martes, 17 de mayo de 2016

7579. SEAMOS SERIOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Seamos serios.
Entre la parentela materna de este menda había señoras y señoritas guapas, pero guapas a secas -no como las de Autlán, que paraban el tráfico, hacían dudar a un obispo moribundo de su vocación y disolvían una manifestación de maestros-, sin embargo hubo una de Toluca, la tía Dolores, que entre los caballeros y los no tan caballeros, causaba de conjuntivitis a lesiones de córnea: una mezcla de Greta Garbo -la cara-, y Sofía Loren -el cuerpo-, que se pasó de hermosa (perdone los anticuados estándares de belleza femenina de este menda, pero es que las mujeres que hoy se cataloga como hermosas -que sí lo son-, en aquellos tiempos idos, hubieran cargado el equipaje de esas otras).

El caso es que la tía Lola, aparte de muy bella, sabía que lo era y ahí torció la puerca el rabo porque no estaba dispuesta a casarse sino con uno que fuera aparte de guapo y alto, de preferencia rubio de ojos azules, tipo francés pero con la simpatía de un italiano, no celoso, que bailara como Fred Astaire, muy viril pero delicado, decente pero con mucha experiencia “de la vida”, culto, sencillo, prudente, elegante, generoso, tolerante, comprensivo y -requisito indispensable-, rico, si se podía, muy rico.

Cansados de cortearla inútilmente los donceles toluqueños, ya oficialmente quedada (en esos tiempos, a los 19 años), se fue a vivir a la Ciudad de México… y cuatro o cinco años después, de repente, cuando ya no era ni tema de conversación, ¡zaz!, apareció el tipo que llenaba todos los requisitos, como mandado por Dios Padre.

Ya presentado ante la familia, entre las toluqueñas -de todas edades-, causó desmayos y envidias: era un italiano, conde (o eso decía), parecido a Marcello Mastroianni (en ‘El Bello Antonio’), rico muy rico, que se ganó la simpatía inmediata de todos los señores por su inmensa sencillez. Se casaron en lo que se dice ¡Jesús mío!, y se la llevó a vivir a Nápoles, de donde era, a su “casa”, que en las fotos hacía parecer al castillo de Chapultepec como una choza… y a la chita callando, antes de seis meses, regresó la Lola, triste como un canarito agripado. El bello conde, no funcionaba como varón, si me entiende usted. Nada, cero, kaput, naranjas del Paraguay.

Después, y visto que no era tan importante que fuera rubio, de ojos azules, rico, simpático, bailarín, tolerante, comprensivo ni nada de eso, tía Lola coleccionó amantes y maridos, unos regulares, otros malos, hasta que se plantó en el sexto, un chaparrín gordito, de Veracruz, alegre como una castañuela, prieto como un zapato, dueño de una gran marisquería en la que tía Lola despachaba junto con las meseras costeñas que le decían “doña Cola”. Con él, decía ella, fue muy feliz.

La Patria, la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos, a veces recuerda a este López, a la tía Lola. Empezamos el 28 de septiembre de 1821 con una declaración de independencia -de una autoestima muy encomiable-, pronunciada por una autodenominada  “Junta Soberana”, porque se veía feo redactar que era por los purititos y patrióticos calzones de los que se montaron en el momento:

Comienza diciendo que somos el “Imperio Mexicano”, habla de “los heroicos esfuerzos de sus hijos”, que ya consumaron “la empresa, eternamente memorable, que un genio, superior a toda admiración y elogio, por el amor y gloria de su Patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables” (el “genio” es Iturbide, que de Hidalgo nadie quería hablar en esos momentos excelsos). Sigue diciendo harta cosa rimbombante pero interesa  esta:

“(…) Restituida, pues, esta parte del Septentrión (lo de “Septentrión” es Norte, porque somos parte de América del Norte… se va a enojar don Trump),al exercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza (Dios, no había Banco Mundial, ni Fondo Monetario) y reconocen por inenagenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que más convenga á su felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios (…)”

Si repasa usted con cuidado lo que se puso en el acta fundacional de esto, resulta que seguimos esperando el ejercicio de cuantos derechos nos concedió Dios (será cosa de no comer ansias y aguantar otros dos siglos, total); y eso de constituirnos como más convenga a nuestra felicidad y con representantes a todo dar… bueno, le ahorro el comentario, pero no parece que haya nadie capaz de decir que los que suelen treparse al poder manifiesten la voluntad de todos, ni cuiden los designios patrios.

Luego, ya sin poesía, tuvimos una dictadura que a matazones impuso una paz aparente y no duradera, porfiriato que nos echó a una revolución que ya sin romanticismos se concretó en una Constitución de rechupete (la de 1917), que como sea, propició unos muy buenos decenios que se deshilacharon entre crisis políticas y pifias económicas.

Entonces… de repente, todo mundo se dio cuenta: ¡nos faltaba democracia!, eso era todo, de ahí tanto descalabro. Y quién sabe cómo, ya casi sin esperarlo, no caída del Cielo, eso tampoco, pero… ¡llegó la democracia a México!

No hubo político ni opinador profesional, que no echara las campanas al vuelo el 1º de diciembre del 2000, cuando arribó a la Poder Ejecutivo ¡el primer Presidente sí elegido por el pueblo!; ¡aleluya, aleluya!... ahora sí, a coser y cantar, con democracia ya todo lo demás era de bajadita. Tarde, pero llegamos… y nada: salió vana la nuez, pistolita de un tiro. Decepción nacional.

De la restitución de todos los derechos que el Creador nos concedió y organizarnos como mejor acomodaba a ser felices y con gobernantes cabales… a Fox, Calderón, Peña Nieto y en fila de tiradores, aspirando seriamente a treparse a La Silla: un bravucón de Secundaria, el tal Nuño; un político de plástico, Mancera, que no puede con la Ciudad de México y quiere con el país entero; el Pejehová que nos quiere redimir de nuestro pasado tricolor… así ¿a dónde vamos a parar? Seamos serios. 

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