lunes, 23 de mayo de 2016

7601. RITMO DE SAMBA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ritmo de samba.
Tía Emilia tuvo 10 hijos, mitad y mitad entre hombres y mujeres, con tío Tito, que era el compendio vivo del mal marido, con todos los defectos sin faltar uno de los más graves: raramente llevaba el gasto a su casa. Tía Emilia atendía su casa, cosía y bordaba por encargo, cuidaba viejitos (noches enteras en vela), vendía comida, cuidaba bebés, y sus hijas e hijos, todos, se las ingeniaban para ganar dinero desde chicos, una -en Primaria- vendía pinole en los recreos, otro hacía tareas a los más burros, la que no vestía Niños Dios, montaba bailes de 15 años, el que no pintaba casas, lavaba coches, hasta que un día, se juntaron los hijos, todos, del más chico de 9 a la mayor de 21, y le dijeron que ya no querían que su papá viviera en la casa, que lo echaba ella o lo echaban ellos: para hambres y malos modos, no les hacía falta. Decía tía Emilia que lo más triste fue que desde entonces les empezó a ir mejor, qué triste, pero qué bueno.

En los días inmediatos después de los sismos de 1985, en un crucero de la avenida Félix Cuevas, dirigía el tráfico un joven de unos 20 años, si mucho. Manejaba el coche en que iba el del teclado, un viejo priísta de esos de los de antes, que se las sabían todas, quien murmuró: -Ya perdimos el poder…

Confiesa este López que al oírlo decir semejante cosa, pensó que su fama de experto político era gratuita (lo que realmente pensé rima con azulejo). Íbamos solos y le pregunté por qué decía semejante cosa: -Mire -me dijo sin verme-, la gente ya dio cuenta que sobramos y hasta estorbamos; ellos pueden sin nosotros.

Dos años después, la fuerza de los acontecimientos, la presión social que hacía una ciudadanía chilanga ya ingobernable, obligó a crear la Asamblea de Representantes. Pasaron cinco años más y en 1993 se reformó la Constitución, desapareciendo al Jefe del Departamento del D.F. (que designaba el Presidente de la república), y se creó la figura del Jefe de Gobierno, electo por el peladaje; la primera elección fue en 1997, la ganó el PRD (y todas las demás), esa vez, con Cuauhtémoc Cárdenas. ¿Ha mejorado el gobierno de la capital del país?... depende a quién le pregunte, parece que no mucho, pero el PRI no lo recupera porque la gente quedó hasta el copete y prefieren el malo que ellos elijan que el bueno que les pongan (los tricolores gobernaron la capital nacional 68 años, de 1929 a 1997, ¿resultado?: la ciudad más caótica, absurda, insegura y vil del país, sin duda; también muy hermosa y la más rica, claro, con los impuestos de todo el país y la inversión principal del gobierno federal y el capital privado).

Viene esto a cuento porque el PRI perdió el gobierno de la capital de la república, con lo que significa de poder político el asiento de los poderes federales, donde vive cerca del 8% de la población nacional, y donde se concentra casi el 20% del producto interno bruto (PIB), del país, con lo que significa de poder económico (la hoy CdMx, aporta cerca del 18% del PIB del país, poquito menos que el Estado de México y Nuevo León juntos; 1000% más que Chiapas, para entrar en escala). Eso perdió el PRI y a los tres años, perdió el gobierno federal. Y este menda se acordó del viejo priísta.

¿Por qué regresó el PRI a Los Pinos?... primero porque el experimento azul salió fatal y luego, porque don Peña Nieto ofreció (y ya cumplió), desaparecer al PRI, dejando el cascarón pero con estatutos del todo diferentes, completamente abierto (de extremidades inferiores), al “libre mercado”, la “economía global” del capitalismo obsceno que hoy prevalece en el mundo occidental y una parte del oriente, precisamente para poder votar a favor de las reformas energética, laboral y de telecomunicaciones, que son los temas de interés de los glotones capitalistas del extranjero y locales.

La desaparición el PRI, además, es definitiva, porque luego del Pacto por México, no hay verdaderas diferencias entre ninguno de los tres partidos ‘grandes’ del país (PRI, PAN, PRD), que gozan de cabal desprestigio, y aunque puedan (y pueden), seguir imponiéndose en los estados, no será el caso para definir la presidencia de la república, pues en el plan del gran capital no entraba escriturarle México a don Peña Nieto (como pasó con Salinas de Gortari… y ese sí era vivísimo).

Así las cosas el Pejeremías, Pejehová redentor de todos nosotros se relame los bigotes. Vano su afán. Nada es más miedoso que el dinero, el capital no sabe correr riesgos. Van con uno que les garantice o nada, que para eso empujaron la legalización de las candidaturas independientes, que son viables precisamente porque la gente detesta y cree que no necesita a los partidos políticos, como a tío Tito.

La gente de a pie, sorpréndase, cree que el gobierno nomás estorba, que es el enemigo común. A fuerza de impunidad, pifias e ineficiencia, nuestros gobiernos en 22 años,  agotaron la capacidad de asombro y la paciencia del peladaje (del 1º de enero de 1994 a este 2016: entrada en vigor del TLC, estallido del EZLN, muerte de Colosio, y de ahí, lo demás ya lo sabe usted: Zedillo, Fobaproa, Fox -decepción universal-, Calderón, inútil baño de sangre… y comaladas de pobres junto con los mejores años de nuestro comercio exterior, súper precio del petróleo, quiebra de Pemex, remate de los últimos bienes nacionales).

Lo malo es que, le tengo noticias: sin políticos, políticos profesionales (no por supuesto los improvisados de ogaño que tanto mal hacen por frívolos y ladrones), los países no marchan. No son un mal necesario: son necesarios, punto.

Como sea: con este panorama los que forman el neoPRI saben bien que no es tan incómodo ser oposición, su plan es amarrar cuantos estados sea posible y recuperar Oaxaca y Chiapas (luego no digan que no se los dije). Si el candidato para suceder a don Peña Nieto le cuadra al gran capital ¡adelante con los faroles!, si no, un independiente -que a ver cómo lidia con un país pintado de tricolor-… y, nada, otra vuelta de tuerca, hasta que nos pongan a bailar a ritmo de samba.

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