miércoles, 25 de mayo de 2016

7615. ¡…CHE CALORON!

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

“Arboles de la barranca por qué no han reverdecido, es que no los han regado con agua del río florido”.

Cuando se toca este rema de las altas temperaturas, las opiniones son varias y variadas. Hay quienes dicen que siempre ha sido cíclico y que realmente no hay novedad. Y dice una canción: “Aquí todo sigue igual como cuando estabas tú”

Será, pero en mi infancia, todavía en mi juventud yo no recuerdo estas quemantes temperaturas, entiendo perfectamente bien el Perihelio y el Afelio, pero ahora el sol es más quemante, antes con un sombrero te cubrías y bajo un árbol te protegías. Capsula informativa: Árbol era, ya poco es, una representación de la flora universal que era muy útil para refrescar el ambiente, purificar el aire y atraer el agua, entre otras cosas; por ejemplo, el árbol daba frutos comestibles, los que quedan siguen dando, para consumo de los humanos, (Humanos = Depredadores), hasta el humilde mezquite con su raquítica sombra ofrecía unas vainas que al estar maduras daban un dulce jugo para refrescar la boca andando en el cerro y dejándolas secar se ponían a cocer en olla de barro acomodando unos olotes en el asiento ( De la olla) para que no se pegaran y quedaban riquísimos ¡Pura miel!

Por ser algo tan noble, el árbol desaparece, no debería ser tan noble porque también lo usamos para hacer papel, lo ocupamos en la construcción de nuestros hogares y muebles, en tiempos de frío es combustible que calienta nuestros cuerpos en una fogata, un fogón o una chimenea.

Total, que se escucha en los noticieros que desde 1880, año en que se inicia la medición de la temperatura global, nunca se habían registrado calores tan fuertes. ¡Sepa!

Les platico que, por El Camino Real, por las orillas del Vallado abundaban los ocales, eucaliptos, y cercanos a los terrenos húmedos siempre se podría encontrar el abrigo sombrío de un sauce y disfrutar de una reparadora siesta; al pasar por el puente del Vallado se podía sentir la frescura del trueno de Tranquilina y que me hace recordar un refrán reformado: “El que a buen árbol se arrima, agarra buen resfriado” y de paso les cuento otro “Árbol que nace torcido, se le caen los pajaritos”.

Aunque los árboles siempre ofrecían la oportunidad de una buena siesta había que ponerse listo y no acomodarse bajo el drenaje de los nidos porque “En este mundo matraca nadie a la naturaleza escapa” y podíamos servir como depósitos de las excretas de las lindas canoras, bien lo decía mi papá “qué bueno que las vacas no vuelan”

En la parcela que fue de mi papá había una hilera de guayabos que siempre estaban cargados de fruta y solo cortábamos las que comeríamos en el momento. David Vázquez, “El Señor de los aguacates” tenía su huerta bien atendida y poblada de árboles frutales, él vivía ahí; naranjos, mandarinos, toronjos, guayabos, hasta chirimoyos y cuando iba por sus provisiones al pueblo, nadábamos el Vallado y le “ayudábamos a cosechar”, al verlo venir corríamos cada quien hacia donde podía. Él sabía quiénes éramos, nunca hubo reclamos.

También “El Encinal” estuvo cubierto por una tupida vegetación, en ese tiempo cuando se perdía alguna vaca era difícil encontrarla, además, con el riesgo de perderse uno mismo, ahora se pueden ver y encontrar los animales sin subir al cerro, ahora pelón, devastado por ambiciones y mentes obtusas que no les importan las vidas humanas o de animales.

La vegetación retenía tanta humedad que abastecía dos grandes “Ojos de agua” y un sin número de “veneritos” que brotaban en el corral de Enriqueta y que cuando llegábamos cansados y sedientos de las parcelas, nos tirábamos de panza para que el chorro de agua nos cayera en la cara y en la boca. Hasta que llegó un guey (de los de ahora, no de aquellos nobles semovientes cornúpetas), a talar el monte para criar y engordar una manada de hombres. ¡Error! Hasta que llegó un señor con “Papeles oficiales” que lo validaban como dueño propietario de un predio que siempre se consideró como propiedad del pueblo y puso una manada de bueyes de engorda. Tuvo tantos problemas que nunca tuvo ni un mondrego becerrito y si acabo con los veneros del agua que surtía al pueblo.

