miércoles, 30 de marzo de 2016

7477. ¡YES SIR!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI.

LA FERIA

¡Yes sir!
Nunca le he comentado el pavoroso caso de Lucía, una prima segunda del lado materno-toluqueño de este menda, cuya cara era un cromo de hermosa, con unos ojos verdes como platos, facciones finas, cutis de porcelana y una boca dibujada por Miguel Ángel… pero desde niñita engordaba como morsa. La pobre vivió regañada. Crecía y seguía engordando. La seguían regañando. Se plantó en 1.65 de estatura, 1.65 de ancho y 1.65 de fondo (peso estimado, 150 kilitos) y aunque su cara era toda llena de gracia, acabó llena toda de grasa, con los ojos allá al fondo que ni el color se les veía. Mucho les dijeron a sus papás que eso era enfermedad, que ya no la regañaran y la llevaran al médico. Pero ellos neceaban: “Si cerrara la boca”. No la cerró. Ya cuarentona se internó en un sanatorio. No es una sílfide, pero ya es normal, digo, ya sin que corriera riesgo la vida de ningún valiente hasta tuvo sus amores. Bendito sea Dios.

El enorme problema del narcotráfico es distinto al enorme problema del consumo de drogas. Son cosas distintas. Uno es un asunto de seguridad pública, el otro un asunto de salud pública. Relacionados, pero distintos.

El tráfico de drogas, esa inagotable fuente de dinero y crímenes, es resultado de su prohibición que como la conocemos, es una imposición del presidente Richard Nixon, quien declaró la “guerra a las drogas”.

Mr. Nixon proclamó e impuso esa estrategia idiota por su propio interés político. Léase la columna de Héctor Aguilar Camín de ayer, en Milenio Diario, en la que reproduce una declaración del más cercano colaborador de Nixon, John Ehrlichman (tomada del Harper’s Magazine de abril, que traduzco para usted con las disculpas del caso):

“La campaña de Nixon en 1968, y después su gobierno (“and the Nixon White House after that”), tenían dos enemigos: la izquierda antiguerra (estaban metidos en Vietnam) y los negros. ¿Entiende lo que le digo?: sabíamos que no podíamos declarar ilegal  que alguien estuviera contra la guerra o fuera negro. Pero haciendo que la gente asociara a los hippies con la mariguana y a los negros con la heroína, y penalizando luego severamente ambas sustancias, podíamos golpear a las dos comunidades. Podíamos detener a sus dirigentes, efectuar redadas en sus hogares, interrumpir sus reuniones, infamarlos en los noticieros de la noche. ¿Sabíamos que mentíamos sobre las drogas? Por supuesto que sí.”

Así se escribe la historia. Lo demás, lo sabemos todos: se transformó en un negocio impensablemente rentable la droga y exactamente igual que con la prohibición del alcohol, degeneró en una criminalidad desaforada que a México en los últimos pocos años le ha costado más de 150 mil muertos, a decir de Leon Panetta, secretario de Defensa de los EUA (27 de marzo de 2012, Ottawa, Canadá; Primera Reunión de titulares de Defensa de Canadá, EUA y México); más de 140 mil encarcelados; más de 26 mil desaparecidos… y el negocio de los cárteles mexicanos ronda los 30 mil millones de dólares al año (arriba de 500 mil millones de pesos al año)... o sea: el resultado al revés.

Ahora nuestros legisladores discuten sobre la legalización de la marihuana. Ni la burla perdonan. La mota no es el problema y por más que discutan no harán sino lo que el gobierno yanqui autorice. Es la dura verdad.

El gobierno yanqui es quien menos autoridad tiene para imponer su prohibición global del consumo de drogas (asunto de salud pública que cada país ya verá como atiende), su cinismo y doble moral los desacreditan del todo:

Entre 1979 y 1992, apoyaron el tráfico de heroína con que se financiaba el líder muyahidín Gulbuddin Hekmatyar, contra el gobierno de Afganistán y la Unión Soviética (le daban transporte y protección).

Antes, en los años 40’s, en China ayudaban a contrabandear opio (con aviones de Air America, empresa encubierta de la CIA) para que se financiara el Kuomintang de Chiang Kai-shek, que estaba en guerra contra el líder Mao Tse-tung.

A fines de los años 80 estalló el escándalo del aeropuerto Mena Intermountain Municipal Airport, Arkansas, en donde la CIA recibía cocaína a gran escala y en el que numerosos reportes de prensa involucran por encubrimiento a los presidentes Clinton, Bush papi y Bush nene. Algo habrá de cierto: por este asunto el fiscal del condado Dan Harmon fue declarado culpable en 1997 por crimen organizado y tráfico de drogas.

También a fines de los años 80, fue el sonado caso Irán-Contras del que el Senado yanqui emitió el Informe Kerry (13 de abril de 1989): “… el Departamento de Estado prestó apoyo a los Contras, involucrándose en el tráfico de cocaína, con asistencia financiera y material”. Destapó esto el periodista Gary Stephen Webb quien denunció que la administración Reagan dio resguardo a los traficantes en el perímetro de Washington D.C. Don Webb se suicidó el 10 de diciembre de 2004 (de dos balazos en la cabeza, cosa que el servicio médico forense reportó como “doble suicidio”…  ya, de veras, ni Chapa Bezanilla y la Paca).

Hedayat Eslaminia, un agente de la CIA, consejero del Sha de Irán, después de la revolución iraní de 1979 y la caída del Sha, se fue a vivir a San Francisco, California, y la CIA le montó en su condominio un negocio de tráfico de heroína como recompensa por sus servicios; cosa que se destapó porque fue secuestrado y asesinado un miembro de su familia.

La invasión militar de los EUA a Panamá en 1989 (Operación Causa Justa), cuando detuvieron y encarcelaron 20 años al presidente Manuel Noriega por traficar cocaína del Cártel de Medellín, cosa que hizo largos años con conocimiento de los yanquis, que se lo permitían a cambio de apoyo militar a los Contras en Nicaragua. Al salir de la cárcel cumplida su sentencia, lo mandaron a Francia a que lo volvieran a encarcelar. Chulada.

Ya no le comento nada de los insistentes rumores de que el cártel de Guadalajara llegó a ser el más poderoso gracias al apoyo de la CIA.

Estos son los líderes morales del mundo, a los que nuestro desvergonzados gobernantes siempre contestan: ¡Yes sir!

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