miércoles, 8 de junio de 2016

7663. LAS BARBAS EN REMOJO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Las barbas en remojo.    
La biografía -con foto- del marido de tía Lucha aparecía en los libros de entomología, sección sifonápteros (pulgas), tipo muy poquita cosa, chiquitillo, flacucho y encima, berrinchudo, quejoso, muy latoso y de esas gentes que se lavan los dientes con agua bendita, mocho de dar asco. Ella, hermosa de vieja, de joven debe haber sido un ferrocarril de mujer, cosa que este López comentó con tío Armando (estamos hablando de la rama materno-toluqueña del berenjenal genealógico de este menda), sin entender por qué se había casado con ese insecto, y me contó que ella había sido novia (y tal vez ‘algo más’), de un tipo que parecía una mezcla de Tarzán, Pedro Infante y Emiliano Zapata, adinerado ranchero, bronco y no muy moderado en el beber, que no le caía bien a la familia. Como la cosa duró largos años (sí, seguro hubo ‘algo más’), y no hablaba de boda, lo dejó y en pocos meses se casó con la alimaña: -Decepción y ganas de purgar al otro –explicó tío Armando. ¡Qué precio!

Pensaría uno que en el PRI deberían estar de luto después de la súper derrota del domingo pasado… y no, como que no, como que no andan de cara larga. Bueno, algunos sí, los candidatos que perdieron (y todos los que andaban con ellos), y la dirigencia que muy consciente está de que su futuro político ya es pasado (ni modo, don Manlio, no siempre se gana y alguna vez se le iba a acabar la buena suerte).

Los que dicen que saben, dicen que en Tamaulipas el derrotado no es tanto el candidato del PRI, Baltazar Hinojosa, sino su mentor, don Videgaray, que andaba queriendo acomodar sus piezas pensando en el 2018. También dicen que perdiendo en Veracruz y Puebla, se sepultó para siempre al equipo de don Manlio (que perder Veracruz es como si se le cayeran las faldas a la reina de Inglaterra en una misa solemne en Westminster: gravísimo), con la ventaja adicional de que ya hablando en serio, Yunes es priísta (y de los de antes); y por el lado de Puebla, dejar ganar al candidato del infumable Rafael Moreno Valle, es poner un obstáculo mayor al grupo de doña Calderón, Margarita Zavala, quien era (era) una verdadera opción del PAN para el 2018 y quien podría ser una muy buena presidenta del país (seguro mejor que cualquiera de los caballeros dedicados a ese oficio), pero como su maridito vive y luego luego se puso muy hablantín y echador… pues: ¡piso!, que seis años de Felipito fueron suficientes.

Así las cosas, queda claro que del lado de los priístas parece que ya no habrá de verse más aquella legendaria disciplina, que desde los gobiernos estatales se está muy bien sin jefe en Los Pinos (doce años seguidos sin nadie que les diera órdenes le abren los ojos a cualquiera); aparte de que el chistecito de don Peña Nieto, de haber desaparecido al PRI al cambiar todos sus principios en la Asamblea General del 2013, significa que los tricolores quedaron divididos en dos grupos: los peñanietistas, buenos para un barrido y un fregado; y los no peñanietistas, priístas que piensan en algo más que el 2018 (sí, los que se van son los que están montados ahorita).

En resumen: hubo traiciones dentro del PRI y algunos gallos muy importantes operaron en contra de sus propios candidatos. Qué pena, viera usted cuánto lo lamenta la patria.

En política estas cosas y más extrañas son posibles si el clima lo permite (si don Peña Nieto y compañía gozaran del reconocimiento general como en su momento lo tuvo Salinas de Gortari, no hay modo de derrotarlo), pero no, el clima social en el país está que arde y es poco hablar de ‘mal humor’, es ira, ira justificada por la frivolidad con que se está ejerciendo el poder, por el triunfalismo de un equipo que creyó que traía a Dios de las barbas (¡las reformas!), por la injustificable torpeza con que se han atendido asuntos tan serios como la inseguridad o lo de Ayotzinapa y por la soberbia que los caracteriza y permite que se sepan sus corruptelas, porque (ojo): a los políticos profesionales no los espanta la corrupción, no, lo que los pone de muy mal genio es que aparte de corrupto se sea estúpido y los exhiban: no perdonan a los que actúan a tontas y a locas, a los que no tienen llenadera, a los que no saben apagar la lumbre y convencer al mundo de que estaba lloviendo (¿cuál fuego, cuál humo?).

Sume a eso el malestar que causa en el ánimo del peladaje (todos nosotros) y de los que se dedican a la cosa pública, un Presidente que es absolutamente insensible a los reclamos y lamentos que le llegan de estados en los que se juega brisca con el erario, en los que grupitos de exquisitos se enriquecen a la vista de la gente, causando encima del mal de la robadera, cada vez mayor encono colectivo. Peña Nieto debió mover a Duarte del gobierno de Veracruz… y a otros (no dice más el del teclado porque no está loco).

Todo esto no tendría ya mucha importancia (a fin de cuentas es historia menor, no gesta de esas que marcan los tiempos), pero si lo lee usted teniendo presente que el próximo año se juega el Estado de México, tierra de don Peña Nieto, la entidad más importante del país económica y políticamente, la cosa cambia.

El Presidente no puede darse el lujo de que lo derroten en su casa. Don Eruviel hace lo que puede y no tan mal, pero enfrentan enemigos que sumados les pueden dejar el trasero de mandril, ¡cuidado!... y parte del cuidado es empezar a no arropar gobernadores ligeritos de criterio, ladrones insaciables que abonan el rechazo a un Presidente de la república que hasta el momento se ha mostrado refractario al llanto y crujir de dientes que desde varios lugares del país llega hasta Los Pinos.

Si el Presidente quiere mantener viva la esperanza de dejar sucesor, deberá cambiar su relación con los gobernadores, sean del partido que sean, porque además: ¡ahí viene Miguel Ángel Yunes!, quien para abrir boca se ha comprometido a meter a la cárcel a Duarte, el infame protegido por Peña Nieto, malandrín que le salió muy caro como otros que ahí están y deberían tener las barbas en remojo.

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