jueves, 7 de abril de 2016

7412. ASÍ SOMOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Así somos.
Contaba la abuela Elena, la paterno-autleca, que después de no tener cura en el pueblo casi tres años (allá por 1920), llegó uno muy bravo que echaba unos sermones que hubieran espantado a Savonarola. En pocos días tenía al pueblo entero rezando a rodilla el santo rosario en la plaza central y luego soliviantó a las señoras hasta conseguir la clausura de las dos casas de mala nota que había, la de doña Refugio -doña Cuca, la Rompecatres-, que era un tugurio para pelados y mecapaleros; y “Casa Antonia”, elegante establecimiento fundado por doña Toña -de joven, la Tumbahombres-, para señores decentes  (de ocho a doce tocaba piano el mismo señor que pulsaba el órgano en la parroquia, eran horarios distintos); en ambas se infringían los mismos mandamientos de la ley de Dios, pero no es lo mismo que lo mesmo. Después el párroco enfiló contra las cantinas, que eran más de dos y también divididas, las de pelados y mecapaleros, y las de la gente decente (borrachos todos eran muy parecidos pero tampoco lo mismo). Entonces sí ardió Troya. El ayuntamiento ya apenas resistía los recios sermones del padre cuando don Tencho, el señor alcalde, se fue a Guadalajara a hablar con el Obispo para pedir mesura… y se enteró por boca de su eminencia, que no había mandado cura a Autlán y debía ser un impostor. Feliz, regresó al pueblo el alcalde a revienta caballo. Se regó la noticia como se saben las cosas en los pueblos y en menos que canta un gallo, una turba de señoras decentes (echando lumbre porque todas se habían confesado con el tipo ese), tomó por asalto la casa parroquial para encontrar al caballero muy bien acompañado por una pupila de doña Toña. Casi lo linchan.

Ya lo hemos comentado antes: raro país el nuestro. Conquistado por tlaxcaltecas en favor de los españoles; independizado por españoles en favor de los gringos. Somos una raza de raro mestizaje que se siente indigenista, pero “indio” es insulto y serlo, desgracia; amables pero albureros; entrones pero dejados; ofrecidos pero informales; humildes pero alzados; acomplejados pero soberbios; bravos pero llorones; desconfiados como novicia en cuartel pero masivamente cándidos en cada elección.

Sabemos que los gobernantes nos mienten y los gobernantes saben que les mentimos, pero cuando se exhibe una chapuza de funcionario, se arma escándalo como si fuera sorpresa; y siendo delito no conducirse con verdad ante la autoridad, hacerlo es universalmente considerado propio de estúpidos. Lo primero se olvida pronto, lo segundo nunca, que en nuestro país el calificativo que rima con azulejo, es el peor baldón social.

Somos una de las sociedades más violentas del mundo y vivimos en medio de una catarata de adversidades, pero al contestar el teléfono seguimos diciendo “bueno”; y si le preguntan: -¿Cómo estás? -es obligatorio responder: -Muy bien, gracias -aunque venga del funeral de su madre, se acabe de enterar que su hija trabaja colgando encuerada de un tubo, que la esposa le pone los cuernos o esté sin empleo… y el otro dirá siempre: -Bien también, gracias (y en caso extremo como en pleno velorio o a medio embargo, se puede decir: -Pues, aquí, pasándola…).

Raro país, qué duda cabe. De nuestra historia sabemos menos que de los pecados de una tatarabuela y de nuestros héroes, sabemos apenas que Hidalgo era un cura calvito, greñudo de atrás, con estandarte; de Morelos que usaba pañolón en la cabeza; de Guerrero que se subía las solapas hasta los cachetes; de Juárez que era indio y andaba en carreta; de Zapata que gastaba sombrerote y bigotazo; de Villa que era panzón y muy simpático; de Madero que era chaparrito, bueno y tonto; de Carranza que usaba barba y lentes redondos; de Cárdenas que es papá de Cárdenas y que se disgustó con los gringos quién sabe por qué.

Hay cosas que nos molestan: la corrupción, por supuesto, pero el que desaprovecha la posibilidad de beneficiarse con un compadre influyente, consiguiendo contratos o pedidos con precios inflados, es un idiota, burla de sus amigos; y peor todavía: el que agarra hueso y no se hace rico, es un mediocre irresponsable que no pensó en su familia, imbécil incorregible, nunca decente, en todo caso, cobarde. La política en general también nos molesta, por ser fuente única de nuestros males, pero basta estar a menos de dos metros de un político para admirarlo y presumir de su amistad. Nos tienen hartos los sindicatos pero sin dejar por eso la plaza de aviador de la CNTE que es una entradita extra. Y por encima de todo nos molestan los impuestos, tanto, que nos los robamos para que no nos los roben.

Estamos convencidos de que amamos la democracia -sin haber tenido el gusto-; gastamos millonadas para cuidarla, la tenemos abandonada y el sueño húmedo colectivo es tener un Presidente con las virtudes de Juárez (que se reelegía en la presidencia como pedir otro de maciza), con la firmeza de don Porfirio (que mandaba matar como quien encarga un refresco), que traiga corto al Congreso y que los gobernadores le contesten “sí, patrón”. Porque eso sí somos: una democracia sin demócratas.

En el concierto de las naciones nos ven como a un pez que se broncea en la playa y nosotros tan quitados de la pena.

Sí… lo hemos comentado antes.

Ahora se suma a nuestras peculiaridades, aceptar como verdades reveladas personalmente por el mismísimo Dios, todo lo que venga de cualquier institución oficial del extranjero, de una ONG (que es de fiar por eso, por ser no gubernamental), y la prensa, siempre y cuando -porque hay una condición, recuerde que somos muy desconfiados-, siempre y cuando contradiga al gobierno, aunque sea a contrapelo del sentido común, o asegure que ahora sí nada nos libra de la catástrofe.

Algo nos pasa, esa credulidad es posible sólo olvidando las que nos han hecho desde el extranjero, tantas veces; que tenemos un primo vividor que fundó su ONG con su esposa y dos compadres, y que hasta hace pocos años decir prensa era decir cómplice de los malos y de los peores… pero, ¡tcht!, así somos.

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