viernes, 20 de mayo de 2016

7596. ¿LA HISTORIA MUERE?

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
¿La historia muere?
         
Así es, en efecto, amables lectores. Un pueblo sin cultura, es un lugar propicio para que se aniden todo tipo de alimañas; para que los hombres y mujeres se sigan convirtiendo en seres irracionales y con ello, violentos, intratables, elementos que son parte del listado de miembros de grupos delictivos, de los enemigos de la sociedad; los que hacen que morir sea más fácil que vivir.
         
En el municipio de Zamora existe un Consejo Municipal de la Crónica, con el que se suplió al último cronista de la ciudad, don Francisco Elizalde García; quien fue seminarista, profesor, heraldista, periodista, compositor, poeta, bohemio y no sé cuántas cosas más. Dejó su vida plasmada en obras al por mayor.
         
Sin embargo, de ese famoso Consejo Municipal de la Crónica no se sabe absolutamente nada, porque desde que fue creado no ha sido publicada ni una sola crónica de los alcaldes que lo han avalado.
         
Existía en Zamora un Consejo Municipal de la Cultura y el Arte. Una vez, hace ya un buen rato, me enteré que habían convocado a interesados en publicar sus libros de poesía, crónicas, semblanzas, cuentos o novelas; lo mismo a quienes quisieran pintar algo, o publicar sus fotografías; grabar algún CD, proyectar algún documental o cortometraje; pero hasta allí, de ellos no se supo absolutamente nada más, de manera por demás lastimosa.
         
Pero en Jacona la cosa está peor, allá no existe ni una, ni otra cosa. La caballada está muy, pero muy flaca; solamente existen promesas, buenas intenciones, como la conformación del Comité Municipal de Vialidad y Servicios Sociales, que ya una vez existió.
         
Sí se han reunido para ventilar los tres proyectos y se ha avanzado en algo; pero como que éstos son obstruidos al no darle el seguimiento que se necesita.
         
El caso es que, sin el Consejo Municipal de la Cultura y el Arte, se han estado perdiendo recursos que la Secretaría de Cultura en Michoacán contempla para los municipios donde existe; y eso los jaconenses ya lo saben, porque un día les funcionó. Sin embargo, tal Consejo también puso trabas para algunos muy buenos trabajos. Y sin esos recursos, pues nomás no se proyecta a los nuevos valores de la escritura, poesía, canto, baile, fotografía, entre otros.
         
En Jacona la historia hizo un alto, porque no hay nadie que escriba sobre los acontecimientos cotidianos que se van sucediendo; y porque un día, un alcalde mandó quemar la historia abrazada en el interior de cajas de cartón, que dormían en el tapanco, sin antes revisar su contenido.
         
Actualmente se lleva a cabo un proceso de revisión de esas cajas que ahora existen desde aquella quemazón, para rescatar lo rescatable; pero hace falta que algún historiador, o un cronista lo haga, para poder de tal forma recopilar lo más importante de los sucesos jaconenses, de esa ex Villa de las Flores que ha perdido su organización interna desde el corazón de su Ayuntamiento. Y no desde ahora, sino desde hace varias administraciones municipales.
         
Qué equivocado estaba aquél que un día dijo: “Pueblo de Porvenir, Cultura y Arte, tu nombre debe ser Jacona de Plancarte”; porque su cultura sufre y su arte prácticamente no existe.
         
Solamente suspiramos por los ayeres que fueron narrados por escribanos y cuenteros, sobre la Presa de La Luz, el Río Celio, El Curutarán, los lagos de Orandino y La Estancia; los barrios desaparecidos, los personajes fallecidos. Tal parece que la historia ha hecho un alto en Jacona, que sigue suspirando por el tren jalado por mulas a lo largo de la enfangada calzada Zamora-Jacona.
         
¿Quién nos ha dicho algo de la historia que encierra el antiguo palacio municipal?
         
Y seguimos suspirando por la aparición de la Virgen de la Raíz, traída desde el lago de Chapala para ser convertida o transformada en Nuestra Señora de la Esperanza; reina de la Diócesis de Zamora
         
Se suspira por el ya casi lejano olor a guayaba, por los cohetes que estallan sobre el Templo de San Agustín; pero ¿quién nos ha dejado su narrativa en torno a los presbíteros que a lo largo del tiempo nos han bendecido desde su interior?
         
La historia muere en los pueblos, porque no hay quién nos la narre; y sólo porque los Ayuntamientos no se han interesado en apoyar las figuras del cronista, ahora ninguneado. No hay quién informe los ayeres a las futuras generaciones.

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