sábado, 28 de mayo de 2016

7622. ROBANDO EL FUTURO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Robando el futuro.
Filosófico estás, le dijo don Quijote a Sancho; y le contestó: es que tengo hambre. Sí, parece que no hay muchos casos de pensadores entre aristócratas o millonarios (con las excepciones de siempre); y a mayor alarma: de unos años para acá (no tantos), lo ligero se presenta como norma forzosa y lo frívolo es de buen gusto.

Esta superficialidad vital, por supuesto, es propia del sector que tiene la vida resuelta, de clase media para arriba (no incluye a la media clase actual, sino de ese estado de permanente angustia patrimonial que domina la vida de los clasemedieros, para arriba), pues con necesidad de encontrar chamba o con agujeros en los zapatos, es muy difícil plantearse ser metrosexual, “hipster”; cómo degustar un Châteauneuf-du-Pape o identificar a golpe de vista un bolso Louis Vuitton pirata.

Por eso, a esa casta de exquisitos, la gente seria o dada a reflexiones -cosa de por sí incómoda-, les resulta aburrida y prescindible, pues con sus conversaciones conceptuosas, exhiben su condición de muertos de hambre, ralea indudablemente capaz de pasar la vida usando ropa de poliéster, hibernando con el Johnnie Walker etiqueta roja -o el “Bacacho” blanco-, que ni sospechan lo indispensable del Chivas 25 años, el Macallan 1947, la ropa de lino y seda (de marca visible, pero-por-supuesto), los relojes de colección y dominar la preparación del daiquirí “banana frozen”.  

Esto de la ligereza parece haber cundido.

Por supuesto cada quién está muy en su derecho de escoger si se toma las cosas en serio (clasificación social: “de güeva”), o si vive conforme a los cánones de la “gente bonita”, esa que si no heredó, gana dinero chueco o derecho (jamás de empleado, ¡por favor!), sin sentir sino desprecio por lo ganado con el sudor de la frente (primer síntoma naco, andar sudando por dinero); “gente bonita” que por tener más de lo suficiente, se asume con derecho a no reparar en la existencia de nadie cuyo su primer coche haya sido un Nissan usado o (ya inconfesable), andar en combi o taxis.

Nada tiene que ver esto con la frivolidad culta y de fondo que antes tenían señores como Alfonso Reyes o Salvador Novo, ni con la humorística ligereza de un Jorge Ibargüengoitia, que hacían sonreír -y pensar-, a cualquiera, con el ingenio de observaciones que iban de lo cínico a la crítica social y desde lo leve se zambullían en lo más trascendental. Serio no es sinónimo de aburrido ni pesado, como alegre no es semejante a insustancial ni fútil.

Tampoco tiene relación alguna con la tenue actitud ante la vida de adolescentes y jóvenes tiernos, que más cerca de la infancia que de la adultez, chacotean con todo. Que gocen, ya tendrán que enfrentar sus responsabilidades y ¡ay de ellos! si no pertenecen a la clase social planta “pent house”.

Parte esencial de la actitud ingrávida ante todo, es -para los integrantes de esta realeza de lo “trendy”-, mostrar interés por lo que esté de moda aparentar interés. Desde la infame vida que lleva un oso polar en un zoológico de país tropical  (escandalazo en “las redes”), mandar comentarios por “feis”, protestando vivamente por la inminente desaparición de las auténticas tradiciones tibetanas; o en un extremo comprensible y muy justificado, “subir a la red” comentarios iracundos contra el cineasta Steven Spilberg, por la foto que alguien puso en las redes hace meses, exhibiéndolo “junto al dinosaurio triceratops que cazó”, sin caer en cuenta que era una broma pues esa especie desapareció hace más de 60 millones de años (se pidieron siete hogueras para él, por “asesinar” un animal ¡en riesgo de extinción!).

Abrazar las causas de actualidad, a estos, les es necesario para no desentonar, ya sea la defensa de lo indígena (fotografiado, en museo y con vino de honor), la preferencia por Frida Kahlo (en póster), el más febril ecologismo (con cuatro autos propios), el feminismo que naufraga en mujerismo, el aborto “ad libitum” (mi cuerpo es mi cuerpo), el consumo de comida orgánica (?), el antibaquismo a ultranza (fumando marihuana, que es medicinal), y la apología de toda práctica sexual que sea entre adultos y consensuada…. ¡ah! y sin saberlo ellos, esencial sin duda para pertenecer de pleno derecho a ese estrato, es ser arribistas, eso sí, que los de a de veras, se distinguen sin darse ellos cuenta y su elegancia les es tan natural que pasan por sencillos.

Tiene un factor común esta comalada de mexicanos a la moda: para todos es de nacos discutir asuntos nacionales. Entendámonos: hay temas locales que sí tratan, por ejemplo:   el permanente interés en el estado que guardan las nalgas de la señora Guzmán; o las andanzas de la #Lady o #Lord del momento, las decisiones del entrenador de la Selección Nacional y los “memes” contra políticos; lo demás, todo, “no es tema”. Hablar de cosas como la deuda pública, la reforma educativa o el desempleo, es de mal gusto, es “mata fiestas”, “mala onda”… y una “güeva”, ya quedamos.

Si alguien se atreve a comentar la tragedia de los menores de edad migrantes, el atraso creciente de nuestros indios (sí, indios… majadero usted que cree que es insulto), el incremento del índice de suicidios entre adolescentes, las condiciones asimétricas de trabajo de la mujer, lo de Chenalhó, el crecimiento innegable de Morena y el Pejehová para las elecciones del 2018, despacharán el tema (“hablemos de puterías”), y no lo vuelven a invitar, por aburrido y por naco (ya quedamos también).

Unos, los muy jóvenes (algunos no tanto), compartiendo fotos de lo que se están comiendo, tomando “selfies”, tecleando babosadas en el Ipad; y otros, los que ya tienen edad (y no tanto), comiendo raro, bebiendo caro -y mal, hasta intoxicarse-, compitiendo en impresionar “valets parking” con sus autos, pagando fortunas por ropa que no les queda, van pandos de autosatisfacción, dejando pasar la vida y que otros les construyan la realidad que tarde o temprano se les echará encima.


Y así, mientras, con toda comodidad, la clase política nos sigue robando el futuro.

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