lunes, 25 de abril de 2016

7483. BOTELLITA DE JEREZ.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Botellita de jerez.
A tío Néstor le pasaron cosas muy penosas: le voló la esposa un primo… primo hermano (¡el acero aprestad!); defender lo que heredó de sus papás le costó años y mucho dinero, hasta que le ganó el pleito a… su hermana mayor (¡y retiemble en sus centros!); años después, tuvo que pagar una deuda que no era de él porque le falsificó la firma en unos pagarés… su único hijo (¡al sonoro rugir!); sin embargo, una vez, un olvidable abogado imprudente ajeno a la familia, sin que nadie le hubiera pedido parecer, le preguntó sobre el pavoroso caso de los pagarés porque él podía evitar que los pagara… y el tío Néstor lo atajó  sin enojarse: -La ropa sucia se lava en casa -le dijo-, hablemos de otra cosa o mejor aún, de nada –y lo dejó con la palabra en la boca. Pues sí.

De un tiempo acá en nuestro risueño país, hemos pasado del ¡cómo México no hay dos!, al ¡somos una mierda!

No hace este López la apología nacional y bastantes defectos (características) de nuestro modo de ser ha señalado, así sea en plan lúdico, como para que se piense usted que el del teclado presenta un cuadro de indigestión patriótica. Pero de unos años acá, es notoria la frecuencia con que algunos comentaristas y hasta las más connotadas plumas (teclados), insisten en los medios de comunicación en la denostación no ya de políticos y funcionarios (sin distingos ni excepciones), sino que ya se hace cera y pabilo del país mismo, que es lo mismo que descalificar a 120 millones de personas de un plumazo (teclazo).

Nuestro país tiene problemas innegables y algunos son endémicos como nuestra corrupción, en mayor o menor grado siempre presente en la vida pública y privada; o la desigual impartición de justicia (cuya mejora es como ver crecer la hierba).

Pero también nuestro país es la décima economía mundial y único de Latinoamérica en la lista de los 10 con más turistas internacionales (29.1 millones en 2015; lo dice la Organización Mundial de Turismo, no este López). México es respetado en el mundo por sus músicos y pintores, arquitectos y médicos, escritores e inventores; país con tres premios Nobel (sólo siete países de Latinoamérica los tienen). Dirá usted que eso no es México… y sí, eso es precisamente México: lo que hacen los mexicanos.

Eso no tapa que México es hoy una llaga abierta por la estúpida guerra en que estamos; por la patética clase política, que se ha ido colocando en sitios prominentes del gobierno; sí, sí a todo eso, pero México es también un señor Gilberto Bosques, el “Schindler mexicano”, que salvó a 40 mil judíos y republicanos españoles, hasta que lo detuvo la Gestapo (por cierto: Oskar Schindler, al que le hicieron película, salvó a 1,100  judíos… odiosas las comparaciones).

Los problemas que padecemos son sabidos… pero que los propios mexicanos los pregonemos en el extranjero es, lo menos, imprudente, por no decir algo feo pues el comentario es por las palabras de Fernando del Paso, dichas el sábado pasado al recibir el Premio Cervantes de manos del Rey de España, Felipe VI (otro por cierto: México, después de España es el país que más premios Cervantes ha recibido, seis, algunos no muy merecidos, justo es decirlo). Con la cuchara grande se sirvió don Fernando:

“Las cosas no han cambiado en México sino para empeorar (…) continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo (…) criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza, pero me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas. Subrayo: es a criterio de la autoridad, no necesariamente presente, que se permite tal medida extrema (…) Esto pareciera tan solo el principio de un estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí que me daría aún más vergüenza”. Y tan fresco, con su medalla. Total, ya la prensa mundial se encargará de ponerle bocina a la bonita descripción que hizo de México un distinguido mexicano.

¿Son mentira los problemas que menciona?: no, son verdad; también es verdad que han mitigado, que van mitigando. ¿Es mentira lo de la Ley Atenco”?, sí, es mentira.

Dice el artículo 4 de esa ley estatal que se hará “uso de la fuerza… con irrestricto respeto a los derechos humanos consagrados en la Constitución Federal y los tratados internacionales celebrados por el Estado Mexicano”; y en su artículo 8: “Cuando sea excepcional, estrictamente necesario e inevitable, para proteger la vida de las personas y la del elemento, estos podrán hacer uso de armas letales… en defensa propia o de terceros, en caso de peligro inminente de muerte (…)”.

Pues así como muy loca no parece esa ley y en ningún lado dice lo que afirma el ya cervantino del Paso, en ningún lado. Qué vergüenza que se crea como cierto lo que cierta prensa afirma, hubiera leído la ley esta, digo: ¿qué va a pensar el Rey, que Franco renació en don Eruviel? (¡qué vergüenza!).

Aparte, por mal que estuviera esa dichosa ley, es estatal, como bien dijo don Fernando, y difícilmente, “principio de un estado totalitario”. Y si lo fuera, no es allá donde se pelean esas cosas, sino acá, que ya se han echado abajo -malamente-, otras dos parecidas: la de Puebla y la de Chiapas.

Y no está sólo don Fernando en esto de ponerse trágico. Juan Villoro, fresquecito ganador del premio de Periodismo Diario Madrid, en su XIV edición, en una entrevista a la revista “El Otro”, soltó: “estamos en un país que te preguntas si vale la pena que exista”.

Le digo: es moda; ahora lo políticamente correcto, lo intelectual, lo elegante, es zurrarse en la patria. Bueno… pues, botellita de jerez.

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