martes, 7 de junio de 2016

7661. UNA MANCHA.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

“Como se lleva un lunar, todos podemos una mancha llevar, en este mundo tan profano quien muere limpio no ha sido humano”. Como que esta estrofita nos da permiso de “regarla”, errar, equivocarse, como dicen los chavos “Mancharse”.

Tenemos a la mano muchas formas de mancharnos, de hecho, a muchos nos aplican aquel refrán que dice “Una mancha más al tigre ni se le nota” y consecuentemente “Hijo de tigre, pintito”.

Si hablamos de la mancha urbana, salvo en contadas ciudades de nuestro abnegado país, no ha habido muchos manchados que se han pasado por debajo del “Arco del triunfo” todas las planeaciones urbanas propuestas por los Colegios de Ingenieros y Arquitectos ¡Con una lana carnal” y han desarrollado un crecimiento ampliamente anárquico y desvergonzado!

Se les permitió la instalación en nuestra ciudad a grandes empresas generadoras de empleos, quizá también de contaminación, pero en aquellos tiempos fue lejos de “La Mancha urbana” pero luego se fue permitiendo la construcción de fraccionamientos que cercaron las empresas y luego fueron quejándose de ellas hasta que lograron que algunas se fueran de la ciudad y como no hay mal que por bien no venga, les está yendo mejor donde ahora están.

El gran Piporro cantó “¡Ay que mancha tan negra es la pobreza!” y si, estar pobre es estar manchado y más aún cuando desde el seno familiar se acepta que “nací probe y probe he de morir”, está demostrado que ser pobre no es sinónimo de suciedad, mugre, ignorancia, incultura; el carecer de dinero, es solo eso, lo decía don Pedro Infante “La pobreza la llevo en el alma” y eso está peor, ser pobre de espíritu es ser carente de todas las virtudes que un mortal pueda tener.

El pobre de espíritu se queja de que no puede, de que aquel le está yendo bien porque anda en negocios sucios, es una rata o de jodido lo heredo su suegro. Se pasa la vida envidiando a todo el mundo y rezando al Creador para que les vaya mal expresando la jaculatoria salvadora “Tengo envidia de la buena”. ¿Buena? Que buena ni que ocho cuartos, es envidia corrosiva que no los deja ser felices. Esa es una gran mancha, mucho más grande que la pobreza que así se entiende.

Les comenté alguna vez de un compa que me acompañaba una vez por semana a Camécuaro a tomarnos una botella de tinto o tres desestresantes Buchanan y siempre veíamos a un grupo de cuatro o cinco “Flojos” que todos los días asaban unos bisteces y los consumían con una de San Matías y siempre la expresión de mi compa era que los batos eran unos flojos desobligados ¡Pero que a gusto se la pasaban bajo las frescas sombras de los frondosos árboles!

La mancha del Pecado Original, ¿Cuál tren? Desde que una eminencia dijo que el asunto del Paraíso Terrenal era solo para explicar el origen del hombre, hasta las manzanas me saben mejor, a las víboras las veo con admiración, no a todas, porque me pregunto quién les enseñaría que comer el fruto prohibido daba tanto placer, aunque de ahí se deriva que en ocasiones y por descuido llegue uno a casa con manchas en el cuello de la camisa, con la simplona explicación de que en la ida al circo se nos cayó encima el payaso “Max factor”.

Las manchas de la familia, ella porque dio su brazo a torcer, él porque es la oveja negra, por cualquiera de las dos partes es un acto considerado de deshonor ¡Una mancha! En estos tiempos como que esa mancha ya no es tan manchada y la boda se puede hacer con bombo y platillo, con el vestido muy blanco “Pureza certificada”, el Chilpayate en el otro brazo y el rostro desmanchado por la bendición de…sus padres y los de él.

