martes, 22 de marzo de 2016

7451. SENTIMIENTOS ENCONTRADOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Sentimientos encontrados.
Supone López que a usted no importa que el del teclado sufra aversión por las reconciliaciones, pero es que, supone López, usted no se pasó la infancia y primera juventud viendo a sus papás entre pleitos epopéyicos, separaciones intempestivas y reconciliaciones inesperadas, cuando sin previo aviso aparecía papá en el desayuno, seguido por mamá, en bata, con una inexplicable sonrisa bobalicona y la mirada rara (síntomas de lo que ya luego fue entendiendo este menda). Daba gusto que se arreglaran pero también mucho coraje que lo hicieran a uno pasar el trago gordo de sus agarrones públicos seguidos de sus hidráulicas reconciliaciones privadas. Sentimientos encontrados.

Se lo digo porque esto del restablecimiento de las relaciones Cuba-EUA y la visita en curso de don Obama a la isla emperatriz del Caribe, da gusto… pero da coraje.

Da gusto que el renegrido tío Sam le levante el castigo al pueblo cubano, porque sin su infinitamente estúpida y agresiva política imperial contra Cuba, ni hubieran durado tanto los Castro, ni hubiera sufrido tanto la gente. Pero da coraje que Cuba festine el reconocimiento de su real enemigo bajo sus condiciones y en sus términos. Da mucho coraje.

Y advierto a los honorables integrantes del peladaje común al que orgullosamente pertenece este López, que al junta palabras le sigue pareciendo que todas las travesuras que le hizo Fidel al tío Sam son de aplauso y diana, pues a fin de cuentas son el simbólico rescate de la inexistente dignidad latinoamericana frente a un país que ha abusado y machacado -abusa y machaca-, al subcontinente entero, a ciencia y paciencia de sus gobernantes, con sus excepciones poco duraderas, por cierto.   

Es una sensación rara: por un lado, ¡ya era hora!; por el otro, ¿por qué ahora?

Sí, ¿por qué cuando falta tan poco para que mueran los Castro, regalarles su aparente triunfo? Y también, al mismo tiempo, ¿por qué después de resistir tanto, acabar aceptando doblarse ante el imperio haciendo una parodia de ellos mismos, mostrando su decrepitud?

O sea: al olvido que la razón directa de la revolución castrista fue la infame dictadura del sargento ascendido a general, Fulgencio Batista, apoyado por el gobierno de los EUA (ahí se busca los comunicados del  embajador Sumner Welles), al que alentaron a dar dos golpes de estado; al olvido también que Washington ordenó a Batista en mayo de 1955, crear el Buró de Represión de las Actividades Comunistas; al olvido que el embajador yanqui, Arthur Gardner decía, “dudo de que hayamos tenido mejor amigo que él (Batista)”, recomendando “apoyar al actual gobierno -el de Batista-, y promover la expansión de los intereses económicos estadounidenses”.

Todo al olvido, también los dos intentos de invasión ordenados por la Casa Blanca, el primero desde República Dominicana en agosto de 1959 (Legión Anticomunista del Caribe organizada por el dictador Leónidas Trujillo), y el segundo en abril de 1961, la de Bahía de Cochinos, organizado por Eisenhower y ejecutado por Kennedy; al olvido los intentos de asesinar a Fidel. Al olvido la Ley Torricelli, 1992. y la Helms-Burton, 1996.

Todo quede atrás, hagamos política, seamos maduros. Los tiempos cambian. Aquí se rompió una taza y cada quien para su casa.

Al olvido también las barbaridades castristas, la Comisión Depuradora, a cargo del Che Guevara (¡oh, sí!, lo siento), que fusiló a 550 entre amigos del régimen de Batista y enemigos del nuevo régimen; cosa que él mismo aceptó ante la Asamblea General de la ONU (diciembre 11 de 1964): “(…) es una verdad conocida (…) fusilamos y seguiremos fusilando (…) tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba”. Lindo.

Al olvido que el viejecito mofletudo de ojos sonrientes, el Raulito Castro, es un asesino al que Fidel mismo le paró el alto y (dicho por Fidel a Celia Sánchez, su muy cercana amiga y colaboradora), Raúl le contestó: -“Fidel, no te preocupes no correrá más sangre, de ahora en adelante ahorco a los enemigos”. ¡Ah, que don Raulito!, al que le achacan otros 200 muertos desde que tiene el poder, interinamente desde 2006, con nombramiento desde 2011.

El mismo Raulito que en 1968 le montó un juicio a la vieja dirigencia del Partido Socialista Popular, por un supuesto complot y como la cosa olía a otra comalada de asesinatos, Fidel personalmente fue a arreglar la cosa y ya no hubo muertos.

Todo al olvido, al olvido la censura absoluta, ni mencionar que antes de los Castro en Cuba había 160 estaciones de radio, 58 periódicos y 28 canales de televisión libres, y ahora no hay nada fuera de los medios del gobierno, nada. Basta de rencores, seamos maduros, es mejor un mal arreglo.

Y este señor Raulito, es el que ayer le dijo a Obama “defendemos el arte de la convivencia”; este señor es el que ayer respondió muy socarrón a un periodista delante de Obama: “Dame la lista ahora mismo de los presos políticos para soltarlos” (él sabrá, a lo mejor todos ya están muertos). Este señor es el que declaró ayer defender los derechos humanos. Este señor es un cínico, igual que Fidel, con algunas diferencias, grandes (y me sigue cayendo bien Fidel nomás por haberle pisoteado los callos al tío Sam 57 años seguidos).

En fin, es un agridulce. Da gusto que finalmente el gran patán de la historia universal, el gobierno yanqui en todas sus presentaciones, no haya doblado a un diminuto país que armado sólo con su valor y comiendo dignidad resistió contra toda esperanza, da gusto. Sí señor. Pero da coraje que ahora resulte que todas las barbajanadas que se cometieron en nombre de la revolución en Cuba, contra los cubanos, sean pelillos a la mar. ¡Viva la concordia!, ¡viva, viva!, pero y ¿tanto preso?, ¿tanto  fusilado?, ¿tantas confiscaciones?, ¿tantos años atrapados en su país los que querían salir?, ¿y tanto atropello?, ¿y tanta familia desecha?... ¿eso, qué?... ¿perdón y olvido?... ¿no habrá reparación?, ¿cada quién con su golpe?


Ni modo, hay cosas que dan sentimientos encontrados.

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