lunes, 4 de abril de 2016

7496. ¡QUÉ LOGRO!

Por el Sr. López.
Periodista crítico, desde
El Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Qué logro!
Tía Mela (Melania de nombre… no haga chistes), tenía un par de defectos muy notorios: Agustín y Eduardo, sus hijos, fronterizos en cuanto a cociente de inteligencia con los primates menos desarrollados y con Atila, en su capacidad destructora. Ella se pasaba de consentidora rayando en cómplice y era leyenda lo necia que era (más que las ganas de ir al baño, cosa que el mundo sabe, no admite negociación ni prórroga). A Agustín y Eduardo los echaron de varias escuelas, no por sus travesuras que a fin de cuentas eran cosas de niños, sino porque tía Mela insistía en que los maestros revisaran sus exámenes en su presencia… como lo oye; y no era eso lo peor, sino que se ponía a necear en que estaban bien las respuestas que estaban mal (y cuando alguien dice que son opinables las tablas de multiplicar o exige pruebas de la fecha en que Colón llegó a América, puede provocar reacciones muy poco gratas). A veces los dejaban terminar el año, los aprobaban (claro que sí), y no les concedían la reinscripción; otras veces, los mandaron directito a un sitio muy alejado del bien decir (rima con pulgada). Grave.

El viernes pasado, 1º de abril, el Grupo Colegiado de Expertos en Materia de Fuego, entregó en sobre cerrado el resultado del tercer estudio sobre la posible incineración el 26 de septiembre de 2014,  de los normalistas de Ayotzinapa, en el basurero de Cocula, Guerrero.

Este Grupo Colegiado no es un grupo de cuates de Murillo Karam, ni de las fuerzas básicas de la PGR, intervinieron después que el gobierno de México firmó el 20 de octubre del año pasado, en Washington, un acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que es la que palomeó a los peritos (y a petición de la PGR, se incluyó al peruano José Luis Torero, quien con mayor insistencia y propaganda desmintió la “verdad histórica” de Murillo Karam y aseguró citando los estudios de un tal Dr. John DeHaan, que es científica y técnicamente imposible hacer en Cocula un fuego que alcance a incinerar cuerpos humanos de adulto).

En resumen, este tercer peritaje sostiene: 1.- Que sí hubo un fuego de grandes dimensiones en el basurero de Cocula; 2.- Que al menos fueron incinerados ahí 17 cuerpos de adultos; 3.- Que continuarán haciendo análisis para comprobar si los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron cremados ahí.

Entonces ahora resulta que sí es posible. Lo dicen los expertos nombrado con el acuerdo de la CIDH, todos con prestigio de que se las tragan ardiendo en esa materia del fuego (aparte de don Torero, dos mexicanos: Ricardo Damián Torres y Mario Saldaña Nolasco; tres yanquis: James Quintire, Frederic Mowrer y John DeHaan). Por cierto: el señor DeHaan, desacreditó los dichos de don Torero y agregó que si había dicho lo que dijo, había malinterpretado sus estudios y que al aire libre en un basurero, por ejemplo, bastan tres o cuatro horas para cremar del todo un cuerpo humano (vea: “Torero malinterpretó mis resultados: DeHaan”; Esteban Illades; revista Nexos, 9 septiembre, 2015).

Antes de este tercer peritaje, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) concluyó que científicamente no se podía probar que en Cocula se había incinerado a los normalistas y antes, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), aseguró que “no fueron incinerados en el basurero de Cocula”. Muy bien. Pero la PGR voló a Washington y se hizo este tercer peritaje.

La versión original de la PGR resultó de las declaraciones de los actualmente detenidos, quienes afirman que ahí llevaron a los estudiantes, algunos vivos, que  ahí los remataron, los quemaron y metieron en bolsas de plástico los restos y los echaron al río San Juan, de donde los buzos de la PGR sacaron una que contenía un hueso de uno de los normalistas, identificados en un laboratorio de Europa. La versión de don Torero es que el gobierno mexicano con esto quiere ocultar “cosas más graves” (¿con qué base científica afirma eso don T?... él sabrá).

Ahora, por este peritaje, Vidulfo Rosales, vocero de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, declaró a la prensa que analizan si rompen el diálogo con el gobierno, pues se violó el acuerdo de informarles primero a ellos: “No compartimos el peritaje en definitiva, no es claro, se presta a confusiones y, sobre todo, el proceso para darlo a conocer fue violatorio a los acuerdos, además de que 43 no es lo mismo que 17”. Bueno.

Don Rosales debería suponer que la averiguación previa que está haciendo la PGR no depende para absolutamente nada de que él o los deudos de ninguno de los 43 (que son 42), estén de acuerdo. Si ellos “rompen el diálogo”, no afecta en nada al proceso judicial en marcha. A la PGR le importa un reverendo y serenado cacahuate si fueron incinerados en Cocula o enterrados en Las Vegas; si después de este peritaje van en procesión a disculparse con Murillo Karam o mandan su foto a Haití para que le hagan vudú. La PGR tiene declaraciones de implicados y confesos, los peritajes no son para convencer a los deudos, sino para verificar las declaraciones, para aportarlas al expediente que revisarán los jueces. Nada de esto disminuye la tragedia de lo sucedido, ni altera el curso legal del proceso.

La intención de los que magonean el dolor de los deudos es a como dé lugar, colgarle este asunto al gobierno federal. No lo dicen abiertamente pero lo dejan ver al calificar de “crimen de estado” una matanza causada por policías municipales coludidos con narcotraficantes, muchos ya detenidos y varios confesos. Y es tal la necedad que no les importa, si lograran imponer el dictamen de don Torero, que tendrían que salir libres los que aceptan haber asesinado a los muchachos: quedaría sin materia el juicio al acreditar que científicamente es imposible hacer lo que declaran que hicieron.

La torpeza del gobierno federal al reaccionar con lentitud al principio de toda esta tragedia está largamente superada… ahora cada año al “2 de octubre no se olvida”, se agregará: Ayotzinapa no se olvida. ¡Qué logro!

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