viernes, 13 de mayo de 2016

7566. MAL, PERO NO PEOR.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Mal, pero no peor.
Tío Toño era un señor hecho a marro que trabajó desde muy niñito y de una infancia de carencias y miseria, antes de los cuarenta era un poco más millonario de lo generalmente aceptado. Era un orangután inmenso, burdo y bronco pero con un corazón que no le cabía en el pecho, bondadoso y desprendido, ayudaba a mucha gente y sus trabajadores y sus familias, todos, se atendían en el mismo sanatorio que él y por los mismos médicos, aparte de que al cumplir cinco años de trabajar en su empresa, recibían una casa escriturada a su nombre (no había Infonavit y luego, ya habiendo, siguió dándoles casa, que él decía que no era dada, que se la ganaban con su trabajo). Desde antes de hacerse rico, se casó con una señora que difícilmente alcanzaba el metro y medio de estatura, Finita (por Josefina), magnífica persona que sabía amansarlo a veces nomás diciéndole ‘Antonio, Antonio…’, y se obraba el milagro. Una vez Finita lo convenció de ya tomar en cuenta la opinión de los hijos (tres mujeres y dos hombres, adolescentes ya todos), para las cosas de la casa. ‘Un poquito de democracia, Antonio, un poquito’, porque las cosas se hacían como él decía o no se hacían. Lo persuadió que era mejor pedir opinión y decidir por mayoría. Juntaron a los hijos y les explicaron. Muy bien. De inmediato, Raulito el más chico de los varones, propuso que los dejaran escoger escuela, porque iban todos a la misma, un poco demasiado estricta, moción aprobada por cinco votos; luego, Toñito, el hijo mayor, propuso no volver a ir jamás los fines de semana a ‘la finca’ (una casota de campo en los llanos de Apam, que a su papá le encantaba); aprobaron todos, Finita incluida (tío Toño, bufaba); a continuación, Lucía, la hija de en medio, propuso que las dejaran salir con los novios sin chaperón, aprobado por mayoría (la mayoría la hizo Finita)… y tío Toño, brincó: -¡Se acabó la democracia: en esta casa, dictadura!, y al que no le guste como mando, que ponga la suya y mande en ella –y se acabó la democracia. Le digo, era burdo y bronco.

Hace ya meses si no es que años, anda en el ambiente la idea de modificar la Constitución para instaurar la figura de revocación de mandato presidencial. No suena mal lo que explican los que lo explican: en la elección intermedia, aparte de votar por el Congreso, aparecería un cuadro donde el elector diría si quiere que el Presidente deje el cargo y si alguno resultó ser un tarambana, en el tercer año entrega el cargo, deja de dañar a la nación y se va a hacer crucigramas a su casa.

Apenas el año pasado una organización llamada “Ciudadanos por la revocación del mandato”, propuso que en la elección que se iba a celebrar, la gente anotara que Peña Nieto dejara la presidencia, advirtiendo que no tenía valor  ni efectos legales, pero serviría para crear el antecedente y manifestar que la mayoría no estaba de acuerdo con su manera de ejercer el cargo. La propuesta no la hacían un mecapalero y tres beodos, no, sino gente que se supone le sabe a esto:   el senador panista Javier Corral y su correligionaria la diputada María Concepción Jiménez; el candidato a diputado por el PT, Gerardo Fernández Noroña; el exconsejero electoral Jaime Cárdenas; el experredista, Agustín Guerrero; el sacerdote Alejando Solalinde, entre otros, con fundamento, decían, en el artículo 8 de la Constitución (el derecho de petición), el 39 (“(…) Todo poder público dimana del pueblo (…) El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”); y extrañamente, en el 136, el último, que dice que la Constitución no pierde validez ni por rebelión y que si se arma la marimorena y triunfa un grupo de alzados, en cuanto se restablezca el orden, se les aplica todo el rigor de la misma (¿y que tiene que ver el culo con las témporas?, que son un tiempo litúrgico; en fin, se ve bien que se citen varios artículos, total, nadie revisa nunca nada).

Aparte, ya antes se han presentado iniciativas sobre esto en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Hasta ahora, la Constitución señala (artículo 108), que el Presidente sólo puede ser “acusado” por traición a la patria y por delitos graves del orden común; pero es prácticamente imposible bajarlo de La Silla.

Ahora, en la Constitución que se está cocinando para la capital del país, hay quienes están neceando con esto de incluir la revocación de mandato, como prevé, por ejemplo, la Constitución de Chihuahua para el Gobernador (caso único en el país).

Por supuesto, insisto, no suena mal que si sale malo un Presidente (puede ser, créamelo), el que lo montó en el poder (el pueblo), sea el que lo baje. Suena bien, pero el detalle del cómo es de cuidarse, porque si todos los presidentes van a ser sometidos a referéndum en su tercer año, lo más seguro es que ninguno consiga terminar su sexenio y acabemos con un país dirigido por Presidentes de tres años, lo que en la práctica sería institucionalizar el despelote.

Hay otra manera: si un Presidente resulta ser una bestia, que el Congreso juzgue si es necesario sacarlo a patadas de Los Pinos, convocar a nuevas elecciones y elegir otro que se va a ir con tiento, visto el estado del trasero de su antecesor. ¿Sí?... pues no.

Mire qué está pasando en Brasil. Doña Dilma Rousseff ya entregó el cargo y la van a juzgar… sin estar acusada de ningún delito. La quitaron de la presidencia con el voto mayoritario de los legisladores de ambas cámaras de su congreso, que son 594 tribunos, de los que 356 (el 60%), están bajo investigación o sometidos a procesos por corrupción… bonita cosa.

Brasil, en los últimos 90 años, ha visto terminar correctamente su mandato sólo a  cinco jefes de estado elegidos (porque los militares de la dictadura, esos sí terminaban). Los demás, todos han salido corridos y alguno muerto (Getulio Vargas se suicidó en 1954).

Habría que recordar a esas desinteresadas personas que quieren mejorar nuestro país, que lo perfecto es enemigo de lo bueno.


Mejor así, mal, pero no peor.

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