lunes, 9 de mayo de 2016

7548. ¡LÁSTIMA!

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
¡Lástima!

“Del plato a la boca, se cae la sopa”; “Del gozo, al pozo”…
         
El equipo de futbol Zamora de segunda división, se coronó campeón con creces, demostrando su poderío, el potencial futbolístico de los jóvenes, la capacidad del entrenador, pero sobre todo de la directiva y propietario del club.
         
Aplastó a Tamaulipas para subir a la Liga Premier, antes de la Liga MX, que es la puerta para el máximo circuito del balompié nacional.
         
Lamentablemente ¡otra vez! ¡por enésima ocasión!, esa euforia que embriagó a la fanaticada, se puede convertir una vez más en frustración, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, cuando Zamora fue campeón de la tercera división. Ya en segunda, su propietario se llevó el club para el norte del país, porque en el ahora vetusto estadio Zamora apenas le cabían 5 mil aficionados. O sea, no había estadio para albergar el número de espectadores que exigía la Federación Mexicana de Futbol.
         
Ahora se vive “el mismo cuete”. O sea, tenemos equipo en una división mayor, pero como no se cuenta con un estadio, no podría participar durante año; y si no logra contar con él, ni después.
         
Tenemos un “elefante blanco” que pudiera ser un majestuoso estadio, pero a alguien se le ocurrió, sin que lo haya comprobado de manera oficial y tajante, decir que se había construido en su primera etapa sobre “una falla geológica”. Especialistas de la UMSNH vinieron para hacer una resonancia magnética en las tribunas. Éstas comprobaron estar bien hechas y que no había riesgo; pero como el estadio fue víctima de la política maquiavélica, se suspendió la continuidad de su construcción. Y allí está, olvidada, no obstante a las promesas de concluirlo.
         
Hace falta la inversión de empresas refresqueras, cerveceras, entre otras, para continuar con su segunda etapa.
         
El Estadio Zamora, ubicado allá por el Libramiento Oriente, está olvidado y amenazado por una lenta destrucción por el padre tiempo. No cuenta con área para estacionamiento vehicular, porque el propietario del terreno lo encareció dominado por la ambición, sabedor de que más tarde que temprano se lo comprarían los dueños del estadio, que es el mismísimo municipio.
         
Para la primera etapa de ese estadio intervinieron los gobiernos estatal y municipal. El Estado adquirió palcos y plateas que luego regaló a individuos y agrupaciones organizadas. Muchos las compraron, pero murieron sin usarlos, sin presenciar su amado futbol.
         
Ni siquiera los desorganizados palcohabientes han exigido la devolución del dinero que invirtieron, con la esperanza de que algún día sea concluido el estadio.
         
Muchas promesas han surgido entre el argot político, pero jamás han sido cumplidas. La gente continúa en espera de consolidar su sueño: el ver la existencia de un buen estadio de futbol en Zamora.
         
En la Unidad Deportiva El Chamizal no se podrá jugar, simple y sencillamente porque no existen tribunas para albergar a por lo menos cinco mil aficionados, porque no se vislumbra posibilidad alguna para que la autoridad municipal las construya en los extremos oriente y poniente; en las cabeceras de la Cancha A de la Unidad Deportiva “El Chamizal”, para redondearlo como estadio. Y no se construirá porque existen pugnas, diferencias que solamente “están causando daño al lacerado Juan Pueblo de Zamora”.
         
En la Unidad Deportiva Poniente sí se alberga a 5 mil aficionados, pero dicen que la Federación Mexicana de Futbol no permite estructuras, pues exige tribunas de concreto, por aquello de las recondenadas dudas.
         
El equipo Zamora no podrá jugar en el Estadio “Juan N. López” de La Piedad, como se lo han ofrecido, porque los estatutos de la FMF indican que necesaria y obligadamente deberán jugar por lo menos un año en su lugar de origen, para evitar que al club se lo lleven a otro lado (como ya ha ocurrido anteriormente), pues ello se constituyó en su momento en un negocio redondo para los propietarios, dejando con un “palmo de narices” a la siempre sufrida afición. “Ahí’tá pues”.

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