viernes, 18 de marzo de 2016

7435. EL ALMA DEL PUEBLO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El alma del Pueblo.

El poder y la fuerza son diferentes, la fuerza es coercitiva, es violenta, es doctrinaria y necesita un móvil, una causa, un punto de apoyo; ejemplos de la fuerza son el ejército, las armas, la ley. El poder es silencioso, invisible, no requiere móviles ni argumentos, no necesita puntos de apoyo, el poder es energía espiritual.
                                                        


El alma del pueblo es poderosa, si prevalece los pueblos se harán poderosos, si se pierde, los pueblos se perderán. Por eso los conquistadores primero que nada arrasaron con las manifestaciones más poderosas de los pueblos mexicanos, de sus almas: sus lenguas o idiomas, sus códices, sus templos. Un slogan de nuestro Estado dice que Michoacán es el alma de México porque en nuestro Estado se conservan vivas comunidades indígenas originarias principalmente la cultura purhépecha.

Pero al interior de esas culturas se vive la tensión que genera la lucha entre el poder de la tradición contra la fuerza del posmodernismo neoliberal, las lenguas originarias están en riesgo y los jóvenes se alejan cada vez más de sus raíces por el impacto brutal de los medios masivos de difusión, afortunadamente aumenta la tendencia de los pueblos a rescatar formas de vida propias como sus formas de gobierno.

Esa es el alma de nuestro pueblo que se expresa en nuestras tradiciones paganas, religiosas, en nuestra forma de ver el mundo y en la forma en la que nos gobernamos y tomamos decisiones, en asamblea, con la participación de todas y todos los ciudadanos que son los que deciden el rumbo a seguir.

El alma de México está en sus pueblos, porque no somos un solo pueblo sino muchos pueblos con nuestra variedad de formas de expresarnos y nuestras distintas formas de pensar. Tenemos en común el deseo de trabajar, de progresar, de convivir en paz, pero las fuerzas que ayer impusieron su religión, sus armas y su perversión siguen vivas y actuando. El alma de México formada por las almas colectivas de muchos pueblos está en peligro. Nunca como ahora se enfrentan los pueblos originarios a la amenaza de la extinción, los corporativos y sus incondicionales en los gobiernos en complicidad imponen proyectos de explotación de los recursos naturales, la tierra y sus recursos minerales es explotada sin compasión, el agua se derrocha y se pone a disposición de los corporativos y se despoja de ellas a los pueblos, la minería contamina ríos, tierras y el aire, y por supuesto, a las personas, a los seres vivos de esas comunidades que pierden sus recursos naturales y además se enferman.

A los males de ese sistema, se agregan la pérdida de la dignidad humana del pueblo, de gran parte de pueblo, esta es la base, el origen de muchos problemas. Perdimos el rumbo y sólo trabajando por crear conciencia sobre nuestros valores y la necesidad de ponerlos en práctica,  podremos rescatar nuestro espíritu.

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