martes, 5 de abril de 2016

7499. ¡QUÉ MANIOBRA!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Qué maniobra!
Toda su infancia este menda admiró mucho al tío Max por sus aventuras en la selva amazónica que recorrió durante siete años, buscando El Dorado con un mapa que le regaló un anciano brasileño de la tribu yagua que conoció en Tabasco. Nunca lo encontró pero se topó con muchas maravillas: pueblos prehistóricos que habitaban cavernas y usaban cacharros de oro puro; una tribu de mujeres de belleza irresistible, que sólo vestían “collares de esmeraldas”, ávidas secuestradoras de hombres que “luego” sacrificaban (“luego” ¿de qué?), pero él escapó porque una hija de la jefa de la tribu se enamoró; y muchas cosas más contaba, con detalles de asombro. Este López lo admiró más que a Sandokan y Kalimán, y no pocos recreos en la escuela, hacían corrillo otros niños a los que les repetía esas historias. Ya adolescente, me aconsejó la abuela Elena: -Ya no te andes creyendo esos inventos de Max; era tenedor de libros de la oficina de correos de Autlán y estuvo preso siete años por sus raterías –adiós para siempre  credulidad.

Noticia y escándalo mundial han desatado “los papeles de Panamá”, como ya se llama a la “filtración” de 11.5 millones de documentos sustraídos de Mossack Fonseca, un poderoso y famoso bufete de abogados (sucursales en más de 35  países), con domicilio en Panamá, dedicado al derecho comercial (servicios financieros o “gestión” de capitales, le llaman). Los archivos supuestamente pertenecientes a ese bufete (y en todo caso robados de este), cubren todas las operaciones realizadas desde su fundación en 1977.

Los documentos fueron entregados anónimamente a un periódico alemán (el prestigiado “Süddeutsche Zeitung”, que literalmente significa, “Periódico alemán del sur”), que por el volumen de los documentos y lo especializado de la materia, solicitó la desinteresada colaboración del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), que es una “organización sin fines de lucro, financiada por fundaciones y donaciones privadas” (usted cheque su portal de internet icij.org), con sede en Washington (pero, ¡but-of-course!), en que trabajan 190 periodistas en más de 65 países destapando delitos internacionales, corrupción y abusos de poder (¡cuánta bondad!, ahí andan de llaneros solitarios, por el puro gusto de hacer el bien).

La ICIJ y el “Süddeutsche Zeitung”, trabajaron durante más de un año con el apoyo de periodistas de más de cien diarios del mundo (le digo, hay gente abnegada). El resultado del análisis de operaciones en más de 200 países y territorios de  214 mil empresas “offshore” (con sede en países diferentes a aquellos en que operan), es el escandalazo que reventaron en todo el mundo este 3 de abril, nomás buscando que todo mundo pague bien y completos sus impuestos, faltaba más, ¿qué otra cosa se le ocurre que los pueda motivar a esos centenares de apóstoles del periodismo mundial?

Escoger al Mossack Fonseca para soltar este escándalo es como escoger a Ninel Conde para hablar de anatomía femenina o a Al Capone para rememorar la Prohibición. Mucho se ha dicho muchos años sobre la clientela de ese bufete, en 2011(enero 27), el “Globe and Mail” sacó un artículo que se llamó “Cómo aprendí a evadir al cobrador de impuestos en la Islas Vírgenes Británicas”; en diciembre de 2014, la VICE Magazine (yanqui canadiense), publicó un artículo titulado “La firma de abogados que trabaja con oligarcas, lavadores de dinero y dictadores”; también en 2014, Crítica publicó “Mossack Fonseca y la conexión Libia”; en febrero del año pasado, se le mencionó en torno al escándalo de impuestos que sacudió al Commerzbank de Alemania; y ahora esto… pero jamás nadie ha podido probar judicialmente que hagan cosas ilegales.

Igual, gracias a este megapelotazo, ya están en la picota del juicio sumario de la prensa   sin apelación ni recurso posible, muchos personajes, algunos mexicanos.

Dirá usted que este menda está loco, pero si es o no es cierto, es lo de menos. Lo de más es que por alguna extraña razón lo que se publica adquiere carta de legitimidad entre la gente. No es nada nuevo, por poner un sólo ejemplo: en 1902 se publicó en la Rusia zarista un fétido librito, “Los protocolos de los sabios de Sion”, diatriba contra los judíos para justificar su persecución; el Henry Ford de los coches, pagó de su bolsillo varias reimpresiones de ese libelo infame y no sólo, sino que encargó escribir el libro “El judío internacional”, tratando de probar que era cierto lo que decían los “Protocolos”; se tradujo a 26 idiomas y se reeditó 22 veces; el cliente favorito de esa sarta de mentiras y calumnias se llamaba Adolfo Hitler… aunque desde 1921 se sabía que los “Protocolos” eran un invento de la Ojrana (“Ojránnoyie otdeléniye”, Departamento de Seguridad), la policía secreta del Zar. Y sigue habiendo gente que los cree ciertos.

Parece más que obvio que algo (o mucho), de toda esta macrofiltración bien puede ser cierto. El SAT de Hacienda, ya declaró la noche del domingo, que “revisará la situación  que resulte procedente acerca de los contribuyentes señalados en la investigación periodística internacional  llamada #panamapapers”… ¿y qué rayos resulta procedente?... pues en principio, la presunción de inocencia ¿o por haberse publicado en muchos diarios ya son prueba de algo estos archivos?

Y también parece muy ingenuo pensar que el ingente esfuerzo que ha sido analizar tanto información, es por el puro gusto de sacar la verdad a la luz. Ha costado un dineral todo esto cuyo origen es anónimo (hágame usted el favor).

Otra consideración es que pudiera tratarse -de parte del “anónimo”-, de un enorme chantaje a alguno de los que operan con el bufete ese y que no aparecieron en los archivos publicados. Y no lo sabremos nunca.

Los que de veras estén chuecos, con esa información ya publicada, obtenida ilegalmente, quedan vacunados: ningún tribunal puede usarla como prueba de nada, precisamente por haberse obtenido ilícitamente. Qué irresponsabilidad... o ¡qué maniobra!

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