lunes, 16 de mayo de 2016

7574. TEJER DESGRACIAS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tejer desgracias.
Tía Nina (Martina), estaba casada con un señor Marcos; tuvieron siete hijos, dos mujeres y los demás, varones. Tía Nina le ponía cuernos a su marido y él le correspondía con mucho ánimo. Cuando crecieron las hijas, resultaron como su mamá, pero sin casarse, y los hijos ya grandes eran atravesados y parranderos, menos uno que era serio y llegó a doctor. Esa casa era un manicomio. Al funeral de tío Marcos llegó tarde tía Nina, porque regresó a casa a media mañana y se enteró que su marido no había ido a trabajar porque lo estaban velando, cosa no prevista a sus poco más de 50 años. Alguien comentó al verla llegar al último de todos a la funeraria, que era una descarada y la abuela Elena, la de Autlán, lo calló diciendo que si no le importaba al difunto ni a sus hijos, a él menos; siguió el rezo del rosario y este menda se quedó muy impresionado: era cierto, a nadie le importaba nada en esa familia.

Si lee uno la prensa con cierta regularidad, imagina que este país está al borde de la asonada, que lo de Brasil y Venezuela, será una merienda de viejitas junto a la que viene acá. Manifestaciones, protestas, marchas, plantones, bloqueos, declaraciones apocalípticas de profesionales de la política, del análisis, de no ser políticos, activistas y toda la inmensa lista de profesionales del cuento. En México tenemos profesionales en México, país sobrediagnosticado en el que pareciera que el optimismo está en el código penal y que aquél que opine que algo anda bien o regularcito, está vendido, es imbécil, irresponsable o un infame rico al que su buena fortuna le cancela el derecho a opinar.

Las noticias del momento, ayer, en los portales de internet, consignaron sin mentir, el hervidero que provocaron los maestros que se oponen a la reforma educativa (que luego será educativa, por lo pronto es administrativa de ese sector, pero, Roma no se hizo en un día, ya el Presidente -también ayer-, anunció que “en breve, la Secretaria de Educación Pública presentará los nuevos planes y programas de estudio”, ¡ay, qué bueno!, era cosa de tenerles paciencia); pero igual, leyendo noticias se creería uno que fue casi otro Día de la Bastilla… y no, la verdad, no.

La reforma educativa es indispensable (sigue siéndolo, ya la harán), pero primero urgía descabezar a un sector que se presentaba como un verdadero competidor político por el poder grandote, pues el SNTE liderado por la Ma’Baker Gordillo, era ya de un tamaño y recursos que podía poncharle las llantas al carro de la política que hacen los partidos políticos y que impulsan los poderes fácticos, particularmente el gran capital doméstico (no todos son Verdes, que un Panal agitado podía inclinar la balanza del lado que quisiera). El precio de meterse en ese berenjenal lo pone la levantisca CNTE, la que financiaron durante muchos años desde el poder, para contrapesar, dividir y luego usar de la manera menos pudorosa los poderosos de turno en el gobierno federal y algunos estados; ahora, se la están tragando: ellos hicieron su Frankenstein, ahora que lo amarren. ¿Puede la CNTE desequilibrar la ecuación política en México?: no. ¿Puede dar mucha lata?: sí. El asunto es no regalarles muertos ni una represión muy descarada, lo demás es desgaste y tiempo. Peores han ahogado.

A fin de cuentas, en México, desde por ahí de 1929 nunca pasa nada por movimientos ferrocarrileros, de médicos o de estudiantes (2 de octubre no se olvida… 10 de junio, tampoco; ‘tá bueno, sigan con sus efemérides). Tampoco pasó gran cosa (en escala nacional), con guerrillas muy serias, ni ha pasado con nuestro “despertar” a la democracia el año 2000, que lueguito nos regresaron el IFE (hoy INE), al control de los partidos y nadie se puso pesado.

¿Por qué?, ¿cómo funciona esto?... ¿es que la ciudadanía está pintada?... no, no se equivoque: es que a la ciudadanía, nosotros los que integramos el peladaje, esa mayoría de mayorías, nos importa un pito la política y de pasadita la nación. ¿Le parece que exagera esta su texto servidor de confianza?...

En 2013 se publicó una encuesta (17 de marzo; Revolución 3.0, Natalia Antezana), en la que resultó que al 88% de la gente no le interesa la política; y que la causa del desinterés era múltiple: la deshonestidad de los políticos; simple desinterés; porque no le entienden; porque no tienen tiempo; y hasta los que no supieron decir por qué les importa un pito el tema, que fueron el 3% (y no saber ni eso es de verdad desinterés).

Por otro lado, el 24 de abril de 2013, la Unesco colocó a México en el lugar 107 (de 108 países),  por índice de lectura con 2.8 libros al año por cabeza; aparte: Conaculta (RIP), en 2010 informó que el 20% de los tenochcas leen prensa… una vez a la semana (y por ahí leyó el del teclado que de política, sólo el 3%). Por eso los políticos a veces se espantan a lo puro tarugo (o tal vez, se espantan de que se enteren sus correligionarios y compañeros de oficio que son unos brutos buenos para nada…  porque algo los espanta).

Confirme usted que la sangre está lejos del río (o que esto no tiene remedio), vea qué busca en internet el tenochca estándar (datos de Google, 2014), de más a menos: El CURP; juegos; imágenes; clima; traductor de Google; videos de risa; videos de terror; frases de terror; horóscopos; poemas de amor. Y los asuntos que en algún momento más llamaron la atención fueron: el Mundial 2014; el suicidio de Robin Williams; el iPhone 6; la epidemia de ébola; Jennifer Lawrence (?); Flappy Bid (?); Ronaldinho; Chespirito (en octavo lugar, le ahorro la cuenta); Joan Rivers (?); Anabelle (?) El signo de interrogación significa la absoluta ignorancia de este menda sobre el personaje.

Uno pensaría que Ayotzinapa, el CNTE, los escándalos de Peña Nieto & Cía., la última de la Línea 12, el precio del dólar o del petróleo, Trump o que Mancera quiere ser Presidente… no, señores políticos, al pueblo eso no le mueve el copete, ustedes: tranquilos y que sigan moviendo los hilos los que se dedican a tejer desgracias.

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