miércoles, 1 de junio de 2016

7630. CUANDO ESTÁBAMOS MAL.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cuando estábamos mal.
Tía Marciala era una mujer de esas de pelo en pecho, que no le aguantaba nada a ninguno por más que fuera hombre y hasta su marido. Alta, frondosa tirando a guapa, allá por los años 20 del siglo pasado fue la primera mujer de Autlán de la Grana, Jalisco, que mandó a volar a su esposo, un macho de diccionario enciclopédico, muy de la época, al que ella le fracturó la mandíbula y decían que eso no fue lo peor que le hizo. Siguió su vida tía Marciala cuidando de su rancho, sus vacas, sus hijos y sus nuevos maridos (documentados y sin documentar), que tuvo varios y que en orden de aparición fue mandando también a volar, para seguir cuidando de lo mismo, pero con más hijos, que llegó a los 14. La conoció el del teclado ya vieja, imponente, grandota, maciza, ricota por accidente, pues se le volvieron urbanas sus tierras y se las pagaron a precio de oro. Una tarde en la Ciudad de México, platicaban la abuela Elena y ella de cosas de sus tiempos. La abuela dijo que ella no sentía nostalgia por nada de por allá ni de cuando joven. Tía Marciala dijo que ella tampoco, que la nostalgia era parienta cercana del fracaso… y calló entrecerrando los ojos, memoriosa, para casi hablando para ella misma, decir: -Bueno… sí… a mi primer marido… si hubiera sabido que los demás venían peores, me quedo con él –si hubiera sabido.

Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México (ya no D.F. sino CdMx, a partir de enero de este año), anda de gira en París (¡felicidad!). Firmó ayer, lunes, con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un convenio para combatir la corrupción “a fin de evaluar la lucha contra ese fenómeno en la capital mexicana” (perfecto, nomás eso hacía falta para que ahora sí se combata la corrupción en la CdMx, y se reduzca a carteros que se clavan revistas, a policías de crucero pidiendo pa’l refresco… ¡felicidad!).

Después de esa firma histórica, determinante del futuro de la sociedad cedemexense (¿cedemexa?, ¿cedemexeña?... chilanga), Mancera fue a entrevistarse con la alcaldesa de París la socialista, inteligentísima y guapísima, Anne Hidalgo (española de nacimiento -Cádiz, 1958-, naturalizada francesa en 1973), para explicarle su programa de “el médico en tu casa”, y el pito contra el acoso a mujeres (pito, silbato, chiflo, silbo, el instrumento pequeño y hueco, que soplado con fuerza, hace un sonido agudo), cosas ambas que hicieron decir a la señora alcaldesa que “analizarán los programas (…) México es una ciudad que nos inspira muchísimo”. O sea: si se lo manda por mensajería, a lo mejor le pone más atención (ve uno las fotos de la señora y don Mancera, él con su sonrisa de estoy cayéndote bien; y ella con expresión de anfitriona a fuerza –“Ya está aquí” -y con mirada de pensar: -“ Il est ridicule, le petit apache” –o algo parecido).

Don Mancera como Jefe de la CdMx, aparte de París (segunda visita), ha ido a Roma, Berlín, el Vaticano, Madrid, Moscú y Johannesburgo; aparte de nomás, una parte de la república: Sinaloa, Chiapas, Tabasco, Puebla, Querétaro, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Sonora, Nayarit, Aguascalientes, Tamaulipas, Colima, Tlaxcala, Baja California Sur, Durango y el Estado de México. Le llevan la cuenta en algunos diarios nacionales, dicen que lleva más de cien viajes. Vaya usted a saber si es cierto. Pero todos, eso sí, pagados por él y sus acompañantes. Y todos para ver asuntos importantes para la capital del país, sin duda.

Entre el 2000 y el 2012, Pemex entregó al país 420 mil millones de dólares (casi el doble del presupuesto anual del país entero); fueron los años gloriosos de los súper precios por barril. ¿Dónde está ese dinero?... pues la inmensa mayoría se mandó a los estados de la república en estricto apego a lo que dispone la ley, aplicando rigurosamente las fórmulas de participaciones. Ya en los estados, el dinero se evaporó… y como la rendición de cuentas es tan estricta. El año pasado Pemex reportó pérdidas por más o menos, 30 mil millones de dólares, en 2014, cerca de 15 mil.

No va uno a ponderar tan a destiempo y sin matices lo que era el México aquél ya por siempre ido, del pricámbrico clásico, tiempos de carencias graves, sin democracia ni derechos humanos, prolongada noche del civismo mexicano; sí, fuchi.

Pero hubiera uno querido ver a un viajero frecuente Regente de la Ciudad o Jefe del Departamento del D.F.; que eso era la capital del país para el gobierno federal: un departamento que manejaba con un jefe a las órdenes del Presidente de la república, casi siempre dadas por conducto del Secretario de Gobernación. El señor este, Mancera, fue elegido como Jefe de Gobierno del entonces D.F., hoy CdMx (¡qué fantástica mejoría en las condiciones de vida de los chilangos!, de veras que cuando Dios da, da a manos llenas); pero don Mancera parece creer que lo eligieron como precandidato a la presidencia de la república y… oiga usted, francamente, no es desprecio, pero le falta… si ni Marcelotzin Ebrard.

Insiste el del teclado, sin ensalzar a ese viejo régimen ya desaparecido para siempre, pero hubiera uno querido ver a los gobernadores gastalones de ahora en esos tiempos en los que un telefonazo de Bucareli los hacía temblar. Estaba eso mal, claro, porque no se respetaba la dignidad de la soberanía de las entidades… pero a este precio, oiga usted, como que da qué pensar.

Habrá quien piense que todo es preferible a carecer de derechos humanos y democracia… y sí, es muy cierto, pero más nos vale afinar la puntería porque con derechos humanos ya empezaron a soltar secuestradores y asesinos y por andar eligiendo entre todos a las autoridades, vamos de mal en peor, nomás échele un ojito al proceso que termina el próximo fin de semana con la cita ciudadana ante las urnas:

Candidatos cuestionables, candidatos que no debieron serlo, guerra de inmundicias, difamaciones y calumnias… esa es nuestra democracia: la absoluta desvergüenza.

Le digo, da a pensar que estábamos mejor cuando estábamos mal.

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