jueves, 28 de abril de 2016

7498. CONTIGO SANJUANA, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

Enviado por SINEMBARGO.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Gustavo De la Rosa.
Abril 26, 2016 - 12:00 A.M.

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Jesús Ortega, en los noventas, juraba con nosotros en el PRD que sólo garantizando libertad a los periodistas, aunque sus críticas nos incomodaran, podríamos esperar el cambio para mejor, pero ahora […] comprobamos la metamorfosis de este (igual que otros) demócrata de oportunidad. Foto: Cuartoscuro

El conflicto entre la prensa y el poder es permanente; los políticos saben que dependen de los medios de comunicación para llegar al poder, pero apenas lo consiguen, obligan a la prensa a que publique sólo lo que es de su interés.

Hay algo común entre los políticos y los delincuentes que les permite cambiar sus valores en cuanto son reclutados para hacer mal o para gobernar, y son sus prioridades al socializar.

Mientras que los ciudadanos tenemos como amigos a las personas con las que buscamos algún bien, que pueden enseñarnos algo o transmitirnos sentimientos de afecto y amor, los delincuentes y políticos buscan cómplices.

Y una periodista que publique la información que tiene en su poder será siempre enemiga fundamental de los políticos, y de los que ostentan poder económico; son escasos los políticos o empresarios que valoran la libertad de prensa, así como no hay delincuente que guste que publiquen sus fechorías; prefieren el silencio sobre sus actividades, a menos que sea propaganda a su favor.

Quienes hemos luchado por un México democrático durante los últimos 50 años hemos visto cómo algunos de nuestros compañeros de ruta se transformaron en verdaderos tiranos en cuanto tuvieron acceso a las decisiones públicas y al erario.

Jesús Ortega, en los noventas, juraba con nosotros en el PRD que sólo garantizando libertad a los periodistas, aunque sus críticas nos incomodaran, podríamos esperar el cambio para mejor, pero ahora que un juez ha dictado sentencia contra la informadora Sanjuana Martínez, por una demanda presentada por él, comprobamos la metamorfosis de este (igual que otros) demócrata de oportunidad.

En aquel entonces era imposible acceder a los medios, a menos que fuera para elogiar al Presidente de la República. Sólo algunos semanarios de provincia, como Z y La Jornada publicaban lo que pasaba en la izquierda mexicana, o en la derecha cultural arrinconada en el pan o en la Iglesia, necesitábamos de la prensa como un delfín requiere de salir a la superficie para no morir.

¿Por qué Ortega demanda a Sanjuana? Porque él ya no busca amigos ni un país democrático, busca cómplices, y ella más que tapadera es una rejilla de pulgada cuadrada de luz, ¡todo se le cuela!

Yo he sido servidor público por 12 años, primero como director del Cereso local, luego como visitador de derechos humanos, y al rendir protesta para el primer puesto me di cuenta que se acabó la privacidad de mi vida familiar y la fiesta interminable que traía desde los 25. Cualquier cosa que hiciera indebida debía ser conocida, porque todo lo que haga un funcionario es de interés público.

Así que si un servidor tiene el gusto por los burdeles, o por un porro sin receta médica (próximamente), más le vale ajustar sus prácticas. No deberá hacer negocios por su cuenta, limitar sus ingresos al pago quincenal y se acabaron los amigos inconvenientes.

El mayor riesgo que enfrenta un ciudadano que ejerce labor pública es que digan que algo hizo aunque no lo haya hecho, porque los gobernados pueden criticar y tener percepciones equivocadas de los políticos, y se debe limitar a aclarar que no es cierto.

Quienes disfrutan de las mieles del poder, que suelen ser muy dulces, deben retribuir con honorabilidad y ejemplaridad a los que les pagan su salario. Todo esto va con el mando y el poder en un país de leyes.

La prensa es uno de los factores que equilibran esa balanza entre los que mandan y los mandados; debe ser libre, así como los políticos deben llevar una vida sencilla y austera en la medianía republicana.

Jesús Ortega agrede a Sanjuana Martínez porque dice haber sido desprestigiado cuando la informadora reprodujo una charla con una trabajadora sexual que lo presumió como cliente.

Si el alegato es cierto, él debe acudir por ayuda profesional para aprender estrategias de autocontrol y enfrentar a su pareja Angélica, y si no es cierto (lo cual es muy posible), pues basta con que le explique a su mujer que son infamias, al cabo las esposas tienen la capacidad de reconocer la verdad en las palabras del marido.

Alegar graves daños a su fama pública porque lo acusan de gozar una noche de putas, por favor: ¿Qué fama pública le queda a un político rudo, manipulador, faccioso; que las ganaba a todas y a todos y que convirtió a un partido progresista en su empresa público-privada que terminó por llevar a la quiebra?

Después de todo lo que ha hecho Chucho Ortega, todavía reclamar prestigio social es cinismo propio de las hienas, que despojan de su comida a los leopardos y todavía se ríen.

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