sábado, 7 de mayo de 2016

7540. ¡MUCHAS GRACIAS!

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
¡Muchas gracias!

El sábado cumplí 46 años de actividad periodística. La inicié por culpa de Jaime Ochoa Ceja, nuestro Director de El Diario de Zamora, quien me llevó a trabajar con él a La Voz de Zamora, de Miguel Valencia Mora (ahora El Independiente). Inicié como su ayudante en el Linotipo. Luego fui Linotipista, cuando Jaime se fue pál norte. Empecé ganando 70 pesos a la semana como ayudante. Luego, como titular, de golpe y porrazo aumentó mi salario a 350 pesos a la semana (era un billetotote). Así, pude estudiar la secundaria y la prepa. Luego ya no hubo lana para continuar mis estudios. Antes las becas eran solamente para los hijos de ricos y de políticos. Para Juan Pueblo no había nada.

Éste domingo 8 de Mayo, inicio dándole las gracias al Todo poderoso, por permitirme llegar a los 60 años de edad, cuando las enfermedades afloran, cuando ya duele dormir, como duele también despertar. El sol lacera la piel. El cansancio domina, a veces aplasta. Duelen los cayos, juanetes, ojos de pescado, las uñas enterradas; y hasta pesan más las pestañas.

No ha sido fácil llegar a la tercera edad. Ahora comprendo a nuestros viejitos. Y hasta nos damos el lujo de apresurarlos en su cada día más lentos y penosos pasos.

Nací en el año de 1956 allá, en un pintoresco ranchito conocido como San Pedro Jorullo, en el municipio de La Huacana, Michoacán. Enclavado cerca de las Minas de Inguarán, así como del apagado Volcán del Jorullo.

A los 8 años de edad llegué a Jacona-Zamora para quedarme.

Soy periodista y me encanta esa actividad, en la que he encontrado de todo, hasta la injuria vomitada desde el interior de una cabina radiofónica por rabioso can, que a veces  la utiliza para saciar su instinto masturbador, muy natural, pero surgido de mente demoniaca que un día le “cuitió” a Dios, al abandonar su preparación sacerdotal del Seminario. Guardé silencio en su momento, pero ya no soportaré más ataques. A ver quién se raja primero.

Como periodista convertido en la Universidad de la Vida, he logrado la superación, siempre con honradez y respeto absoluto, sin caer en el chantaje, en la corrupción, mucho menos en la prostitución periodística.

Me jacto de decirlo una y mil veces, que Dios me ha bendecido con una buena esposa, mejores hijos y qué decir de mis seis nietos.

He recibido de todo: saludos, apapachos, agresiones físicas y verbales; y hasta la amenaza de muerte. “Haaay, nunca fui monedita de oro…”

He señalado, criticado, pero también he reconocido a quienes hacen bien las  cosas.

Y he sufrido la humillación de ser despedido de mi soñado empleo, al llegar a la Dirección de Comunicación Social del Ayuntamiento de Jacona, donde conocí la bondad, pero también la maldad, que poco a poco les iré describiendo, mis amables lectores.

Créanmelo, que duele mucho la humillación, pero también el acoso laboral, la presión y la mentira cuando nos la escupen en la cara por femeninos rostros angelicales que de pronto se transforman en demoníacos.

Se constituyen en delitos que la autoridad sanciona, porque a los seres humanos nos asiste el derecho a trabajar en armonía y a vivir en paz, con respeto y en un ambiente enmarcado de camaradería.

Desgraciadamente, quien nunca tuvo una pelotita para jugar, cuando de pronto la tiene en sus manos no sabe qué hacer con ella y juega solamente con quien desea, cubriéndose de empoderamiento.

Mis amables lectores, gracias por permitirme estar con ustedes durante éstos 46 años de actividad periodística. Gracias a quienes me felicitaron y a quienes tal vez tuvieron la intención de hacerlo. Espero seguir contando con el favor de su lectura. Vaya pues un abrazo sincero para todos ustedes.


¡Ah! y recuerden que en todos los caminos, hasta los que hayan sido recientemente pavimentados, siempre habrá piedritas que sortear.

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