Oiga usted, cómo es posible que nos pongan como jefes policíacos a auténticos delincuentes. Entonces ¿cómo es que nos van a defender de la delincuencia, si son ellos los principales enemigos de la sociedad que gobiernan? El ejemplo más reciente el de José Luis Caraveo Basaldúa, o el del Tienda, ambos casos en Zamora.
           
En el Cabildo de Jacona se reconoció el heroísmo del comandante Jorge Danireli Villaseñor Valdovinos, quien enfrentó a dos delincuentes, recibiendo tres disparos de arma de fuego a quema ropa, en su estómago; lesiones de las que, por fortuna, todo hace suponer que sobrevivirá.
           
Sin lugar a dudas, un empleo difícil, incomprensible e ingrato, la del policía. Chueco o derecho, su vida está en riesgo todos los días; mientras que la sociedad, cada día más indiferente, adquiere los periódicos o ve la noticias, solamente para conocer a “quién le tocó” en la página roja o policíaca.
           
La iglesia católica, la que más feligreses reúne, empieza ya a cambiar su rostro, más positivo, hacia una sociedad cada día más necesitada de buen trato; más necesitada de cariño, amor y amistad.
           
El Seminario Mayor de Zamora, asentado en Jacona, ya convocó a la sociedad para deleitarse con el programa de su Semana Cultural. Eso es grato, sin lugar a dudas.

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