lunes, 23 de mayo de 2016

7608. VERDAD OFICIAL, Y VERDAD DE LA CALLE.

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

NOSTÁLGICA  AMIGA

Con la distancia del tiempo,
y estos tercos recuerdos siempre aliados,
en el lago de tus ojos me encuentro
sin saber nunca qué estoy buscando;
cierro los míos en afán cotidiano,
ignoro si este deseo es insano, perverso,
pero seguro como estoy, que por un beso,
tan solo un ósculo de tus labios
volveré a reincidir en mi locura,
de intentar con los míos profanarlos.
Nostálgica y querida amiga, siempre lejana,
pasajera de este mundo, hermana.

eliseo.

Cuando el totalmente olvidable ex-presidente Calderón se quejó amargamente con la prensa porque le daban a los narcos portadas de los periódicos de manera gratuita, mientras que él tenía que gastar millones de pesos para obtener algunas de estas, fue una forma explícita de reconocer que su personal guerra en contra del narco estaba fracasada. Las cuentas nacionales no daban para gran cosa, por lo que estas no podían respaldar algo más que quejas. Hoy parece el mismo cuento con Peña Nieto el "Reformador contrarrevolucionario".

Ya ve usted que la historia de cada país se nutre de, al menos dos verdades: la oficial y la de la calle. La primera se construye dentro de la ideología del grupo que ostenta el poder en turno; por ejemplo, en México se contó con el discurso de la Revolución mexicana durante al menos 50 años, de 1934 con Cárdenas, hasta 1982 con López Portillo; posteriormente se cambió por la ideología muy norteamericana, de la escuela de Chicago y su mentor Milton Friedman, que predomina hasta la fecha.

De manera simultánea, la percepción de la sociedad fue construyendo su propia verdad interpretada de la experiencia de cada día; en la primera etapa (1934-82) sintió que de alguna forma se contaba con posibilidades de mejorar económica y socialmente; las ciudades ofrecían oportunidades para mucha gente que se preparaba, o que al menos estudiaba lo básico; los pequeños beneficios de la revolución le daban salarios con buen poder de compra; un salario de 1972 alcanzaba para comprar lo que se compra hoy más o menos con 3.5 o 4 salarios; por ejemplo usted ganaba 15 pesos, pero estos le alcanzaban para comprar un kilo de tortillas, un litro de leche, cuatro panes, un refresco de 350 ml., un kilo de huevo, un boleto del camión urbano, un boleto para el cine, y aún le quedaban más o menos tres pesos para elegir algún chocolate o palomitas en la dulcería del cine. Esto era posible con 15 pesos.

Hoy estas mismas compras las realiza usted más o menos con el equivalente a 200 pesos. O quiere un ejemplo  más simple: con 17 pesos usted viajaba de Zamora a Morelia en autobús; hoy lo hace con 230 pesos...; así de simple el ejemplo para que nos entendamos.  

Esto es lo que extraña la sociedad y que el discurso oficial no puede tapar; lo que queda como sentimiento de que algo se ha perdido en términos de poder de compra y de identidad con las propias instituciones; pues en aquellos años, se veía con molestia al presidente en turno, pero la sociedad buscaba alternativas en la realización económica dentro del país, mientras que la idea de emigrar al norte era un acto casi privativo de los campesinos y jornaleros del propio campo. Los norteños, los braceros, eran figuras rurales.

Hoy, para variar, la versión oficial de la vida en México nos informa por voz del presidente Peña Nieto que no entiende por qué hay tanta inconformidad social; luego su subsecretario de Hacienda, Fernando Aportela sale a informarnos que...¡por culpa de Los Estados Unidos... bla-bla-bla..., ahora no fue por culpa de China, la economía...! ¿qué cree...? acertó, no va a crecer lo pronosticado, y se espera un menor crecimiento...! claro, siempre por culpa de los "otros", Nooo, si en casa el único tarugo soy yo..., y ya se me está quitando..., dice la broma de la calle.

¿Quién tiene  la razón...?

Creo que todos la tenemos de alguna manera; por un lado el Estado necesita mantener su propio credo..., su propia razón de ver las cosas; así son las ideologías; mientras que la sociedad, con sus recursos, y sus verdades extraídas de la experiencia, de su empleo, ingresos y necesidades, va construyendo su forma de creer. No hay forma de creer que hoy se gana mejor salario que hace 40 años... ¡imposible! en esos años se ganaba en salario mínimo lo equivalente a unos 200 pesos actuales, o un poco más. eso no puede ocultarse con ningún discurso tonto... para ídem...

Hoy el éxodo al "norte" de los dólares dejó de ser privativo de los jodidos del campo; por el contrario, como lo señala Carlos Fuentes en su libro Frontera de Cristal; hoy al norte se va la clase media y media baja de las ciudades..., y ¡todo el morador del campo que puede pagar coyote, que cuenta con papeles, o que ya no sabe qué hacer con "tanto éxito" de la apertura comercial que les obliga a ir a tratar de trabajar por allá para pagar las deudas de este!

De esta forma la sociedad construye su propia versión de su vida cotidiana, la de la calle y de todos los días; mientras que el gobierno de Peña Nieto sigue mandando comunicados con su versión oficial, que debe ser informada como la buena nueva a la sociedad; de ser posible con grandes portadas.

Hoy el presidente está contrariado..., no entiende el enojo de la sociedad; y la prensa internacional (The Economist, por ejemplo que tanto lo había alabado) afirma en una de sus portadas... que Peña Nieto no entiende que no entiende.

Al buen entendedor... menos brincos..., el suelo está parejo.

¿Y usted... qué opina... cómo le ha ido en la feria de la vida...?


Le abrazo con cariño y nostalgia de la buena amistad.

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