martes, 29 de marzo de 2016

7469. CUANDO TODO ES UN BATIDERO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cuando todo es un batidero.
Así es esto, a veces no hay nada interesante que comentar y a veces no sabe uno qué escoger.

Duda el del teclado en tomarla con Fidel Castro, el ancianito retozón (por cierto: nadie le corta las uñas, no sean así, da asco en sus fotos), que ayer publicó en el diario Granma, de su propiedad, que se publica en Cuba (de su propiedad), refiriéndose a la visita de Obama: “No necesitamos que el imperio nos regale nada”… ¡ay, don Fidelito!... si supiera. Para empezar: los yanquis nunca han regalado nada; y para seguirle: ya perdió, en mala  hora y con su plena anuencia (que su hermano, Raúl, no mueve un dedo sin permiso de él). En fin, quiere salvar la facha el desfachatado (ya me empieza a caer menos bien: se debió morir en su ley, sin ceder ni tantito (para lo que le falta a sus 90 abriles), pero… ¡tcht!, así es la vida). Dejemos al gallego.

Otro tema posible es la declaración, también de ayer, en el Senado de la república de un tal Antonio Mazzitelli, representante de la oficina de la ONU contra la Droga y el Delito en México, quien proclamó “urbi et urbi” (de la CdMx no pasa), que “la guerra contra las drogas declarada hace 35 años se ha acabado, hoy tiene que acabarse sobre todo en determinadas circunstancias y perspectivas”… mmm, “en determinadas circunstancias y perspectivas”; o sea: el señorcito sabe que la ONU va a hacer lo que tío Sam diga o en el peor caso: los EUA no van a hacer lo que la ONU diga; y si no lo hacen los yanquis no lo hace el resto de América ni algunos otros más. La guerra contra las drogas va a seguir como hasta ahora mientras a los señores allende el Río Bravo les convenga (y les conviene mucho, viera usted: ríos de dinero produce así como está; y además los muertos los ponen otros).

Sin embargo hay otro asunto que tiene algún interés: el triste caso de la joven que se supone fue violada por cuatro jóvenes en el puerto de Veracruz, en enero del año pasado, jóvenes que han sido exhibidos en un video en el que le piden perdón a su víctima (y siente uno hervir la sangre).

El tema no es si deben ser cocidos en aceite a fuego lento o rostizados vivos con flama bajita, atravesados igual que pollos. No es ese el tema, sino la irrefrenable maña de hacer justicia (o injustica), en los medios. Lógicamente cualquier persona con la cabeza en su lugar, se indigna al enterarse que una chamaca fue violada y si fue tumultuariamente, sale baba verde de ira por entre los dientes. Claro… pero contra los culpables, si hay culpables.

Según algunos medios nacionales, ya brincaron 300 ONG’s pidiendo capirotes y leña verde para los cuatro babosos que aparecen en el video, que de algo se han de estar disculpando, no de haberle quitado a la joven su pelota ni su paleta; deben haberle hecho algo serio como para dejarse filmar pidiendo perdón y jurando no volver a hacer eso jamás… pero la ley no puede aplicarse sumariamente desde un medio de comunicación. Ya salió el Procurador de ese estado a aclarar ideas y poner las cosas en su sitio: no hay prueba en ese video de que hayan violado a la joven. Y sí, con la pena, pero jurídicamente no va por ahí la tonada.

Declara el papá de la joven (un señor de nombre Javier Fernández Gómez), que no presentó la denuncia de lo sucedido a su hija sino cuatro meses después de los hechos, porque en primer lugar “le hice a mi hija una promesa que no iba a denunciar ni hacer daño a los muchachos” (palabras del papá); y en segundo, porque llegó a un acuerdo con los familiares de los cuatro mequetrefes, consistente en: 1.- Que “los muchachos” pidieran perdón a su hija en video (cumplieron); 2.- Que si se encontraban a la joven en cualquier lugar tendrían que irse de inmediato (eso quién sabe si se presentó); y 3.- Que fueran a terapia con un psiquiatra. Rara hija… y raro papá.

Y explica el papá que presentó la denuncia, luego que los jóvenes y sus familiares emprendieron una campaña de desprestigio en contra de su hija”. Los cuatro bestias ya la habían librado de una cosa espantosa… ¿y se pusieron a moverle? Más raro.

Pensaría uno que el más civilizado varón, uno de esos que respeta la ley más que a su madre, lo menos que hace es denunciarlos de inmediato y asegurarse de que todo lo que la ley permita que se les haga, se les haga (que cualquier otro que no sea así de respetuoso de la norma jurídica, va por una pistola… no es que lo recomiende uno, pero es lo que casi cualquiera haría).

Este señor, con más autocontrol que un lama tibetano, prometió a su hija no mover un dedo, acto seguido llegó a un acuerdo con los papás de los cuatro vándalos y se quedó con la conciencia tranquila dejando la ley a un lado, dejando a su hija a un lado, dejando todo a un lado: le iban a pedir perdón a su chamaca, le iban a sacar la vuelta y se iban a platicar con el psiquiatra. ¡Alabado sea Dios!

¿Es creíble?... no. ¿Es posible?, sí.

Ahora toca a la autoridad entrar a ese batidero a embarrarse más, porque habrá un coro de mentadas de madre si salen inocentes los cuatro bárbaros (y jurídicamente va a estar muy cuesta arriba justificar una espera de cuatro meses para denunciar y porque si no obtuvo un dictamen médico válido en derecho que pruebe que la jovencita fue violada, lo más probable es que un estudiante del primer semestre de derecho los saque inocentes). Y por el contrario: si la ley los encuentra culpables no va a faltar el que afirme que lo hicieron por miedo a la prensa, por la presión de la opinión publicada.

Son muchas las posibles cosas que pueden haber pasado. No es el caso hacer una lista de probables bellaquerías, cochinadas y conexos. Ese papá y esa hija, viven su infierno. Los cuatro mocosos (que de algo serio pedían perdón, eso está claro), ya no se salvan de cargar por muchos años con un grave desprestigio que les pude costar caro el resto de sus vidas… y uno no sabe, la prensa no sabe, las ONG’s no saben.

Esto es lo que pasa cuando se litiga en los medios, cuando la gente no confía en la autoridad, cuando todo es un batidero.

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