miércoles, 23 de marzo de 2016

7458. EL MANGLAR TAJAMAR DE CANCÚN.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ALVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

TERCERA PARTE

El papel de los manglares es muy importante, económica y ecológicamente, como recurso natural y como protección del ambiente, y ambos aspectos no pueden separarse sin perjuicio para la zona. La madera del mangle es una fuente de leña, postes y material para techar. La formación boscosa del manglar contribuye a la cadena alimentaria marina porque produce detritos--- son residuos, generalmente sólidos permanentes, que provienen de la descomposición de fuentes orgánicas vegetales y animales---, y varias especies de animales marinos de importancia comercial pasan al menos parte de su ciclo vital en ellos. Por eso los manglares no deben considerarse solamente como bosques, sino también como productores de alimentos en forma de cangrejos, peces y camarones, muchos de los cuales terminan por ser capturados lejos de los manglares, lo que plantea problemas especiales de ordenación de tierras.

No siempre se reconoce todo el valor de los manglares, y con frecuencia se descuida su ordenación. La tala indiscriminada para obtener leña puede reducir la vegetación a un matorral abierto, que con el tiempo dará lugar a otras formas de uso de la tierra. Al principio esto puede parecer ventajoso desde el punto de vista económico, pero cuando se toman en consideración todos los aspectos socioeconómicos y ambientales, el panorama varía.

Después de haber conocido lo que es un manglar y la importancia que tiene, ahora vamos a lo sucedido en la ciudad de Cancún en que el manglar Tajamar fue destruido en su totalidad.

Los gobernantes del municipio Benito Juárez al que pertenece Cancún, tienen la obligación de proteger el Medio Ambiente como lo marca la Ley Orgánica Municipal, en ningún lado dice que pueden autorizar la afectación a la casa que es de todos. Pero también leyes estatales y federales marcan el cuidado de nuestro medio ambiente.

Al amparo de la oscuridad, la madrugada del sábado 16 de enero, un centenar de camiones de material, retroexcavadoras y maquinaria pesada, entró para desmontar 22 hectáreas de 78.4, de manglares, selva y sabana, sepultando vivos a los animales que habitaban en el lugar. Son chintocladas.

En dos días acabaron con la vegetación y los humedales, que fueron talados, pero no rellenados. Por eso la gente tiene esperanza de que se cancelen los permisos y los proyectos planeados ahí —cinco mil 096 unidades de alojamiento, dos mil 607 residencias, plazas comerciales, un hotel y una basílica— y de que el predio sea rescatado, reforestado y expropiada la tierra a favor de la nación, en esto el presidente Lic. Enrique Peña Nieto, tiene la palabra, debe actuar en bien del medio ambiente como lo debe hacer en la protección de bosques, lagos, tierras agrícolas y en todo aquello que sea benéfico para el ser humano.

Caminar por la rambla central de casi un kilómetro, que lleva de la avenida Bonampak hasta el fondo del Malecón Tajamar, frente a los mil 053 metros lineales cercanos a la Laguna Nichupté, es diametralmente distinto a lo que fue antes de la madrugada del 16 de enero pasado.       


Continuará.

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