viernes, 3 de junio de 2016

7646. SER FRÍVOLO ES SUFICIENTE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ser frívolo es suficiente.
Contaban de la prima Lucrecia, que desde chiquita fue el centro de su familia, por graciosa, obediente y de buen carácter, lo que al del teclado no consta porque nació años después, pero sí da fe de que era hija única (lo que explica el caso).

Otra cosa que se decía de la prima y sí consta a López, es que desde la edad de merecer (así se dice, sin aclarar nunca qué merecen las personas del sexo femenino en edad de reproducirse…), era esplendorosamente guapa (no hace falta aclarar que es de la rama paterno-autleca, de las de Jalisco), pero guapa de arruinarle el ego a la modelo de la ‘Diana Cazadora’ (que ni se llama así, es la ‘Flechadora de las estrellas del norte’, en plural lo de ‘estrellas’, por alguna rara razón, pues es una la Estrella del Norte, la Polar… pero, en fin): la Lucrecia era guapa de volver humilde a la María Félix y deprimir a la Marilyn Monroe, así de guapa… pero frívola como un puñado de confeti.

Se casó muy jovencita, a los 17, con un muchacho de Guadalajara, pasado de bien plantado, hijo de ricos (no ricos de pueblo: ricos en serio); la boda fue el acontecimiento del año. Regresando de eso que se llama ‘luna de miel’ (que algo tiene que ver con lo que no explican que merecen las jóvenes, supone uno), regresando, todo mundo notó que algo andaba mal, pero como fueron novios 30 días en total, se pensó que ya se ‘acomodarían’, y no, no se acomodaron porque el joven pasado de bien plantado resultó que no tenía ningún interés en aquellas cosas que llaman tanto la atención de los recién casados, era algo que en estos tiempos no se dice porque lo tachan a uno de cosas muy feas, pero era (…ísimo).

Escandalosa noticia fue en aquellos tiempos del pricámbrico clásico su pronto divorcio y más aún la posterior anulación express de su matrimonio (el cristiano doctor que se encargó, de parte del señor Obispo, de verificar la versión de Lucrecia casi abjura de Hipócrates y arruina su carrera, pero resistió y rindió su parte médico: intocada estaba). Su siguiente esposo, a los dos meses de finiquitar ése trámite eclesiástico, fue un joven también guapo, no rico, pero trabajador, que sí cumplió con los deberes que natura impone al macho de la especie y aparte, la traía morada a golpizas; nuevo divorcio, ya nada más civil, porque ese matrimonio sí se consumó (casi en exceso).

Ya en esas, Lucrecia se casó después con uno que no era guapo ni rico. Después con uno que era feo y mantenido. El quinto marido era más joven que ella, con apariencia de delincuente (era delincuente). El sexto era un divorciado que resultó que no estaba divorciado. El séptimo la quiso meter de rumbera. El octavo la metió de rumbera (hizo varias películas). El noveno, viejito, rico otra vez, que no resistió el ‘tren de vida’ de Lucrecia (lo de ‘tren de vida’, se refiere a lo de ‘merecer’), se le murió a los tres meses y sus hijos la dejaron en la calle. Y ahí se plantó la prima, se quedó para siempre con el apellido del viejito y ya sin facturar, le siguió con su colección de hombres hasta llegar a muchos más de los que las buenas costumbres permiten.

Grandecita de edad, arruinado su prestigio, arruinada económicamente, arruinada físicamente, puso huéspedes en la casa de Guadalajara que heredó de sus papás, que se la dejaron en usufructo, sin posibilidad de que la vendiera, dentro de un fideicomiso estudiado como para que ni la Suprema Corte encontrara modo de romperlo… la conocían. Siguió siendo de bonito carácter, graciosa, con una intensa vida social, pero nadie la tomaba en serio. Murió a causa de un inesperado infartazo, sola como un esquimal con mal aliento (imagine la halitosis en un iglú). Tiró su vida a la basura, nunca hizo mal pero nunca hizo bien.

La abuela, que siempre la quiso mucho, en su velorio, comentó con este menda que Dios, en su infinita sabiduría la hizo estéril, porque con esa frivolidad, con esa cabeza de colibrí que tuvo, hubiera desgraciado a sus hijos. Triste y cierto.

En este nuestro risueño país nos hemos acostumbrado a la frivolidad oficial. Trató espléndidamente este asunto, don Gabriel Zaid, en un artículo que escribió hace algunos años (lea a don Gabriel; debería ser obligación legal leerlo). Busque usted el artículo en ‘Letras Libres’, san Google se lo halla, ‘Cambios frívolos’ se llama, me lo va a agradecer.

Destaca don Gabriel algunas notas de esa frivolidad con ejemplos que todos conocemos y ya no nos llaman la atención de lo acostumbrados que estamos; pregunta: “¿Qué se ha ganado con darle cuatro nombres distintos al programa Solidaridad (1988), Progresa (1997), Oportunidades (2002) y ahora Prospera (2014)?”; y remata: “Si Apple fuera del gobierno, iría cambiando sexenalmente a Pera, Ciruela, Tuna” (…) la Cruz Roja no depende del gobierno. Hoy tendría otro color (digamos, Cruz Gris) y otro nombre oficial (Servicios Paramédicos de Urgencia del Poder Ejecutivo)”. Y eso que daría risa en una empresa, en el gobierno se lo toman en serio y nosotros también o cuando menos no nos escandaliza.

Esa frivolidad que empezó en el siglo pasado estaba blindada a la crítica porque el poder era propiedad de un solo partido, pero contagió a toda la clase política (con las excepciones bla, bla, bla), y antes de pensar en cambios estructurales o el renacimiento de los Siete Sabios, bien podríamos combatirla (una ONG que le entre), porque la frivolidad ha alcanzado los niveles más altos de la administración pública.

No reacciona la sociedad repudiando a gobernantes dedicados a la más descarada frivolidad (y hasta caen bien), pero la frivolidad es hija de la ligereza de criterio y esa  levedad es posible si se carece de ideas, y sin ideas, de principios se está ayuno. Ya sin principios, los que sean, se gobierna sin brújula, todo es a conveniencia que es como presidencia de la república trata el destino de todos y como ha tratado el asunto de la CNTE, de la vejación de maestros en Comitán.


No se necesita ser malo para ser un peligro. Ser frívolo es suficiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: