miércoles, 1 de junio de 2016

7633. EL QUE NO ESTORBA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El que no estorba.
Algo le he contado de tía Beatriz, la hermana de Virgen, la abuela materno-toluqueña de este menda… ¡ésa!, Beatriz, la que de todo se quejaba y era buena para llorar, tanto que en cualquier funeral, los ajenos la confundían con la viuda, la mamá, la hermana o lo que les pareciera más cercano al fiambre de turno, y por eso perdió la amistad de una comadre muy querida a la que ofendió mucho lo que su inconsolable llanto, dio a pensar en el velorio del compadre, viera usted. Bueno, pues tía Beatriz, aparte de buena persona, no era inteligente sino más bien, muy tontita. Tuvo siete hijos; el mayor, Agustín, era una bala perdida, sin oficio ni beneficio, con todos los defectos de Juan Charrasqueado y de quien se decía no era cierto que había estado trabajando siete años en Guerrero Negro, sino hospedado en el Palacio Negro, el penal de Lecumberri. Tía Beatriz no le hablaba a Agustín hacía años, la familia no tocaba el tema y se pensaba que razones le deberían sobrar, pero el impresentable primo Pepe, un día se lo preguntó, así, directo, y ella respondió: -Mucho se lo dije: Agustín, tienes que cambiar o voy a acabar desconociéndote… y ya ves hijo, no entiende razones,  se sigue mordiendo las uñas, se peina con esa brillantina espantosa y nada de rasurarse diario… así no se puede, hijo, de plano, no -¡vaya!

Prestigiadas organizaciones ciudadanas (supone uno), reprobaron a los gobiernos de las 32 entidades que componen nuestra risueña patria. Lo reporteó ayer, Daniela Barragán para el portal Sinembargo: “El Índice Nacional de los Organismos Garantes del Derecho de Acceso a la Información (INOGDAI) reprobó, en términos globales, las 32 plataformas responsables de garantizar a los ciudadanos el acceso a la información pública de sus estados”… o sea, ¿estamos de cachondeo?

Se apresura López a rendir una explicación: por supuesto es importante el acceso de la ciudadanía a la información pública (la oficial), por supuesto que lo es. Igual que también es muy importante que no se robe un centavo el Jefe de Contabilidad de un barco y que el encargado del cuarto de máquinas, dé mantenimiento a los motores… pero no se revisan esos importantes temas después de haber chocado contra un iceberg; como que no.

Si de verdad, ahorita, una de las prioridades nacionales es poder obtener el más efectivo acceso a la información gubernamental, hay dos posibilidades: o la situación no es tan grave como otros no pocos organismos ciudadanos, nacionales y extranjeros, la OEA, la CIDH y la mismísima ONU pretenden y entonces hay tiempo para con todo cuidado ponerse a revisar expedientes; o sí están las cosas color hormiga y se desea ratificar el pesimismo exhibiendo el grado de despelote de los gobernantes.

Lo que no es de creerse es que obteniendo el más eficaz acceso a la información, pretendan saber algo cercano siquiera a la verdad. En todo caso, se toparán con probanza del desaseo oficial para trabajar, de lo mal hechas que se hacen las cosas, de la falta de información completa… para empezar: no tenemos en este país bendito de Dios, una ley que obligue a respetar un sistema único de clasificación y archivo de los documentos oficiales (seguro no le interesa, pero en Alemania, por ahí de 1939, ya tenían eso).

Pero, en medio del baño de sangre en que estamos por la guerra en que está el país (guerra de las peores, de esas en las que difícilmente nunca nadie se alza como ganador, porque de un lado tiene usted a uniformados y del otro a gente vestida de civil -como en Vietnam-, y aparte, tratándose de la guerra contra la delincuencia organizada, los primeros -los de uniforme-, están sujetos a leyes y son observados por defensores de los derechos humanos, y a los segundos, nada los limita; sin frentes de batalla, sin enfrentamientos formales… ¿cuál es el último balazo?... ¿quién presenta la rendición?)… en pleno fragor de algo que nomás no cede, que llegue a la trinchera un señor de corbata de moño a preguntar por el archivo… oiga usted.

Si no tuviéramos sospecha fundada de que hay más de 20 mil desaparecidos en el país, varios miles de inhumados clandestinamente, decenas de miles de migrantes centro y sudamericanos pasando las de Caín, diario; si no fuera un secreto a voces que ya pasan de 100 mil los desplazados, que hay pueblos fantasma.

Pero, aún, si no fuera nuestro problema la inseguridad, si eso estuviera superado, ponerse de exigente en que le den a uno acceso a la información (que, repito, sí es importante, pero lejano de las prioridades del presente de México), sería no saber que hay sobrados indicios de una operación nada respetable tras la reforma energética. Meterse a revisar archivos cuando lo que tenemos es una operación masiva de saqueo de recursos naturales y del erario en no pocos estados, parece lo menos, ingenuo, porque a fin de cuentas, cuando sea ya imposible de evitar el acceso a la información, descubrirán los revisores que el tramposo es tramposo, verbalmente y por escrito…

También es cierto que es divertido darle mucha lata a los gobernantes. Muy cierto. Hay que meterles presión en todos los frentes. Pero… hay un detalle, no se vaya usted a molestar: resulta que por estar revisando con tanto cuidado las vestiduras del coche, que no tenga ni un rasguño de mosca la pintura, que tenga su manual y sus accesorios completos… entre tanta cosa, no se le vaya a pasar checar el motor, porque no vaya a ser que esté desbielado, mi buen, que le falte una anillada, o que de plano no tenga.

Por lo pronto y con algo más de urgencia que tener acceso a la información, habría que plantear cómo le filtramos el acceso al Poder Legislativo a tanto bueno para nada, cuando no malandrín; cómo le bloqueamos el acceso a ser candidatos a gobernadores a personajes de pésima fama y sólidos antecedentes penales.

Sí, acceso a la información, claro, pero ¿cómo tener acceso a los cabildeos en la Corte, el Congreso y Los Pinos?

Sí, pensemos en todo pero ahorita, por lo pronto, mucho ayuda el que no estorba.

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