miércoles, 11 de mayo de 2016

7557. GOBIERNOS VIRTUALES.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Gobiernos virtuales.  
Tía Pepa, prima hermana de la materno-toluqueña abuela Virgen (la de los siete embarazos), se casó con un tipo, entre peculiar y detestable, cuya presencia en las reuniones familiares, se intentaba evitar a toda costa, y que con absoluto impudor y a cualquier precio, se hacía presente en todas. Patán de medio pelo, político-alcohólico de tiempo completo, líder obrero enriquecido a golpes de vileza, intermitente diputado en todas sus variantes, senador una vez, alcalde de municipios que no sabía dónde estaban, empeñado en caerle bien a todos aunque no era raro que lo dejaran solo en su mesa en bodas y quince años (tía Pepa y sus hijos, tampoco se sentaban con él); pero el tipo era impermeable, cínico profesional, que sin tener invitación mandaba primero a una orquesta que nadie iba a rechazar (de Pérez Prado para arriba), al trío Los Panchos, mariachi con Lola Beltrán y una vez, con Pedro Infante (aunque usted no lo crea), y atrás, entraba él con una inmensa sonrisa, como dueño de la fiesta. Inenarrable cara dura que no tenía límites. Finalmente murió para alivio general (de tía Pepa y sus hijos, también), pero el día de su funeral dio otra sorpresa, la última increíble sorpresa del desvergonzado que en vida fue: dejó pagadas planas completas en el ‘Excelsior’ de entonces, firmadas por cada uno de la familia, dando el más sentido pésame por su fallecimiento, tantas planas que las pusieron en una sección especial, parecía que hubiera vuelto a morir Juárez, que la familia estaba desecha por la pena. Tío Armando, hermano de la coronela madre de este menda, publicó al día siguiente una esquela a media plana (Primera Sección), participando que nadie de la familia lamentaba el “feliz fallecimiento”. Este López sí lo lamentó, el tío ese le caía rebien por el billete de cien que le daba cada vez que lo veía, cuando su domingo estándar era un peso.

Si usted no es de la generación que vivió el pricámbrico clásico mexicano, no recuerda los tiempos ya idos en que el Presidente de México hablaba cada vez que se aparecía la Virgen (rara vez), salía en la primera plana de la prensa muy de vez en cuando y cuando lo hacía era por algo muy relevante. Por eso se oía en la radio el Informe, porque era cuando se enteraba uno de las cosas, por viva voz del responsable (porque además, comprendo que no lo crea: se mentía menos, mucho menos que ahora, lo estrictamente indispensable).

Si usted nació en los años 70’s tampoco recuerda las carcajadas colectivas que causó el gobierno de Luis Echeverría Álvarez, quien de casi mudo, gris secretario de Gobernación, ya presidente, mutó a populista apasionado de oírse a sí mismo, pontificando sobre cualquier tema, acuñando frases como “Ni nos perjudica, ni nos beneficia, sino todo lo contrario” (que sí lo dijo, refiriéndose a las relaciones en esos tiempos, con los EUA); y puso de moda la gira perpetua, inaugurando, clausurando, supervisando todo. Una pesadilla diaria en primera plana y a ocho columnas.

Ya establecido el impudor, le siguió don López Portillo, presidente jinete, tenista, boxeador, cantante, arquero, dibujante, orador (bueno), enamorado, piadoso católico, personificación de Quetzalcóatl (se lo creía), personificación del conquistador (también se lo creía), también en gira perpetua. Otra pesadilla.

Con los que siguieron la cosa empeoró porque además les dio por ser simpáticos y buscar afanosamente la “popularidad”, al principio usando las encuestas y hoy las llamadas redes sociales, el tuiter, el Facebook y zarandajas relacionadas. Mala copia del estilo yanqui de hacer política (si allá les funciona y sirve, es cosa que ignora el del teclado, pero que acá es sabido y a todos consta, es fuente de infinitos papelazos, entre otras cosas porque -tome nota, señor Presidente-, acá no hay reelección; el que llegó, llegó, jamás regresa y a lo más a lo que puede aspirar es a que la gente no repudie su memoria).

A los presidentes y gobernadores de estos tiempos, no les basta con hacerse presentes en todas partes, suponiendo que nadie sabemos que la gente que retaca los lugares a que acuden, es  audiencia siempre a modo, previamente cacheada, pasada por detector de metales, vigilada estrechamente por militares o policías disfrazados de civiles, con la zona rodeada por soldados o policías, medidas de seguridad que ellos creen reflejan su importancia sin darse cuenta que justifican su prestigio, comprueban su fama y abonan lo que la gente de a pie ya piensa de ellos.

De esta manera ahora, los políticos que consideran tener futuro en su oficio, Presidente incluido (aunque ya vive en su futuro y no tenga posibilidad ninguna de continuar en la política en nada, ni de meritorio de una oficina de Correos), nos traen a tuitazos, felicitando, informando, condoliéndose, haciéndose solidarios de cualquier causa… cayéndonos bien, pues, aunque con resultados muy discutibles que ellos disimulan con “bots”, esos “hits” falsos, lectores inventados de sus mensajitos bobos. Estaría bueno que por ley se sometieran todos a la revisión de empresas como la ‘com.Score’, que certifica el efectivo número de visitantes que tiene cada portal, cada sitio de la red. ¡Ronchas les saca la sola idea!

Y cuando piensa uno que ya no hay nada que les falte por hacer, que ninguna extravagancia les es ajena, que no han dejado de intentar nada por estrafalario que sea, que su repertorio ya incluye toda ridiculez o indignidad, ayer nos recetaron fotos de ellos con sus señoras mamás, de todos nuestros respetos cada una, pero no de ellos, usadas como comparsas en la inexistente competencia de caerle bien al peladaje, a todos nosotros. Tienen madre, ¿y qué?, todos tenemos o tuvimos, Mochaorejas, Chapo y Santa Teresita del Niño Jesús incluidos.

Antes era “pan y circo”, tener resueltas las necesidades de la gente y distraerlos, ahora face y tuiter, aparentando gobernar y estar en todo desde las redes, porque tienen tal miedo a la gente que acabaron siendo gobiernos virtuales.

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