jueves, 19 de mayo de 2016

7591. MAQUIAVELITO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Maquiavelito.
Decíamos ayer que el llano está en llamas. Está.

Por varios flancos se ataca al gobierno federal con y sin razón, con y sin verdades; brotan problemas aparentemente sin causa, se mantienen firmes los que dieron por derrotados, se reavivan escándalos que suponían superados. Una pesadilla.

Los enormes intereses del gran capital extranjero y también el nacional, saben que han conseguido lo que parecía imposible: primero, la desaparición del PRI, y luego, las reformas que a ellos interesaban, mucho: la energética, la laboral, la de telecomunicaciones y radiodifusión, y la importantísima -pero se me distraen-, reforma político-electoral promulgada por don Peña Nieto el 31 de enero de 2014, que autorizó los candidatos independientes (incluso para Presidente de la república), la reelección consecutiva de legisladores y alcaldes, y desapareció al IFE, renacido como Instituto Nacional Electoral (INE), con un tufo rancio que recuerda la Comisión Federal de Vigilancia Electoral, creada por el presidente Ávila Camacho en 1946, cuando se mangoneaban los resultados electorales de todo el país desde el gobierno federal, pues aunque con disfraz, mucho maquillaje, faja y peluca, el INE es de nuevo un organismo central del Estado, que mangonea las elecciones, no es ciudadano y designa a los consejeros de todos los organismos electorales estatales y los sustituye cuando la ley lo prevea (o sea: cuando les da la gana). Somos un país federal sí, excepto para elegir a nuestros gobernantes (… mmm, pos luego).

Y eso de que desapareció el PRI ya lo hemos comentado antes, es porque cambió de estatutos (y todos sus documentos básicos), en su XXI Asamblea General, el domingo 3 de marzo de 2013 (un día antes de conmemorar el 84 aniversario de su fundación), que lo transformaron hasta dejarlo irreconocible, removiendo los obstáculos que le impedían votar en el Congreso la reforma energética que don Peña Nieto decidió desde mucho antes de ser Presidente, hasta llegar al desfiguro de aprobar la reelección, otrora divisa de los tricolores (“Sufragio Efectivo. No Reelección”), razón de una Revolución que en el nombre llevan.

Ya colocadas todas las piezas en el tablero, los que sobran son precisamente Peña Nieto y su partido. El gran poder del capital global no le tendió la cama al señorcito para que él y sus amiguitos disfruten en decúbito supino, de los favores de La Patria (ya sabe qué señora): es para ellos y sólo para ellos que apoyaron el proyecto del PRI de regresar a Los Pinos, y les desaparecieron a su partido, consiguieron sus reformas y legalizar los candidatos independientes. Tan tan: ¡a tragar!

Don Peña Nieto ahora, aparte de cargar con las piedras de sus propios pecadillos y las losas ajenas que le echan encima, tiene frente a él la encrucijada de su fin de sexenio, puede decidir su sucesión con el ‘Manual Salinas de Gortari’ y prepararse para lo peor, o ser dócil al destino que se trazó él sólo, y entregar todo a quien el poder grandote le dicte… ¡Cómo me dan pena los tricolores, que regresaron creyendo ser amados y van por la vida llorando un sexenio, recordando un Enrique y arrastrando un prestigio!

Por supuesto que al inmoral pragmatismo del gran capital no le incomoda que el candidato aprobado por ellos para la sucesión presidencial en el 2018, se presente como candidato del neoPRI (por ejemplo, don Videgaray… por ejemplo, que hay otros), pero a condición de que el candidato sea efectivamente quién ellos quieren. Ante la menor duda se arreciará la catarata de mierda que enceguece a don Peña Nieto; recuerde cómo le fue al que parecía ser el Superman mexicano, al Salinas de Gortari, nomás acuérdese y si no lo vivió, eche un ojito a Venezuela, Brasil o Argentina. Y en caso de apuro, demolido hasta sus cimientos el “peñanietismo” (ahí la llevan y hay tiempo, sobra tiempo), para eso les aprobaron las candidaturas ciudadanas independientes: montan a uno (dependiente de ellos), y con unos pocos miles de millones de propaganda lo hacen ganar… acuérdese del fenómeno Peña Nieto, no hay que ir muy lejos.

Esa es la encrucijada en que está el Presidente de la república. Si convence y pronto al imperio del capital de que se va a portar mejor que Paquito, le aflojan, si no, lo apergollan.

Por eso le irrita tanto a don Peña Nieto que le compliquen las cosas desde los estados de la república con escándalos de inseguridad, corrupción y frivolidades ya muy mal vistas, en los que en lugar de gobernar y hacer política-política, esto es: trabajar para la gente,  juegan a la comidita, como niños traviesos en una sala de cuidados intensivos, muy lejanos del ajedrez explosivo que juega el Presidente.

Por eso pusieron atención los que trabajan en Bucareli, a la situación en Chiapas. Es de risa para los que torean con pañuelo reses muy toreadas, una guerrita de ‘memes’, chismes y babosadas, pero es muy diferente la cosa cuando detectan que hay personas con acceso a los grupos del poder tricolor, que están en campaña para enredar la situación cuando lo único que no hace falta son problemas inventados o gobernadores arrinconados.

Y para arrinconar gobernadores, aparte de ponerlos en remojo de chismes con calumnias, se compran voluntades, se fomentan traiciones (vean Veracruz), se siembran dudas sobre sus colaboradores, se le pega a todo aquél que tenga posibilidades reales, cercanas o remotas, de acceder al poder.

En Chiapas el que le atiza con calumnias y mentiras, a los que quiere neutralizar, evaporar del panorama político, ya le dio a las cabezas de los dos poderes, el judicial y el legislativo, Rutilio Escandón Cadenas y Eduardo Ramírez Aguilar (así de burdo), y del ejecutivo nomás se aventó la puntada de decir que ya merito se va. Abrió boca con los tres poderes y no desdeñó a uno que teme por un amigo que tiene y le preocupa (debiendo mejor dejarlo en la santa paz de la lejanía en que está Jaime Valls).

La torpeza de este método es que el que no aparece en la foto es el que la tomó. Lástima, maquiavelito.

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