miércoles, 11 de mayo de 2016

7560. DIALOGAR CON NARCOS PROPONE LA IGLESIA.

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Dialogar con narcos propone la Iglesia.

“Sin piedad la justicia se torna crueldad. Y la piedad sin justicia, es debilidad”.
Pietro Metastasio (1698-1782)
Poeta italiano.


Los obispos mexicanos impulsan la idea de que el mejor camino para recuperar la paz en nuestro país es el diálogo, el perdón, la reconciliación. Universidades privadas, y organizaciones civiles han hecho eco de la propuesta de la Iglesia e imparten talleres y diplomados con temas relacionados. La propuesta se inspira en la pedagogía del perdón y reconciliación que se aplica en Colombia, otro de los países golpeados por la ola violenta que se origina en la guerra del Estado contra el narcotráfico.

Obispos, curas y seglares reciben capacitación en la mencionada pedagogía, pero hasta los mismos instructores llegados de Colombia para impartir los talleres expresan sus dudas en relación a los resultados: “Sin embargo, hasta el momento todos estos son esfuerzos atomizados y aislados que pueden desgastar energías de manera infructuosa. Hace falta articularlos a nivel nacional, amoldarlos a una estrategia que ayude a caminar en una ruta”, afirmó Rosa Inés Floriano, una de las instructoras colombianas en entrevista con la prensa mexicana.

La participación de obispos, curas y seglares en este tipo de eventos es un reconocimiento tácito de la ignorancia que existe entre quienes deberían de ser promotores de la paz, los jerarcas, sacerdotes y seglares que afirman conocer el mensaje del Maestro Jesús. Es un hecho inusitado que quienes deberían de conocer el Padre nuestro al derecho y al revés se estén capacitando en un tema que deberían de conocer, y no sólo conocer, sino practicar y promover con el ejemplo: el mensaje evangélico de la paz, la no violencia, el perdón, la reconciliación.

Un ejemplo muy claro de que la paz se construye con algo más que palabras es la vida del recientemente fallecido sacerdote jesuita Daniel Berrigan, activista estadounidense que no sólo en sus homilías hablaba de paz, sino con su vida dio un ejemplo de lucha contra los promotores de la guerra.

Los críticos de la Iglesia consideran que este movimiento que se promueve desde las altas cúpulas de la Iglesia sólo pretende promover el perdón, olvidando la otra parte, la parte social del problema que es la justicia. Es una estrategia para desviar la atención sobre la inmovilidad de la Iglesia, sobre su silencio y su falta de compromiso con el pueblo golpeado por la violencia.

 El perdón que promueve la Iglesia o mejor dicho, la jerarquía eclesiástica, es un camuflaje para evadir la responsabilidad de denunciar la injusticia, ¿serán necesarios talleres de capacitación para que obispos, sacerdotes y seglares entiendan que perdón y justicia son dos dimensiones diferentes del problema de la violencia y que es un deber ineludible denunciar la injusticia?

Otra idea de la pedagogía importada de Colombia es la propuesta de establecer un diálogo entre víctimas y victimarios, una idea que parece aberrante y que desde el punto de vista de los instructores colombianos tendría como finalidad que las víctimas obtengan respuestas a sus porqués hablando directamente con sus ofensores y así  en esos espacios posiblemente puede brotar el perdón y la reconciliación.

¿Acaso no está claro quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios? Para los instructores colombianos no está claro: “Cuando la violencia se vuelve tan sistemática, resulta difícil ubicar quién es la víctima y quién el victimario, sobre todo en los territorios en disputa por el crimen organizado. El victimario no sólo es el narcotraficante, igual puede ser el Ejército, la policía, el Estado mismo… Llega un momento en que esas dos categorías ya no funcionan para entender un conflicto.”

¿Se entiende hacia dónde va encaminada la pedagogía colombiana importada por los jerarcas católicos? No vaya a ser que después de todo los victimarios sean víctimas y hasta el Estado y sus políticas represivas sean también víctimas de las circunstancias. En todo caso resultará un buen negocio porque ya son varias las organizaciones que imparten los cursos y diplomados, como Serapaz, el Centro Lindavista A. C., Servicio Paz y Justicia, Tech Palewi, la Fundación para la Reconciliación y por supuesto, universidades privadas supuestamente católicas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: