jueves, 14 de abril de 2016

7434. MUCHO SASTRE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Mucho sastre.
Tal vez recuerde usted a tío Felipe, aquél que regresó a Autlán (por ahí de 1930), diciendo que era veterinario, sin haber pisado la escuela, y a la primera vaca que mató, tuvo que salir huyendo del pueblo, para instalarse en Guadalajara como ingeniero civil, que tampoco era, profesión de la que vivió con aceptable confort algunos años, gracias a la sabiduría de sus ‘maistros’ de obras, hasta que ya creyéndose que sí era ingeniero calculó un puente que costó algunas vidas, razón por la que se trasladó ágilmente a la Ciudad de México a ejercer la obstetricia, porque pensó que eso no era enfermedad ni había que curarle nada a las señoras en estado de buena esperanza, con la precaución (la vida enseña), de que a la menor complicación las “derivaba” con un especialista (o sea, cualquiera que sí fuera médico), y encima, por eso, hacer prestigio de “honesto”, hasta que según él por envidia, algún doctor que sí lo era, le avisó a la autoridad y cerró su consultorio, abandonó a sus pacientes y empezó a ejercer de psicólogo, que en esos tiempos no requería de cédula profesional. Ya se quedó con esa profesión el resto de su larga vida y como tenía don de gentes clientela le sobraba aunque la abuela Elena decía que de cada tres pacientes, uno se le suicidaba… bueno, gajes del oficio.

Ha llamado la atención y empieza a levantar polvo, la “Iniciativa ciudadana de Ley general de responsabilidades administrativas”, coloquialmente conocida como la “ley 3 de 3”. Al principio porque se dudaba que recolectaran las 120 mil firmas que absurdamente exige la ley para que el Congreso reciba una iniciativa que no provenga de presidencia de la república o los propios legisladores, como si una buena idea, una aportación, no mereciera por sí misma la atención de los calzonazos que la mayoría de los legisladores de este país son (que también hay de los otros, de los alfabetizados, seriecitos y bien peinados que sí saben su oficio y lo ejercen). Pero, sorpresa, colectaron varias veces más el número mínimo de firmas, una verdadera catarata de apoyo ciudadano. Muy bien gente, muy bien.

Las personas que hicieron la iniciativa ésta son gente seria y seguramente, con las mejores intenciones (¿qué de malo puede tener legislar eficazmente contra la corrupción?), constituyeron un equipo de tres redactores, un grupo de quince  expertos participantes, otro de siete colaboradores y un coordinador, todos de instituciones y universidades de prestigio. Total: 26 ciudadanos pensando en el bien de toda la sociedad.

Leyendo hoy la cabeza de una nota periodística que reza: “Advierten PRI y PVEM en el Senado que no avalarán la llamada ley 3 de 3” (La Jornada, edición del miércoles 13 de abril de 2016, pág. 3), lo primero que se le ocurre a uno es que los renegridos tricolores y sus comparsas verdes le van a hacer una travesura a la “3 de 3”, que maldita la gracia les debe hacer. Pero, fíjese que no.

Resulta que (cito la nota de La Jornada): “El presidente de la Comisión Anticorrupción y Participación Ciudadana, Pablo Escudero, advirtió que quienes impulsan esa ley están pidiendo a los senadores que violen la Constitución (…)”; ¡áchis! pensó este López parafraseando a Einstein cuando supo de la bomba atómica. ¿Cómo está eso?... y se pone uno a leer y busca el texto de la Iniciativa y sí, no hay engaño de parte del senador Escudero:

Se propone en un artículo de la Iniciativa, que un “tribunal administrativo” autorice labores de espionaje, que eso es intervenir teléfonos. Dice el artículo 54 del documento que apoyan más de 600 mil ciudadanos: “Asimismo, la autoridad encargada de la investigación podrá utilizar medios de grabación y registro ocultos para documentar las circunstancias de tiempo, modo y lugar en las que suceden los hechos materia de la investigación. Para la intervención de comunicaciones privadas se requerirá de autorización del tribunal de justicia administrativa que resulte competente y para tal efecto se estará al procedimiento establecido en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión” (cita de la Iniciativa porque en La Jornada salió un batidillo, quién sabe si responsabilidad del senador o del reportero… lo ponen a uno a trabajar).

En pocas palabras: lo que dispone la Constitución les vino guango a los 26 bienintencionados. Mire lo que dicen los párrafos 12 y 13 del artículo 165 de la Constitución:

“Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privacía de las mismas (…)

Exclusivamente la autoridad judicial federal, a petición de la autoridad federal que faculte la ley o del titular del Ministerio Público de la entidad federativa correspondiente, podrá autorizar la intervención de cualquier comunicación privada (…) La autoridad judicial federal no podrá otorgar estas autorizaciones cuando se trate de materias de carácter electoral, fiscal, mercantil, civil, laboral o administrativo, ni en el caso de las comunicaciones del detenido con su defensor”.

Clarito dice “exclusivamente” y clarito dice que no para materia administrativa… qué pena.

Ya leyendo toda la Iniciativa se encuentra uno con otras perlas, como su propuesta de crear el delito de “Conspiración para cometer actos de corrupción”, que será castigado se cometa o no ningún acto de corrupción, lo que pone en riesgo de ir al bote a los que siendo muy honrados, platiquen cómo se le hace para saquear las arcas del Banco de México (la conspiración, por cierto, sólo es punible cuando se trata de delitos contra la seguridad de la nación, artículo 141 del Código Penal federal, por cierto). Es que, sabe usted, soñar no cuesta nada y planear sin cometer el delito, tampoco.

Y tiene otras varias pifias la Iniciativa. No duda uno de la buena intención, tampoco de la sabiduría de cada uno de los que intervinieron, pero las buenas intenciones y hacer y hacer leyes no resuelve nada, además de que estas cosas pasan cuando hacen un pastel entre pocos pasteleros y mucho sastre. 

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