jueves, 31 de marzo de 2016

7482. ¡ALABEMOS AL SEÑOR!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI
 
LA FERIA

¡Alabemos al señor!    
Este López siempre detestó al lote de hijos correspondiente a tía Elo (Eloísa). Eran tres malhechores abusivos varios años mayores que el del teclado. Consentidos, berrinchudos, chocantes, blancuzcos-ceja güera (aaagh), que pasara lo que pasara, hicieran lo que hicieran, su Elo-madre se ponía incondicionalmente de su lado. Para que me entienda: un domingo en su casa, antes de comer, nos mandaron al jardín a este menda con ellos tres. Al poco rato, con destemplados berridos finalmente conseguí que los mayores salieran a ver qué sucedía, y mi coronela madre encontró a su crío amarrado a un árbol (íbamos a jugar a los indios y vaqueros), con restos de lumbre en los pies. Ya desatado y a medio consolar (pantalones chamuscados, zapatos humeantes), vi por primera vez en la vida lo que Salgari describía como mirada de tigresa asesina, de mi madre a tía Elo, que de inmediato exclamó muy airada: -¡De mis hijos no vas a dudar! -para que me entienda.

Hace unos días, el 15 para ser precisos, una cosa llamada Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal A.C., representada por un tal José Antonio Ortega Sánchez, denunció penalmente ante la PGR, por fraude a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), porque según el caballero, se defraudaron los dos millones de dólares que el gobierno mexicano le entregó a la CIDH para cubrir los gastos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que vinieron a enredar más el caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa (los 43 que son 42). Será.

Los delitos penales no los puede cometer una institución, por eso, para personalizar la denuncia había que señalar a alguien. En este caso a don Ortega le gustó Emilio Álvarez Icaza Longoria, quien en su carácter de secretario Ejecutivo de la CIDH, firmó el “Acuerdo para la Incorporación de la Asistencia Técnica Internacional desde la perspectiva de los derechos humanos en la investigación de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, dentro de las medidas cautelares MC/409/14 y en el marco de las facultades de monitoreo que la CIDH ejerce sobre la situación de los derechos humanos en la región”.

Suena disparatado, por más que anden viajando por el mundo los integrantes del GIEI, y por más que ellos y don Álvarez Icaza Longoria (¡ajúa!), sean para muchos sólo unos vividores de los derechos humanos. Pero, igual, suena disparatado que se le pueda encajar el delito que en su artículo 386 tipifica el  Código Penal Federal, que viene a ser una conducta antisocial en la que alguien “engañando a uno o aprovechándose del error en que éste se halla se hace ilícitamente de alguna cosa o alcanza un lucro indebido”. Va a estar difícil que pruebe don Ortega que don Álvarez, se hizo ilícitamente de esos dineros asignados por nuestro gobierno o que lucró indebidamente con ellos.

Dicho lo cual, entremos en materia: ayer, desde Washington D.C., donde están sus oficinas, don Álvarez, declaró ante la prensa: “De continuar esta averiguación previa es una señal muy clara de regreso al México autoritario y de ataque a los defensores de derechos humanos”. ¡Áchis!

O sea: nuestras autoridades, recibida una denuncia ratificada, si se trata de él, ni siquiera pueden asomarse a ver de qué se trata. Como él es San Álvarez, el gobierno mexicano no debe ni de averiguar, porque entonces, por tratarse de San Álvarez, es “una señal muy clara de regreso al México autoritario”. Acabáramos.

La PGR de todos tan temida debe ver si la denuncia -esta y cualquiera-, tiene sustento. Si no lo tiene (que todo indica que es una vacilada por los visibles pleitos entre vividores de los derechos humanos), le da carpetazo y sanseacabó. Pero, no, según don Álvarez, ni eso debe hacer: nomás viendo que es contra su sagrada persona deben… ¿deben qué?, ¿no recibirla? (tienen obligación; artículos 113 a 119 del Código Federal de Procedimientos Penales), ¿no averiguar? (también tienen obligación; artículo 123 del mismo), ¿tirarla a la basura? (cometerían un delito).

La PGR debe revisarla y si no hay delito que perseguir, la manda a volar (a reserva), conforme a los artículos 131 y 133 de ese código. No hay ninguna ley en la que se prevea que tratándose de personas de calidad por encima del resto de los mortales, no se le dé trámite a una denuncia. Faltaba más.

La CIDH forma parte de la OEA. A la OEA la mangonea el tío Sam.

La CIDH está muy lejos de ser una instancia de prestigio indudable, sino más bien, todo lo contrario. Para empezar, sería muy grato que nos enseñaran alguna acción suya contra la dictadura de los Somoza; o una medida cautelar para proteger al presidente Chávez de Venezuela, cuando fue secuestrado en el frustrado intento de golpe de estado (y se las solicitaron desde Colombia, no se hagan); tampoco le entraron a pegar de gritos para asegurar la persona del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, también secuestrado; ni cuando le pasó lo mismo al presidente Rafael Correa de Ecuador.    

Casi muda la CIDH de 1959 a 1991, procesó solamente seis denuncias, durante la Cuarta República en Venezuela, habiendo prolongadas suspensiones de garantías, matanzas, campos de concentración, torturados y desaparecidos… pero en el periodo de Chávez (13 años), le dieron curso a 66 denuncias. Parejitos los señores a las órdenes de la Casa Blanca (que jamás se ha sometido a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, por cierto, porque jamás ratificó el Pacto de San José y se limpia con la CIDH).

Cosas parecidas a la CIDH hay en África y Europa. Nada más que la de acá no es precisamente eficiente que digamos: el equivalente a la CIDH en Europa atiende casi mil asuntos de derechos humanos por mes, La CIDH en 30 años lleva… 200.

Pero, igual, según don Álvarez, la PGR no debe cumplir la ley por tratarse de su persona, faltaba más; a él, la ley no se le aplica... ¡bendito, bendito, bendito es el señooor!, los ángeles cantan… ¡alabemos al señor!

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