martes, 19 de abril de 2016

7458. COPA COCTELERA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Copa coctelera.
Como bien sabe usted, mi primo Pepe era el más impresentable primo que tenerse pueda. Ya desde chiquito era maldoso, no travieso, malvado, y si cree que es severo este menda, piense si conoce algún niño que le echara tequila a la pecera de su mamá o que haya revuelto Alka-Seltzer en el alpiste de los canarios (gorjeos burbujeantes, ocasional estallamiento de pajarito al tomar agua). Era bueno para todo, para bailar, para pelear, para el futbol; inteligentísimo y con memoria fotográfica, pasaba de año sin estudiar y con el primer lugar asegurado, aunque rara vez le daban la reinscripción. Siempre fue terrible y las que hizo de grande casi ninguna se puede contar. En cierta ocasión, tío Agustín, su guango papá, casi se hinca para que fuera a pedir disculpas a una vecina (un poquito más guapa de lo generalmente considerado prudente), porque la señora, sin pruebas, afirmaba que Pepe era el único ser humano sobre la faz de la Tierra al que se le podía ocurrir vaciar una lata de Resistol blanco en el tinaco de nadie; era cierto, pero Pepe se negaba diciendo: -Papá, no seas ridículo ¿o piensas que de veras me va a creer que estoy arrepentido? –tenía razón.

Sucedió hace 14 meses en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero: una joven de 22 años de edad, Elvira Santibáñez Margarito, fue detenida por portación de armas y por supuestamente pertenecer a una organización de delincuentes; desde entonces está encarcelada. Fue torturada por una cabo, un capitán del ejército mexicano y por una policía federal, en presencia de otro integrante de la Policía Militar y elementos del ejército, que permitieron, que no impidieron, que se le pusiera repetidamente, una bolsa de plástico en la cabeza para hacerle sentir asfixia. Aparte estuvo el que grabó el video que no se sabe cómo, llegó la semana pasada al sitio Breitbart Texas y a varios medios informativos de México. Alguien quiso que se supiera, alguien de adentro.

El video corrió como lumbre en las redes (se hizo “viral”, pues), y lo transmitió Ciro Gómez, en su noticiero de tempranito de este jueves 14 de abril de 2016… entonces ardió Troya, Televisa es Televisa. Los torturadores fueron ya destituidos y se encuentran sujetos a proceso judicial; otros mandos de la Policía Federal están siendo investigados.

Para ayer, ya presentaron disculpas el subsecretario de Gobernación, Roberto Campa (“el gobierno federal no tolerará actos de tortura cometidos por funcionarios públicos”); el titular de la Comisión Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia (“no quedarán impunes”); el comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos (“No es cometiendo ilegalidades como se sirve a la sociedad”); y estelarmente, el General Salvador Cienfuegos Zepeda, secretario de la Defensa Nacional, desde el sábado pasado en el Campo Militar No. 1, rodeado de miles de tropas, dijo: “En nombre de todos los que integran esta gran institución nacional ofrezco una sentida disculpa a toda la sociedad agraviada por este inadmisible evento”.

No sé usted, pero el del teclado no pone en duda la decencia de esos señores, ni que realmente los indigne la tortura.

No sé usted, pero el del teclado, se come en taco sus disculpas.

¿Cómo por qué unas disculpas van a atenuar la abominable realidad de lo que son los métodos de investigación en México? Hace falta mucho más, siempre suponiendo que son sinceros, que podríamos ponerlo en duda porque estos mismos disculpantes de ocasión no han descubierto con este caso que la tortura en México es sistema; siempre han sabido que es una atroz realidad presente en nuestra vida cotidiana. En el mismo momento en que pronunciaban sus sentidas disculpas se puede tener la certeza de que en algún lugar de la república (si no es que en varios), se estaba torturando a alguien.

Dejemos a un lado el caso concreto de la tal Elvira, no sin comentar que aún si es  culpable, no se justifica la tortura (y un amigo que sabe de estas horripilantes cosas, le informa a este López que si eso de la bolsa de plástico fue lo único que le hicieron, tuvo mucha suerte, porque hay varias otras torturas peores que esa, que tampoco dejan huella); pero, igual, la tortura jamás se justifica. Ni en los países que se aplica la pena de muerte se permite la tortura, el Estado se arroga indebidamente el derecho a quitar la vida de alguien, pero jamás a infligirle dolor. La peor faceta de nuestra especie es esa. La peor.

Hace años se modificó la ley para cancelar que la confesión fuera la “reina de las pruebas”, porque se obtenían no pocas declaraciones a palos… y siguió la tortura porque nuestra policía investigadora lo único que no sabe hacer es investigar, todo son palos o “pitazos”. Si puede conseguir  “La noche quedó atrás”, obra de Jan Valtin, publicada en 1941, ahí verá una radiografía de nuestra policía de hoy… y de pasada puede comparar con la de otros países, porque ese señor era activista del partido comunista de la Unión Soviética y conoció más cárceles que hoteles en su vida; no hemos progresado nada en los últimos 77 años.

Y ahora estamos en el peor de los mundos: los derechos humanos no se respetan para investigar y no es rareza que se atropelle a inocentes, pero los derechos humanos sí se respetan para sacar de la cárcel a redomados culpables. El rey Midas lo que tocaba se hacía oro, esto en México es al revés y nuestro sistema de procuración e impartición de justicia lo que toca, pudre.

Por eso esas disculpas no sirven de nada, por más buena voluntad que supongamos tienen, no bastan como para que ilusionarse pensando que podrán cambiar algo que requiere medidas de gran calado y largo plazo. México no ha tenido casi nunca gobernantes para los que la ley sea sagrada, para los que respetar y hacer respetar la ley sea jamás negociable; así hemos empollado una sociedad invertebrada, arbitraria, benigna para poderosos, ricos y grandes malhechores.

Sabido es: en México, la bondad y la legalidad no garantizan nada y camarón que se duerme acaba en la copa coctelera.

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