sábado, 14 de mayo de 2016

7571. HERIDAS Y YAGAS LACERADAS.

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Heridas y yagas laceradas

Las corporaciones policíacas instaladas en sus ya cotidianos retenes, que son el pan nuestro de cada día junto con los homicidios, por lo menos en Zamora y Jacona, deberían colocar un distintivo como lo hace la Cruz Roja, en los vehículos que retiene y que revisa, porque se ha tornado ya molesto, ¡muy molesto! que casi a diario y hasta dos veces por día, marcan el alto a ciudadanos honrados que transitan con sus unidades para dirigirse a su trabajo, para regresar a su hogar, para acudir a surtir la despensa, para divertirse.
           
¡Sí, hasta dos veces diariamente son revisados y solicitados sus documentos! Por lo tanto, la sociedad de Zamora y la región está harta ya de esa situación, principalmente porque los modales de los polis siguen siendo grosera, altanera, prepotente; actúan con despotismo, como si la sociedad honrada y trabajadora fuera su principal enemiga.
           
Esa es la factura que estamos pagando quienes somos de aquí, quienes llevamos varias décadas viviendo en ésta región, porque la mayoría de los policías (sean quienes sean) vienen de afuera, de otros lados; no conocen ni identifican a jaconenses ni zamorenses, por lo que nos miden con la misa vara, como debieran hacer con los enemigos de la sociedad: los que delinquen, asaltan, roban, agreden, secuestran, envenenan con drogas o asesinan con armas indistintas.
           
Esa actitud de nuestros guardianes del orden, es la que provoca que desconfiemos en ellos, que los veamos con recelo, que les tengamos miedo; y que vivamos siempre con el corazón acelerado, que éste se quiera salir de nuestro pecho en cuanto notamos que existe un retén adelante; y a pesar de que no seamos delincuentes, ni trafiquemos con droga, mucho menos con armas.
           
El temor ciudadano cada día es mayor. La gente sale a la calle de manera obligada, con la intranquilidad de no presenciar balaceras, ni encontrar muertos por su camino. Eso causa insensibilidad y morbosidad. Los periódicos hacen su agosto publicando diariamente dos o tres homicidios; a despojos humanos encostalados. Su única pregunta es: ¿ahora quién?
           
Curiosamente, en las Agencias del Ministerio Público no existen denuncias por tales homicidios, lo que indica que los familiares, lamentablemente sabían a qué se dedicaba su ahora difunto; y no era ninguna actividad lícita. O sea, que aceptan o estaban preparados ya para que ese hecho se diera en cualquier momento.
           
Y da escalofrío escuchar a los niños que ellos quieren ser sicarios como sus papás, porque eso es lo que escuchan, lo que ven, en lugar ser educados y culturizados.
           
Desgraciadamente los tres niveles de gobierno no aplican los recursos económicos suficientes para promover la cultura e inyectarla en la sociedad. Por lo menos en lo que se refiere a la edición y publicación de libros, hechura de escritores e investigadores ya avanzados, muchos menos de los que dan sus primeros pasos en la escritura.
           
En éste año no será publicado un solo libro en Zamora, ante la falta de recursos, lo que ha sido un golpe muy, pero muy duro, para quienes nos hemos sentado a soñar despiertos; para quienes soñamos y despertamos a horas de la madrugada para escribir ese sueño; para quienes tenemos la esperanza de convertirnos en escritores de vuelos medianos, o más altos si se pudiera.
           
“NO hay recursos” es la respuesta, lo que desgaja el corazón y lo marchita.
           
NO hay respuesta de políticos, ni de Ayuntamientos, porque tampoco éstos le destinan dinero a la cultura. Ya ni siquiera existe el programa económico que se manejaba a través de los Consejos Municipales de la Cultura y el Arte, porque hasta éstos han dejado de funcionar, porque las baterías las tienen enfocadas en comprar y entregar despensas y juguetes; o dinero a quienes tienen más de 60 años de edad, qué importa que sean emigrados jubilados, empresarios y productores. Eso no importa, pues para los políticos lo que más interesa es dar peces a la sociedad en lugar de enseñarlos a pescar.

Crean de tal forma, una sociedad atenida a la proximidad de procesos electorales para ir en busca de despensas, de láminas de cartón petrolizado o de cemento para construir sus viviendas.

Un pueblo inculto y mal educado, es un pueblo generador de entes demoníacos, que de la noche a la mañana se convierten en enemigos de la sociedad, dándole seguimiento a aquél presagio que concluirá con “el exterminio del hombre por el hombre mismo”. En el final de la humanidad una vez más; y no precisamente a causa de un meteorito.

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