lunes, 28 de marzo de 2016

7467. PAGAR EL CHISTECITO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pagar el chistecito.
Ya desde muy chiquito, a este López sus papás le tenían prohibido platicar más allá del mínimo indispensable con su primo Daniel, ese que usted sabe, el que tenía cociente de inteligencia de molusco. La razón no era que hablara de cochinadas, pues siempre fue muy correcto, sino porque tenían la idea de que “eso” (lo tonto), se pegaba… y algo de razón tenían. Converse usted media hora diaria con un baboso y se descubrirá antes de un mes, diciendo babosadas. Comprobado.

La altísima concentración de tonterías en prensa de estos días, sin embargo, obedece a otra razón: nuestra clase política hiberna durante la Semana Santa (y no por santas razones, sino como consecuencia lógica de poder vacacionar a costillas del peladaje, que para eso reciben su prima vacacional, aparte de lo que pepenan con -dicen-, corruptelas varias, dicen, vaya usted a saber si es cierto).

Así es que se encuentra uno con la noticia en la prensa de circulación nacional, de que el domingo tantos más cuántos automóviles regresaban a la Ciudad de México y reportan el aforo de vehículos de las principales carreteras, como si de verdad a nadie le importara un cuerno semejante cosa (lo que sería noticia sería que los vacacionistas no regresaran o que se esfumaran durante el trayecto; que regresen no es novedad ni sorprende ni debería llamar la atención de las salas de redacción, pero… comprenda usted: los gobernantes no han trabajado, la concentración de metidas de pata disminuye y se carece de noticias).

Por lo mismo, por el ayuno de novedades, se encuentra uno viendo el video de la entrevista que la señora del Castillo concedió a la señora Aristegui, sobre el ya carente de todo interés asunto de su visita al Chapo, que pudiera tener alguna relevancia si la señora del Castillo informara al respetable que sí tuvo un encuentro cercano del tercer tipo con el tipo ese y que con esa su candidez de todos conocida, nos informara si nuestra madre natura doto de atributos viriles notables al señorcito que ahora clama por ser extraditado rumbo a los EUA, porque acá de plano no se acomoda en la cárcel y ni dormir a gusto puede.

A eso atribuye el del teclado que haya sido noticia que el distinguido Miguel Ángel Yunes Linares se registró como candidato de la coalición PAN-PRD para gobernador del estado de Veracruz en donde sólo por obra y gracia del Espíritu Santo podría ganar la elección, considerando que no hay veracruzano que no le conozca la catadura, aunque se agradece el fino humor de don Yunes por haber escogido el Domingo de Resurrección para registrarse, porque de veras sería milagro (y otro día menos letárgico podríamos comentar algo acerca de lo que significa una coalición PAN con PRD, que lo menos que manifiesta es la situación real de inexistencia de partidos políticos en México, que ya no se distinguen ni entre ellos, a menos que usted considere que hay alguno que defienda algo a trancas y barrancas, equivocado o no: el pragmatismo es el dogma político de hoy: ¡viva el daltonismo de principios!)

Igual a eso podemos atribuir el esfuerzo de sacarle jugo noticioso al tema de los 43 de Iguala (que son 42, caballeros, son 42, que de uno ya se identificaron plenamente los restos). Porque mientras acá la nota fue que los padres rechazan que puedan aceptar ningún tipo de reparación porque la única que vale para ellos es que se los devuelvan vivos a los 43 (que son 42), nadie menciona que los integrantes del Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI), viajan por otros países ocupados en sus cosas (andan en Colombia, Uganda, Roma, Bruselas y por donde sea, menos en Iguala… qué bonito es lo bonito y qué generoso es nuestro gobierno que al grupo integrado por cinco  personas, paga un millón de dólares por cada semestre de turismo de derechos humanos que se echan en México aunque no estén en México).

Y no crea que este junta palabras anda calumniando a los sagrados integrantes del GIEI, que lo del millón de dólares lo informó la Secretaría de Administración y Finanzas de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y lo de que no están en México, se supo  cuando el 9 de marzo pasado, la diputada Guadalupe Murguía, presidenta de la Comisión Legislativa de la Cámara de Diputados, para este asunto tan doloroso, los citó para que informaran sobre los resultados de sus investigaciones acerca de la desaparición de los 43 normalistas (que son 42), porque, digo, si ya afirmaron que esa atrocidad es un “asunto de Estado” y ya desacreditaron toda la averiguata de la PGR, algo deben saber, supone la diputada, pero su enlace en México, un tal Omar Gómez, le respondió a la diputada: “Pues voy a tratar de comunicarme con los expertos para tratar de conciliar, en el tiempo que estén en México, una reunión coordinando su agenda de trabajo” –o sea, ahí si se dan una vueltecita por acá, les aviso y si tienen tiempo. Va a tratar… chulada.

¿Dónde andan y en qué andan?... pues de algunos algo se sabe: dicen que el chileno Francisco Cox, está en Uganda (con la  Victims’ Foundation, defendiendo a un soldado acusado de secuestrar, violar y matar a miles de personas); que la guatemalteca Claudia Paz y el español Carlos Martín Beristáin, en Bruselas, donde se fueron a quejar ante el Parlamento de la Unión Europea, de que no los han dejado interrogar a los militares (cosa que le surge para hacer su siguiente informe, el segundo, el 30 de abril); y que don Beristáin antes, se aventó un mes en Roma, queriendo ver al papa Francisco, para convencerlo de que la versión de ellos es mejor que revelada por el Espíritu Santo y que por favor, por favorcito les hiciera el caldo gordo… sí, cómo no, con lo novatos que son en Roma.

Pero eso sí: que el gobierno regrese vivos a los 43 es la única respuesta que aceptarán… y son 42. Mientras, el GIEI promueve el descrédito de todo lo que se aparte de su versión, esa que quiere conocer la Cámara de Diputados (y 120 millones de tenochcas, digo, que somos a los que toca pagar el chistecito).

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