viernes, 22 de abril de 2016

7472. CLARO COMO BOCA DE LOBO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Claro como boca de lobo.
Tía Blanca era de las de Autlán y como las de Autlán, guapa de quitarle la vocación a un Obispo, y como no pocas de la familia paterna de este menda, ligera de faldas. Tuvo siete maridos, siete; aparte de varios (nueve, pero le daba pena decirlo), que fueron “casi” sus esposos, como decía ella. Una vez, ya viejita, en casa de la abuela Elena, su prima, dijo que ella nunca había tenido “suerte con los hombres”, que el que no le había salido pegón, le resultó mantenido; el que no era borracho, era jugador; y así se seguía, unos mediocres, otros poca cosa y hasta uno que le salió “raro” (así decía, quién sabe a qué se refería)… y la abuela Elena, la oía lamentarse de su mala suerte, hasta que se hartó: -Blanquita, mejor deja el tema, no hay tanta mala suerte: eres tú la que está de atar –enmudeció el palenque.

De atar están en este gobierno. Todo les sale mal. Y tanta mala pata no hay. Ahora ya se les enredó lo del accidente en la planta industrial Pajaritos -en Coatzacoalcos, Veracruz-, sucedido antier con un saldo preliminar de 13 muertos y 136 heridos.

Ayer mismo ya hubo enfrentamientos violentos entre el ejército que custodia el lugar y familiares de decenas de trabajadores que no regresaron a sus casas pero no están en la lista de fallecidos ni en la de heridos y hospitalizados. Angustia y rabia que se entienden a más de 24 horas de la explosión. Angustia y rabia que se exacerban al saber que tenían una semana reportando una fuga de cloro los trabajadores. Angustia y rabia que ya puso a patinar al gobierno federal que otra vez, reacciona lento y mal, sin informar con total claridad sobre los hechos, dando la impresión (que puede ser del todo falsa), de que se intenta minimizar una barbaridad de este calibre.

Esta planta de Pajaritos era “la más importante y rentable de Pemex”, como la calificó el entonces secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell, en su carácter de presidente del  Consejo de Administración de Pemex, al anunciar el 31 de julio de 2013, que se asociaban con la empresa privada Mexichem, que preside Juan Pablo del Valle, hijo del exbanquero y exdirigente patronal Antonio del Valle; asociación en la que Pemex conservó el 41.54% de la planta y Mexichem adquirió el 58.46%, aportando 200 millones de dólares (mdd) en efectivo y 125 mdd en “activos”; nada mal negocio, considerando que la planta produce por ahí de 400 mdd al año.

Como no ha nacido el idiota que venda una máquina de hacer dinero, se pregunta uno cuál era la necesidad de vender la planta productiva más importante de Pemex... ¡ah!, pues muy fácil: Pajaritos era una mina de oro porque produce cloruro de vinilo, insumo indispensable para producir varias cosas, pero la más importante, el famoso PVC; para fabricar eso se necesitan dos cosas: etileno y cloro; el etileno lo produce la propia Pajaritos y el cloro otra empresa, “Cloro de Tehuantepec” (ahí nomasito, al lado Pajaritos), de la que Pemex era dueño del 40%... pero, en tiempos de don Fox, “Cloro de Tehuantepec” pasó a ser propiedad de Mexichem, quedando Pemex (y Pajaritos), de cliente cautivo de los caritativos señores del Valle. Acto seguido, en 2003, en la planta de Pajaritos, Pemex hizo una inversión de 2,500 mdd, para ampliar su capacidad de producción, con la pena de que al echar a andar los equipos de la ampliación… ¿qué cree?... se dañaron del todo y hubo que volver a comprarlos a crédito (nada de responsabilidades al contratista de la obra, la empresa española “Duro Felguera”); mientras se arreglaba el tiradero, se dejó de producir en Pajaritos por más de un año… ¡chin, qué mala suerte!

El generoso señor Antonio del Valle (ex dueño Bancrecer y de Bital -hoy, HSBC-, hoy dueño de Financiera Bx+), se preocupó porque Pemex no podía echar a andar la planta y ya lo demás fue coser y cantar hasta concretar la “alianza estratégica” que en los hechos lo hizo dueño de Pajaritos… y del monopolio del cloruro de vinilo, del PVC.

Ahora el asunto es que alguien nos explique por qué el gobierno, siendo accionista minoritario, es el que está cargando con el problema, por qué es el Presidente de la república el que acude al lugar y no el señor Juan Pablo del Valle, que es el dueño real. ¿Por qué?

Tan el gobierno actúa como si fuera el único dueño y responsable, que hasta don Videgaray al salir a explicar que no afectó para nada a Pajaritos el recorte presupuestal a Pemex, de 100 mil millones de pesos; dijo: “(…) corresponde al Director General de Pemex dar detalles sobre las causas de este muy lamentable y trágico evento”; como si Pemex operara la planta y no tuviera un socio mayoritario, el que dispone y manda.

(Un “por cierto”: el 17 febrero de 2016, Hacienda anunció el  recorte de 100 mil millones de pesos al presupuesto de Pemex; el 14 de abril de 2016, casi dos meses después, Hacienda anunció que otorgaba a Pemex 123 mil 500 millones de pesos de apoyo… le recortan, le amplían más de lo que le recortaron. Por eso agarran fama. Fin del “por cierto”).

Como sea, el gobierno enfrenta la situación y José Antonio González Anaya, director general de Pemex, ofreció ayer investigar “a fondo y hasta las últimas consecuencias”, para aclarar las causas de la explosión y deslindar responsabilidades, “si las hay” (agregó con prudencia hija del respetillo al gran capital… “si las hay”… ni modo que no haya).

O sea: todos tranquilos, el gobierno lo va a aclarar, igual que nos aclaró la explosión de las oficinas centrales de Pemex (31 de enero de 2013); la explosión de la planta de gas en Reynosa, Tamaulipas (18 de septiembre de 2012) que dejó 30 muertos; la explosión, incendio y 8 muertos, el 17 de octubre de 2006, del buque tanque Quetzalcóatl, anclado en la Terminal Marítima de ahí, de Pajaritos; la explosión (210 muertos) que voló varias calles de Guadalajara el 22 de abril de 1992; la explosión y cerca de 2 mil muertos, del depósito de gas en San Juanico el 19 de noviembre de 1984.


No sea descreído, ni se preocupe, quedará claro como boca de lobo.

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