martes, 10 de mayo de 2016

7553. REBELDE CON CAUSA.

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Rebelde Con Causa.

Esto no  está permitido mirar que yo mire  el mundo y peor aún, insistir en  que veo lo que veo -un acertijo, una furia, un arbusto en llamas-.
Fragmento del poema Profecía de;
Daniel Berrigan (1921-2016)


A los 94 años de edad falleció la semana pasada Daniel Berrigan, sacerdote jesuita conocido en Estados Unidos por su oposición a la guerra y al imperialismo militar estadounidense. Fundador de la organización Catholic Worker, Daniel Berrigan y su hermano Philip fueron no sólo promotores de la paz, sino activistas contra la guerra y contra la proliferación contra las armas nucleares, como cuando hace 48 años, en un día caluroso de mayo de la década dorada de 1968, penetraron en un centro de reclutamiento militar, tomaron archivos de más de 300 jóvenes y los quemaron en la calle, los quemaron con napalm, el tóxico quemante que el ejército estadounidense utilizó contra la población vietnamita: “quemamos papeles en lugar de niños”, afirmaron los rebeldes a los medios “para despertar la ira de los representantes de la muerte”. Berrigan y otros ocho activistas fueron arrestados, Daniel logró darse a la fuga y durante varios meses se convirtió en uno de los delincuentes más buscados por el FBI.

Ante la desesperanza y la resignación que se expresa en el “Nada se puede hacer”, Berrigan y sus compañeros mostraron a los norteamericanos que siempre se puede hacer algo para despertar las conciencias adormecidas. La quema de los archivos de los jóvenes reclutados, la mayoría a la fuerza, de Catsonville:  “encendió los lugares oscuros del corazón, donde la valentía, el riesgo y la esperanza estaban esperando una señal, un amanecer. Por el resto de nuestras vidas, estos incendios estarían vivos en corazones y mentes, en juntas de reclutamiento, en prisiones y tribunales”, manifestó Berrigan.

Ante el grito de resignación del ‘Nada se puede hacer’,  por supuesto, algo podía hacerse, y se hizo. Y se hará”, agregó Berrigan que sumó una larga serie de arrestos desde que por primera vez fue capturado por sus manifestaciones públicas contra la guerra en 1976.

Daniel viajó a Viet Nam durante la guerra de invasión y se internó en las zonas de guerra. Años después en 1980 los hermanos Berrigan y otros rebeldes por la paz ingresaron a una fábrica de misiles de la General Electric y con martillos inutilizaron los misiles y los marcaron con su sangre. Ante el tribunal, Berrigan afirmó: “el único mensaje que tengo para el mundo es: no, no se nos permite matar a gente inocente. No se nos permite ser cómplices en asesinatos.”

Berrigan nunca recibió el Premio Nobel de la Paz, otros que son promotores de la guerra, sí lo recibieron. Eso no le importaba al sacerdote y poeta que dejó una profunda huella en su paso por el mundo. Fue un guerrillero pacifista en un país en donde serlo significaba ser perseguido por los Señores de la guerra y sus aparatos policiacos. Hacen falta muchos sacerdotes y seglares como él.

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