Luego vendieron el cerro para hacer fraccionamientos y hasta la fecha no ha resultado y peor aún, sabiendo que no hay agua y que la poca que se logra conseguir por parte del pueblo, no será compartida como venganza en contra de esas mentes criminales que o no sabían el daño que estaban haciendo o si lo sabían les importó poco.

Es larga la historia que por esas causas se vivió, otro día con más espacio les cuento. Ahora les contaré como van siendo estorbosos los árboles, todos, pero sobre todos unos controvertidos arbolitos que por una parte son odiados y por otra son requeridos y necesarios. Les diré: estos arbolitos se llaman Ficus, nunca me he preguntado cómo llegaron a esta ciudad y como se pusieron de moda, (Seguramente por algún programa de gobierno) lo que sé, es que fueron plantados en las banquetas y fueron dejados crecer al garete, con el tiempo las gentes han dejado de apreciar su sombra y se han dedicado a perseguirlos sin consideración.

Los Ficus son acusados de levantar banquetas, bardas, muros de casas y hacer tropezar con sus raíces. Además de que sueltan hojas que a diario se convierten en basura dentro y fuera de las casas. Los vecinos no piden que se poden, exigen que se talen y se extraigan sus raíces ¡Pobres Ficus!

Les transcribo un fusil: “Se llama ficus a un género compuesto por unas 900 especies vegetales, muchas de ellas árboles y arbustos de buen tamaño. También pertenecen a este mismo grupo muchos tipos de trepadoras y algunas de las plantas de interior conocidas y extendidas en España. De hecho, cuando se habla de ficus, en general es para aludir a algunas de estas especies de interior, como el llamado ficus lira (Ficus lyrata), el ficus benjamina (Ficus benjamina) y el árbol del caucho o gomero (Ficus elástica”

¡Perdón! También son acusados de proteger a rateros, asaltantes, viciosos y “Aún hay más” decía el de la risa de tonto, sirven como nidos de amor, donde las parejas “noche a noche sueño contigo. Siento tu vida en la mía cual eco distante que apenas puedo oír “y la verdad es que sí. Es más, cuando construya un motel, aprovecho para darles esta capsula informativa: Motel es un lugar de descanso para parejas que llevan mucha prisa y poco tiempo, pisa y corre. Cuando lo construya se llamará Los Ficus. Éxito garantizado.

Resulta que al podar estos inocentes arbolitos se han encontrado entre sus ramas cómodas colchonetas, prendas femeninas que alguna vez fueron íntimas y otros accesorios para momentos igualmente íntimos. Es de risa el ingenio para trepar tantos artículos hogareños y de más risa el imaginarse como suben a la amada amante y bastante tragicómico el ataque de los papás contra quien sea que permite que su hija querida sea personaje protagonista de la canción del señor Napoleón: “Era un pajarillo de blancas alas, de balcón en balcón, de rama en rama” creo que así dice, sino perdón.

De todas a todas las gentes les estorban y se sienten amenazados por los árboles y claman su tala, a sabiendas que los ventiladores dentro de los hogares no logran suplantar los beneficios de la naturaleza, y en cambio traen fuertes dolores de huesos, gargantas roncas y nariz gangosa.

Michoacán, tierra de tanta riqueza, entre ellas, la riqueza forestal donde seguro hay personas que se han enriquecido talando miles de árboles y con toda seguridad no han plantado uno solo.

Y para acabar, les convido un fragmento de una bella poesía al árbol que me recomendó el ilustre Filósofo de Purepiru:

“La tierra sin un árbol está desnuda y muerta,
Callado el horizonte, la soledad desierta;
Plantemos para darle palabras y armonías
Latidos y alegrías, sonrisas y calor.
El árbol pide al cielo la lluvia que nos vierte;
Absorbe en nuestros aires el germen de la muerte;
Por sube a las flores la sangre de la tierra,
Y en el perfume encierra y eleva una oración.
Proteja Dios al árbol que planta nuestra mano;
Los pájaros aniden en su ramaje anciano;
Y canten y celebren la tierra bendecida
Que les infunde vida, que les prodiga amor”

Juan Zorrilla de San Martín.

Se acabó el espacio y aquí le paramos, no sin antes recordarles que este viernes 27 de mayo 2016 a las 8:30 de la noche, en el Centro Regional de las Artes les presentaré mi libro A lomo de camello. Conste que es la última vez que les recuerdo. Los espero.
Saludos cariñosos a Toda mi Familia y a Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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