miércoles, 4 de mayo de 2016

7526. PERDER MENOS, ES GANANCIA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Perder menos, es ganancia.
Según comentábamos ayer, a pesar de estar acostumbrados en México a gobernantes malones, ahora alarma de algunos no pocos, su creciente capacidad para meter la pata, junto con una cínica avidez por lo ajeno antes no vista, sin mencionar por desvanecimiento de la esperanza, la cota rasante a nivel terracería de sus prendas intelectuales y culto por lo trivial, hilarante de no ser dramáticas sus consecuencias para la nación, sin despreciar sólo por esto al jefe de estado ayuno de lecturas, pues los ha habido prácticamente analfabetos como Carlomagno, restaurador del Imperio Romano de Occidente, sin haber menguado  su talla de grande de la historia el no haber leído jamás tres libros.

Por ello y siendo con éste hato al poder, tan eficaz predicarles virtudes como combatir un incendio forestal a buches, proponemos predicarles algunos vicios que nos puedan ahorrar más achuchones, a fin de regresar a márgenes aceptables -los generalmente aceptados por el tenochca simple-, los desvíos de su conducta pública, pues muy lejos de nuestro interés están sus hábitos privados, el estado de sus almas y el destino que les espera, de tener razón la Biblia y Dante.

De esta manera, ayer, apuntamos algo de lo positivo para la patria en caso de conseguir dediquen la mayor parte de su tiempo a la lujuria, pues atentos -no distraídos, atentos-, en disfrutar con tanta frecuencia como les sea posible, los favores del sexo de su preferencia -en estos tiempos, créamelo, es mejor decirlo así-, disminuyen notoriamente las funestas consecuencias nacidas de ejercer el cargo sufriendo congestión de humores, a más de la apreciable ventaja de la indefensión de los ratos indispensables para reponer fuerzas y recargar ánimos, durante los cuales no ha nacido quien alegue, consiguiendo así por boca de sus compañeros de retozos, se enteren de algo de la realidad nacional, del calibre de sus estupideces más recientes y hasta firmes promesas de enmienda, con tal de tener de nuevo acceso a las delicadezas genésicas del objeto de su lascivia.

Toca hoy el turno a ponderar la virtud de la pereza, tan injustamente calificada como vicio, por malinterpretada. Pereza no es desgana -materia médica-; tampoco es desidia, dejadez ni apatía -asuntos del psicólogo-; cuantimenos la pereza es  vagancia, holgazanería ni negligencia -problemas no atendidos nalgarmente en la infancia-; pereza es el hábito bueno, la virtud, de no hacer nada si puede ser hecho por otro; no es pereza parar a un taxista para cambiar la llanta ponchada del auto, como no es pereza pagar al jardinero ni al plomero, ni comprar hechas las camisas.

Importa ponderar la pereza bien entendida, aparte de sus implicaciones en cuestiones de administración pública, por estar de moda el más irracional activismo como sinónimo de energía, salud y extraño método de prolongación de la existencia. Ahora es digno de repulsa quien permanece una hora más por las mañanas en la cálida seguridad de su lecho, en lugar de salir a trotar entre nubes de aire lleno de humos, por calles frecuentadas por malandrines igual de madrugadores, sorteando perros de dudosas intenciones y tolerando el irracional saludo de desconocidos excedidos de peso, felices de ir caminando enfundados en “trajes de deporte”, rumbo al puesto de tortas de tamal.

Y ese activismo aplicado a los asuntos de Estado es de alta peligrosidad. Nuestros políticos cuando menos de Luis Echeverría para acá, sienten tener obligación de inaugurar toda obra pública o fiesta popular, de dar banderazos de salida, abrir válvulas, encender focos, dar el escobazo inicial en campañas de limpieza, recibir la primera vacuna y entregar diplomas, títulos de propiedad, llaves de tractores o niños en adopción. ¡Alto!

El activismo presidencial corroe a la nación. No exagera este menda. Mire: el actual Presidente, desde el primer día en el cargo -el 1º de diciembre de 2012-, al 18 de agosto de 2015 (no encontró el del teclado información más actualizada), había realizado 258 viajes a los estados del país; consideremos siempre que los viajes en México son de un solo día. Aparte, son las 35 giras al extranjero, más de 60 días fuera. Si fuera el Superman de Toluca, llegando, llegando, se pone a trabajar, pero no, no parece ser de acero y debe tomarse algún descanso, agreguemos conservadoramente medio día por gira, para reponer fuerzas (no es gran cosa, piense cuando regresó de China… apenas); eso arroja un total de 477 días fuera de su oficina.

Haga la cuenta: son 990 días en ese lapso, reste los 477 días de giras, nos quedan 513 días; reste ahora las vacaciones presidenciales (oficialmente, son 24 días), ya restan sólo 489 días; menos fines de semana (52 por año), en ese lapso, son 135; por dos días, da 270; ya nos quedan 219 días dedicados a trabajar… pero cuando está en la capital del país, si no tiene un acto público, abandera a alguien, inaugura algo, lo visita la delegación olímpica, la selección nacional, las Chivas y el Atlas.

En ese activismo brutal ya no debe preguntarse a qué hora trabaja un Presidente de México, sino a qué hora piensa, a qué hora medita. A qué hora pondera los asuntos. ¿Se imagina al presidente Peña Nieto leyendo y tomando notas?... ¿caminando por los prados de Los Pinos con un legajo en las manos al que echa una hojeada de vez en cuando?

Debemos iniciar una cruzada en pro de la santa pereza. De la siesta. Del levantarse no antes de las nueve de la mañana. No es productivo moverse todo el tiempo y menos, moverse a lo tonto.

Que el Congreso emita una ley que obligue al Presidente a estar no menos de seis horas diarias solo en su oficina (si se pone a ver televisión o se queda dormido, no pasa nada, sólo disminuirían las posibilidades de arruinar algo); y las otras dos horas, dedicadas a tomar acuerdo obligatorio con cada uno de sus secretarios. Después… después debe tener prohibido hacer nada oficial.

¿Gana la patria?... no, pero es un modo de perder menos y como estamos, perder menos es ganancia.

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