miércoles, 23 de marzo de 2016

7457. INFAMIA POR INFAMIA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Infamia por infamia.
Un nuevo ataque terrorista acaparó ayer la atención mundial (… bueno, eso parece, quién sabe, el mundo es poco más grande de lo que piensa la CNN). En esta ocasión y tan injustificable como todas las otras, explosiones en Bruselas, Bélgica, mataron a 34, hirieron a 200, todos gente común, en acciones que el Estado Islámico reclama como propias. Muy mal.

Muy mal el terrorismo y peor que no se ve para cuándo pueda ser erradicado.

Todos los países lamentan los hechos; Europa y los EUA lideran la reprobación, ofrecen medidas de seguridad más estrictas y la más severa persecución de los culpables; ojalá.

El presidente Obama, desde la Habana se pronunció: “Debemos estar juntos, independientemente de la nacionalidad, la raza o la fe, en la lucha contra el flagelo del terrorismo. Podemos y vamos a derrotar a quienes amenazan la protección y seguridad de las personas de todo el mundo”. Sí.

Pareciera en medio de este clamor por justicia y repudio al terrorismo, que el mundo estuviera dividido en dos bandos: uno, de los buenos que predican el entendimiento y la concordia; el otro, el de los locos fanáticos de una religión de asesinos. No es así.

En lo que está dividido el mundo es en, por un lado, los países poderosos  económica y militarmente (todos bajo los calzones del tío Sam), que mangonean al planeta; y por el otro, los países que capotean como mejor pueden este nuevo imperio global del capital soportado por el aparato de estado y en última instancia, la maquinaria militar del país de origen de cada uno de sus integrantes.

Los infames criminales del Estado Islámico no surgieron de la nada, los EUA (don Obama, tome nota), los EUA los causaron al invadir estúpidamente a Irak en marzo de 2003, por decisión de George Bush, quien sostuvo que Irak tenía armas de destrucción masiva y vínculos con el terrorismo internacional, falsas ambas cosas.

El Estado Islámico nació para luchar por la liberación de Irak, país invadido y masacrado por los EUA “no por las razones expresadas públicamente relativas a las supuestas armas de destrucción masiva y acabar con las supuesta relación entre el gobierno baasí iraquí y la organización guerrillera Al Qaeda”; (sino) para controlar las reservas de petróleo y evitar que la Unión Europea o potencias emergentes como China e India se acercaran a esas gigantescas reservas de petróleo” (Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal yanqui en el gobierno de Bush; Memorias, 2007).

Lo cierto es que la decisión de Bush costó entre 30 mil y 45 mil vidas de iraquíes. Los terroristas no tienen justificación posible, los EUA tampoco. No deja de ser asesinato porque se muera a manos de soldados uniformados. En todo caso es terrorismo institucional, institucionalizado.

Bajo la amenaza real y presente del terrorismo están, aparte de los EUA, varios países de Europa que justificadamente reprueban los ciegos actos asesinos de los fundamentalistas.

Bélgica acaba de recibir un golpe terrible, hará, con todo derecho, todo lo posible para cobrar la afrenta.

El Congo, en África, es un país más grande en extensión que México; en 1885 fue invadido por el rey Leopoldo II de Bélgica, quien lo explotó como propiedad privada hasta 1909. La esclavitud impuesta a la población, las matanzas y torturas fueron horror mundial. Se calcula que durante el régimen colonial belga fueron asesinados entre 10 y 15 millones de congoleños, se dice fácil. Eso provocó una inmensa presión internacional que obligó al pinche Polo a entregar el Congo a su país, que lo siguió explotando hasta 1960 (hasta 1950 tenían a la población sujeta a trabajos forzados y la esperanza de vida era de 40 años; de ese calibre). Cuando le concedió la independencia, puso como condición que asumiera la deuda externa de Bélgica (!). El Congo nació endeudado. Ya independientes, el 24 de junio de 1960 eligieron como primer ministro a Patricio Lumumba; de inmediato, Bélgica indujo el movimiento separatista de Katanga y luego, el 14 de septiembre de 1960, con apoyo de la CIA dieron un golpe de estado y lo ejecutaron el 17 de enero de 1961. EUA impuso y apoyó hasta 1961 al brutal dictador Mobutu. No son pecados del tiempo sino de este tiempo. No hay derecho al olvido.

Es injustificable lo sucedido en Bélgica; igual y mucho peor que lo sucedido en el Congo. No se trata de sostener que están pagando los belgas de hoy las atrocidades de sus abuelos. No. La lógica bíblica no debe imponerse. Pero nadie recuerda los lagos de lágrimas y sangre que cimentaron el progreso de naciones que ahora son dueñas de la ética pública; ahora para Europa y los EUA, es increíble que de la nada aparezcan unos desequilibrados asesinos… no señores, ha corrido mucha agua bajo esos puentes. Sorpréndase, no están exentos de cosechar tempestades.

Bélgica detendrá y aplicará con todo rigor sus leyes a esos criminales, pero el mundo espera que ellos y la Gran Bretaña, Francia, Italia, España, Alemania, Holanda y los EUA, muestren algún arrepentimiento por haber masacrado países y continentes, que se reivindique la memoria de todos los líderes que torturaron y ejecutaron, que reparen así sea tardíamente algo del muchísimo mal que hicieron; que dejen su postura de paladines y mentores de los derechos humanos, la legalidad y la igualdad, siendo como son, protagonistas de algunos de los capítulos más fétidos de la historia.

Europa y los EUA sufren la embestida criminal de un puñado de fanáticos a los que les regalaron causa y motivo. Triste.

Un convenenciero discurso de defensa de los derechos humanos y concordia global (bajo sus condiciones comerciales), siguió sin transición a los inmensos pecados históricos de los EUA y esos países de Europa. Pecados no tan lejanos, nada lejanos, Guantánamo ahí está, ahí sigue, con presos no acusados de ningún delito, sospechosos de ser terroristas o combatientes islamitas, sin juicio, sin sentencia, padeciendo las torturas aprobadas legalmente por el gobierno de Bush.


Triste historia humana: infamia por infamia.

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