jueves, 28 de abril de 2016

7496. ALGO ANDA MUY MAL.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Algo anda muy mal.
El abuelo Armando, el materno-toluqueño, ese que le he dicho hablaba poco y todo mundo ponía atención, porque jamás lo hizo por ventilar la garganta, muy raramente emitía juicios sobre las personas (de tía Olga sí decía que estaba loca), y nunca se metía en asuntos ajenos. Un día este menda, de escasos 10 años, lo acompañó a visitar a un tío que acaba de regresar a su casa después de una cirugía de caballo que lo había puesto en peligro de muerte y como seguía en peligro de muerte lo dieron de alta (cosa de cuidar las estadísticas y evitar disgustos en los hospitales, usted sabe). Bueno, pues el tío estaba en su recámara con tanque de oxígeno y varias botellas de quién sabe qué, conectadas con mangueritas a sus venas, no inconsciente pero como ido y completamente solo; en la sala, su hija mayor leyendo una novela y comiendo pepino con sal, chile piquín y limón; los demás habían ido al cine. Estuvimos con el tío hasta que regresó su familia. El abuelo saludó y de inmediato nos fuimos. Ya en la calle, dijo más para él que para el mocoso anexo: -Algo anda mal en esta familia –y sí, luego pasaron cosas entre ellos que no le cuento; muy desagradables.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, reportó que en 2015 hubo un total de 18,650 asesinatos en el país y en 2014, fueron 17,324. Por ahí  de 50 personas diarias. Un Ayotzinapa diario. Grave.

Por otro lado, crece y crece el escándalo mal callado, de los feminicidios en el Estado de México, la “epidemia silenciosa”. Se prenden los focos de alerta, es asunto serio: nada más en 2015 hubo 19 feminicidios en esa entidad. Aunque sea uno casi cada 20 días es grave.

Ayer publica El Universal que la directora del Instituto de las Mujeres local (Inmujeres), Teresa Incháustegui declaró que “es necesario informar a la ciudadanía sobre lo que implica tener un hijo, pues se pueden generar problemas sociales dentro del núcleo familiar. En el caso de las mujeres adolescentes, hacerles ver que es necesario que maduren física y mentalmente”, y añadió que en los hospitales del Gobierno de la Ciudad de México, la tasa de mortalidad desde hace nueve años y hasta abril de este año, es cero: cero muertes por aborto provocado desde que es legal en la capital del país. Informó  que se han realizado 160 mil “interrupciones de embarazo”.

Dijo más la señora: “Contrario a lo que se podría pensar, la interrupción de embarazo se ha practicado en mujeres mayores de 18 años y que, incluso, ya tienen entre dos y tres hijos”.

Según sus informes, el 42% de las 160 mil “interrupciones del embarazo” (no dicen aborto, llamar a las cosas por su nombre, ofende), se practican a “mujeres casadas que tienen un hijo” y agregó literalmente lo siguiente: 60% tienen más de un hijo, y 10% tienen más de tres hijos (no se entiende bien, porque eso suma el 112%... en fin, o se hizo bolas el reportero o este menda).

De cualquier manera, 67,200 abortos (el 42%), fueron solicitados por madres casadas con un hijo, que no quieren el segundo; 16,000 abortos (el 10%), a madres casadas que no quieren otro hijo porque tienen más de tres… pero ese 60%, 96,000 madres casadas, “que tienen más de un hijo”, pero menos de tres, esto es, que tienen dos hijos (según el orden de aparición de sus palabras y que me disculpe si la malinterpreto, y repito la advertencia de que no checan los porcentajes), pero igual la suma total que reporta la directora de Inmujeres, es de 160 mil.

Que la tasa de mortalidad entre las señoras que abortan es de cero, sin duda es buena noticia. Lo trágico es que haya tantas mujeres que llegan a ese extremo, porque abortar es un asunto serio, muy serio, pues a fin de cuentas es matar, matar a un hijo.

Ya antes hemos dicho que no es este junta palabras ninguna autoridad en asuntos de ética y muchísimo menos cuando se refieren a situaciones tan íntimas, tan personales, tan difíciles, tan no raramente dramáticas. Uno puede estar firmemente opuesto al aborto, a condición de no permitirse la ligereza de opinar sobre la mujer concreta, “esa mujer” con nombre y apellidos que abortó en una circunstancia que nadie es nadie para juzgar. También puede uno estar de acuerdo en que no se castigue con cárcel el aborto, pues la cárcel nada resuelve ni mitiga el fenómeno, agravando en grado superlativo el problema.

Pero de la misma manera, no parece el mejor argumento a favor del aborto, lo que adujo la señora Incháustegui: “Sabemos que en muchos casos, por cuestiones de religión las mujeres no quieren practicarse un aborto, pero hay que tomar en cuenta objetivamente las condiciones sociales en las que vive la madre, pues hay quienes no tienen recursos para la crianza y la manutención de los hijos”.

Si es un asunto de condiciones sociales o de falta de dinero para mantener a los hijos, están decidiendo mal y con un errado criterio económico, porque los hijos grandes son más caros, mucho más que un recién nacido (sale mejor matar al que va en Secundaria), y si considera que es la religión lo que frena los abortos, le tengo noticias: hay quien no practica ninguna religión y considera que en principio, abortar se debe evitar siempre que sea posible (casos hay en los que es inevitable).

Si entre esos 160 mil abortos (160 mil tragedias), hay unos cuantos en los que era inevitable incurrir en semejante medida tan drástica (matar vida humana en la etapa en que sea), ya valió la pena que se haya despenalizado, pero jamás se podrá presentar como un logro y menos cuando un porcentaje tan alto es de señoras casadas.

Por último: no podemos suponer que esto, sólo esto, se hace con riguroso respeto a la ley, sin que se haya practicado ni un solo aborto después de la semana 12 de embarazo. Sería la primera cosa derecha en México y eso, con perdón, es mucho muy difícil de creer.

Estos 160 mil abortos, son 49 diarios, frente a los 50 asesinatos por día que reporta la autoridad en el país y tanto preocupan a todos. Algo anda mal que estos no cuentan. Algo anda muy mal.

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