Hay manchitas que enamoran “Ese lunar que tienes cielito lindo junto a la boca, no se lo des a nadie cielito lindo que a mí me toca”, también hay manchitas que hacen exclamar a los doctores “Esa manchita en el pulmón no me gusta nada ¿Usted fuma?” ¡Ya valió! Y todavía con la osadía de engañar a todo el mundo: “Fumo muy poco, nadamas cuando ando nervioso”

Es totalmente cierto que a partir de que perdió valor el SER y dio su lugar al TENER, la pobreza se convirtió en una manchota de la cual todos queremos alejarnos y no tanto de la condición de pobreza, sino del pobre en sí y dice “Uno vale según lo que tiene, por desgracia es la ley de la vida, te regalan si cuentas con bienes, traes caballo y te ofrecen la silla, para hacerte el favor que tú quieres, van primero y te toman medidas”; la jactancia es ser amigo del poderoso, aunque al poderoso no le importemos un pito y su poder provenga de un lugar que se llama “Sepa la chi…moltrufia”

Creo que las manchas más pesadas son las manchas en la conciencia, la confesión no es una Viva Fuerza Fría que limpie a fondo, se queda un sentimiento percudido como mancha de manteca o de grasa de bolero. Esa maldad o acción inadecuada que se hace o se hizo alguna vez cuando creímos que nadie nos vio o que nadie se dio cuenta, nos acompañará hasta el final, aun teniendo la habilidad de culpar a otros por su negación o su omisión, siempre sabremos que obramos mal.

Este sentimiento de culpabilidad se hace “Más manchado” cuando nuestra acción fue contra alguien que nos brindó toda su confianza y en ese mar de credulidad abusamos y traicionamos a ellos y a nosotros mismos. ¡No te manches!

Aunque seamos dos o tres quienes obremos mal y por irresponsabilidad los podamos culpar, “Tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, siempre llevaremos nuestra culpabilidad o simplemente responsabilidad. En ocasiones pasamos el resto de nuestras vidas esperando la oportunidad para disculparnos o pedir perdón a alguien a quien ofendimos y se nos fue el tiempo, llegó la hora de la muerte de ese alguien y nos quedamos con nuestra intención y con nuestra pena.

Platicando con amigos creyentes de Sanaciones, Limpias y cargas de Energía, me invitaron a un rito de Energía, y pues ahí voy, mi sorpresa fue que cuando la Sanadora me arrancaba la energía mala, me comentó que no sufriera por no haberle pedido perdón a mi mamá, pero que ella ya me había perdonado. ¿Cómo supo ella que yo traía esa pena? O será que todos traemos como carga, una mancha semejante con alguien que partió sin saber si nos dejó su perdón.

A veces decimos que tenemos manchas en los ojos, esas son ojeras por desveladas, preocupaciones o por herencia; las más preocupantes son las que vemos por dentro, manchas como arañitas y que no sabemos de qué se trata hasta que vamos con el ojista. Por cierto, ya me tranquilizaron respecto a mis problemas en los ojos, gracias al Creador.

La moda actual son las “manchadas”, las “marchas” y otras palabrejas que ya son de las 70 que a diario usamos. Según los estudiosos solo usamos 70 palabras diariamente y entre ellas están wey, no marches, no manches, no te la jales y otras sublimes y altamente educadas; pero que ya no sorprenden a nadie, hombres y mujeres de todas las edades y todos los niveles socioeconómicos a diario las acostumbramos con la mayor despreocupación.

Perate, perate, decía Javier “El Mudito”, me falta la Mancha donde estaba aquel lugar del cuál no quiso acordarse el Ilustre Caballero de la triste figura; y La Mancha de las tortas.

No todas las manchas son quemadas, sin embargo, hay quemadas que manchan todo el cuerpo, la imagen, la familia, el honor y son más graves aquellas en las que no te tocó el fuego ardiente, pero si las lenguas de víboras.

Creo que por hoy “ya me manché”. Saludos a Toda mi Familia y a Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

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