jueves, 26 de mayo de 2016

7620. ¿QUÉ SIGUE?

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¿Qué sigue?
En todas las familias hay algo que da pena que se sepa… bueno, pero no lo ande contando: en la familia materno-toluqueña de este López, fue vergonzoso el caso de una tía que tenía una media hermana, hija de su papi, que era viudo y se llevaba pesado con una señora que ayudaba con los quehaceres de la casa, de entrada por salida. El caso es que confirmando que era poco previsor, su papi procedió a fallecer sin poner antes sus cosas en orden, como decimos cuando la gente no hace testamento, lo que acarrea con cierta frecuencia, males gástricos y gastos por juicios que suelen durar más que misa de obispo, desagradables como un ceviche de hígado. La tía Cleo (nunca supo su nombre el del teclado, tía Cleo, era tía Cleo), no quería darle ni un palillo de dientes a su media hermana, que tenía un abogado que, hágase de cuenta un chucho con rabia. Gastó millonadas tía Cleo en el asunto y toda la familia le decía que no fuera tonta, que tarde o temprano iba a perder el pleito… hasta que lo perdió y tuvo que repartir a partes iguales, nada más que asumiendo sus gastos y pagando los de su media hermana, lo que hizo que se quedara en la calle. Hay gente que no entiende lo del mal arreglo y el buen pleito.

Ayer fueron nota dominante en los portales de noticias de los diarios nacionales, los enfrentamientos entre gente de la CNTE y policías en la CdMx y Tuxtla Gutiérrez.

Si el gobierno federal le sigue apostando a que es un asunto menor y que es nada más cosa de que pase un poquito más de tiempo para que se desinfle, se están equivocando mucho.

O se sientan a negociar, con toda seriedad, o meten a la cárcel a los que hayan cometido delitos… de la CNTE, del SNTE y de los gobiernos federal y locales que le han echado gasolina a la lumbre durante mucho tiempo, de ahora y de antes, porque atrás de esto hay una larga historia que no se borra así nomás, diciendo que ya cambio la ley y ahora se aguantan… ¿de veras?... ¿y cuántos votos de maestros despreció don Peña Nieto?... Y eso, para ni mencionar que mucho de la reforma educativa que no es reforma educativa, sino administrativa y de intenciones por conocer, mucho, está mal o si no tanto, puede mejorarse.

Está a punto de llegar la sangre al río. Cada vez es menor el margen de maniobra, o una u otra, pero debe actuar el gobierno federal. Lo que no puede seguir haciendo es negarse en redondo a tratar con la dirigencia del CNTE. Ayer mismo, el bravucón de kínder de don Nuño, secretario de Educación, reiteró que no va a negociar nada, que la ley se aplica, no se negocia (¿en México?... primera novedad), y su negativa a enfrentar a la dirigencia de la CNTE alimenta el conflicto (aunque, bueno, mejor que no los recibe, porque se lo comen crudo… ¡ah, si la ignorancia doliera!)

Suponga usted que no tienen razón en absolutamente nada esos señores… bueno, pero son por ahí de 100 mil personas… ¿no parece aconsejable oírlos?

Por cierto: ¿sabe por qué existe la CNTE… por qué se separaron del SNTE?... porque piden la elección universal directa de su dirigencia, que no se las nombre el Presidente de la república, nada más eso: elegir a sus dirigentes, lo que no parece mucho pedir tomando en cuenta que es un sindicato, digo. No es un asunto de buenos contra malos, tampoco, pero sí es algo que no se va a arreglar solo ni con engaños. Quitar privilegios y canonjías es algo en lo que todos están de acuerdo, nomás que parejo, también en el SNTE. Que no se haga la voluntad de Dios nada más en los bueyes de uno. Que la reforma educativa sea eso y no el batidillo de medidas administrativas que no requerían modificación constitucional. Y entonces sí, a capacitarlos y evaluarlos, pero bien y no para correr a nadie, sino para seguirlos capacitando. En fin.

A ver si no se le ocurre a don Nuño cargar el precio de su impotencia a los gobernadores o a alguno que le guste para nazareno, porque don Nuño no sabe por qué no se han doblado los de la CNTE y se cree que es sólo por defender sus privilegios… ¡dioses!

Otro caso que es importante mencionar es lo de ayer, que esperemos que para las horas en que usted lea esto, esté resuelto de la mejor manera: el secuestro, retención o como le parezca llamarlo, del Presidente del Congreso del estado de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, del  presidente de la Mesa Directiva de ese Congreso, Carlos Penagos Vargas y otra persona, por parte de habitantes de Chenalhó que se oponen a que allá siga de presidenta municipal Rosa Pérez.

Si tienen o no tienen razón en que doña Pérez deje el cargo, es lo de menos. Lo grave, mucho muy grave, es que se secuestre a la cabeza de uno de los tres poderes, que lo hayan golpeado y haya salido ensangrentado (según informó un testigo directo: Gonzalo Ituarte, vicario de Justicia y Paz, mediador en este conflicto)… ¿qué sigue?

Lo grave es que sea el presidente del Poder Ejecutivo el que tenga que tratar de arreglar un asunto que le compete directamente a otro, al Secretario General de Gobierno, Juan Carlos Gómez Aranda, porque el Congreso procesa los asuntos de su competencia, que en este caso sería una petición de licencia, retirarle el cargo por petición de la Procuraduría del Estado a resultas de una averiguación previa por algún delito seriecito o nombrar por ausencia a un sustituto, pero no está para sacar las castañas del fuego a quien ostenta entre otras cartas, haber sido miembro fundador de la Comisión de Concordia y Pacificación del Congreso de la Unión, y haber participado en los diálogos con el EZLN que llevó a la firma de los acuerdos de paz y reconciliación. Sí, don Gómez Aranda, es su chamba.

Lo grave es el tufo a encerrona que tiene esto. El Presidente del Congreso va a una negociación para tratar de quitarle la mecha a lo de Chenalhó…  sin la custodia de las fuerzas del orden. A pecho abierto… Acaba secuestrado, lastimado. Y pensar que es precisamente a él, a Eduardo Ramírez Aguilar, a quien le llueven acusaciones siempre anónimas, con el ánimo de frenar su carrera política… ¿Qué sigue?

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