domingo, 3 de abril de 2016

7494. EL CIELO Y EL INFIERNO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El Cielo y el Infierno.

El único silencio realmente inaceptable y cómplice de la situación actual, es y será el nuestro. Si no rompemos el silencio, si no nos decidimos ya a decir basta, no más, esta situación de violencia y corrupción, de impunidad y muerte, seguirá igual.
Joel Padrón González.
Párroco de San Andrés Apóstol,
en San Andrés Larráinzar,
presidente de jTatic! Samuel Ruiz,
por una sociedad más justa A.C.


En alguna forma, todos los seres humanos que nos preguntamos por la existencia de Dios somos teólogos. El tema lo mismo que la política y el fútbol, despierta  pasiones hondamente arraigadas en el ser humano. Un lector que estudió teología en sus años de seminarista se tomó el trabajo de llamar para decirme que a causa de sus posiciones teológicas fue expulsado del seminario y durante largos minutos me expuso las bases de su teoría, concluyó afirmando que los está pasando a nuestro alrededor, violencia, guerras, corrupción, contaminación, muerte, es la confirmación de que el mundo y en especial nuestro país, son un infierno que hemos creado colectivamente, es decir, entre todos.

En su libro Los cuatro acuerdos, Miguel Ruiz escribió: “Si consideramos que el infierno es un estado de ánimo, entonces nos rodea por todas partes. Tal vez otras personas nos adviertan que si no hacemos lo que ellas dicen que deberíamos hacer, iremos al infierno. Pero ya estamos en el infierno, incluso la gente que nos dice eso. Ningún ser humano puede condenar a otro al infierno, porque ya estamos en él. Es cierto que los demás pueden llevarnos a un infierno todavía más profundo, pero únicamente si nosotros se lo permitimos.”

La idea de que el cielo y el infierno no son un lugar, sino un estado de ánimo, un estado del alma, podría llevarnos de vuelta al solipsismo, a la idea de que la realidad es una creación individual. Esta idea de que el cielo o el infierno son un asunto individual ha sido difundida con insistencia por las doctrinas de la Nueva Era, o New Age, pero no hay que olvidar que los otros, la sociedad, existen y con ellos se crea el cielo o el infierno, en otras palabras, que el cielo o el infierno son una construcción social que nos afecta aquí y ahora.

Así visto el asunto, podemos inferir que si bien la construcción de tu cielo o tu infierno parte de una posición personal ante la vida, se gestiona en sociedad desde la familia, el barrio, la comunidad, la ciudad, el estado o la nación. Nuestro México es ahora mismo un infierno para millones de personas, otros han construido su paraíso sobre la miseria de los demás, magnates, políticos y altos funcionarios han construido su felicidad sobre la miseria de millones de seres. La casa blanca de Peña Nieto está construida con la miseria del pueblo.

Para miles de niños y jóvenes y sus familias nuestro país es un infierno, de los más de 27 mil desaparecidos en los últimos 8 años, casi la tercera parte (6 mil 725) son menores de edad y 65 % son mujeres, de acuerdo a la Red por los Derechos de la Infancia en México que presentará un informe ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 7 de abril. Un país en el que las personas “desaparecen” de la noche a la mañana es un infierno.

Nuestro infierno está gestado en la corrupción, la ignorancia, la miseria, y se extiende como fuego en el bosque, el mitote (el ruido de los medios de difusión, las declaraciones de los políticos y gobernantes) nos impide ver la realidad, pero sobre todo, obstaculiza la idea de que construir un cielo o un infierno es tarea de todos.

Dice Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos: “Toda nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron mitote. Nuestra mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie. Esta es la condición de la mente humana: un gran mitote, y así es imposible ver lo que realmente somos. En la India lo llaman maya, que significa «ilusión». Es nuestro concepto de «Yo soy». Todo lo que creemos sobre nosotros mismos y el mundo, todos los conceptos y programas que tenemos en la mente, todo eso es el mitote. Nos resulta imposible ver quiénes somos verdaderamente; nos resulta imposible ver que no somos libres.”

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