jueves, 9 de junio de 2016

7665. HIJOS Y ENTENADOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Hijos y entenados.
A tío Marcelo, si no estaba presente, le decíamos tío Chelo y su esposa, tía Carmelita, si no estaba presente, le ponía los cuernos. Tío Chelo hacía como que no estaba enterado de cómo le decíamos ni que portaba una cornamenta que ponía verdes de envidia a los paleontólogos descubridores del alce irlandés (‘Megaloceros giganteus’; tres y medio metros de cuernos). En una tertulia de sobremesa un domingo cualquiera, alguien comentó con discreción (había niños), que el matrimonio de tío Chelo estaba en crisis y que ‘algo’ podía pasar. Tío Armando que nunca le seguía el juego de apariencias a la toluqueña familia, dijo que no era crisis lo que era estado habitual, que no iba a pasar nada y que había que buscarle nombre a “eso de Chelo y Carmela, porque matrimonio no son”. Muy cierto, siguieron siempre igual hasta que con todo y cornamenta, recibió cristiana sepultura tío Chelo, que fue cuando tía Carmelita se empezó a portar bien (se solicita explicación).

La Jornada en su edición de ayer (página 4), consigna las conclusiones sobre las elecciones del pasado domingo, de un grupo de expertos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Titula su nota Emir González: “Crisis democrática, dicen académicos”.

México no está en crisis democrática. Si democracia es el sistema de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección libre de sus dirigentes (según el diccionario), se debe suponer que es democrático el régimen que respeta la soberanía popular y así lo gobierna. México, entonces, no está ni puede estar en crisis de lo que no es, porque no somos una democracia sino en el papel, el discurso y el imaginario de especialistas (el pueblo no comparte esa ilusión de intelectuales y políticos).

Nuestro país en rigor, jamás ha sido una democracia.

Antes de la llegada de los españoles lo que había eran jefes de tribus y sus grupos de privilegiados, macaneando y merendándose al resto de los aborígenes, cosa que se puede contar de manera bucólica y hasta romántica, ¡vaya! hasta se puede decir que el chichimeca tlatoani de Texcoco, Nezahualcóyotl, era ‘el rey poeta’ (‘poeta’… ¿con monitos?, que eso son los pictogramas con que ‘escribían’, cuando 150 años antes Dante ya había escrito la ‘Divina comedia’, digo).

Luego durante los tres siglos que esto fue colonia de España, era gobernado por una monarquía y los funcionarios que el rey mandaba en su representación, quienes pensaban que el pueblo estaba para “obedecer y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno” (bando del marqués Carlos de Croix, virrey de la Nueva España, 1766 a 1771).

Todo el siglo XIX se nos fue entre bandolerismo, guerras, invasiones y hacia el final, con la llegada de Porfirio Díaz supimos lo que era un gobierno organizado y la más pura y dura dictadura (que don Díaz mandaba matar o encarcelar gente como uno ordena una pizza doble queso por teléfono).

Empezamos el siglo XX con esa dictadura y llegamos a comienzos de los años 30’s matándonos los unos a los otros en nombre de la democracia para, una vez terminada la Revolución, por cansancio y falta de dinero, vivir casi en paz hasta el año 2000, en un régimen de partido único, con el que, a las chuecas o a las derechas, el país tuvo innegable progreso y mejoras, nos regaló buenos 40 años (el ‘milagro económico mexicano’ del que habló entonces el mundo)… pero no democracia, eso no tuvimos (hay quienes dicen que no podía ser democrática la cosa, con un pueblo mayoritariamente tan ignorante; hay quienes dicen que por eso se mantuvo al pueblo en un estado de minoría de edad; hay quienes no dicen nada: así fue, fue menos malo que todo lo anterior y punto).

Llegamos a este rutilante siglo XXI con un Presidente Fox que no era priísta (parece que ahora sí… o apoyó a Peña Nieto nomás por mono, no se sabe), hombre bien intencionado que prometió hacer un cambio que no hizo, dejando intocada toda la estructura priísta y organización política priísta del país.

Con don Fox hubo quienes creyeron presenciar -¡por fin!- el alumbramiento de robusta bebita, la democracia mexicana… y no, con la pena pero no: el saliente presidentito Zedillo trabajó cuanto pudo (y podía mucho), para que no quedara el PRI en el poder, muerto de miedo de que recuperara algo de poder Salinas de Gortari, que le tenía cantada la venganza (y se la tiene, por eso Zedillo no vive en el país); pero, contra el deseo de mucha gente, era imposible ganarle al PRI y hubiera seguido impúdicamente, como regresó (impúdicamente), en el 2012, después de un segundo periodo panista con un señor Calderón que gobernó con sus complejos, fobias y ansias de grandeza desde su diminuta estatura para el cargo (y nos dejó en guerra, no lo olvide: el país está en guerra, aunque le pongan sordina a las noticias, en guerra estamos y no vamos ganando, ni perdiendo, estamos en un impasse remojado en la sangre que no deja de fluir).

Llegando Peña Nieto al poder, en la mejor tradición del pricámbrico clásico, sin consultar al pueblo, cambió la Constitución del país a su gusto y al de sus mandones del gran capital extranjero y nacional: por sus purititos calzones y con la servicial ayuda de los demás partidos: todos aplaudieron, todos hicieron la ola. Y el pueblo, mirando.

Ahora, porque le rompieron la jeta a cuatro pésimos gobernadores, porque en la CdMx votó nada más el 28%, resulta que hay crisis democrática: en 200 años de ser país independiente, 300 de colonia y antes, nunca se ha gobernado este país democráticamente… ¿y sabe por qué?... porque lo primero para que haya democracia es que los integrantes de la sociedad, todos, sean iguales ante la ley y en esta nuestra risueña patria, la ley no se aplica parejo y hay una clase muy apartada, nuestra cleptocracia, propietaria de todo, exenta del cumplimiento de la ley.

Se oye feo pero así es, somos una sociedad invertebrada, cada quien ve sólo por lo suyo, resultado de que hay hijos y entenados.

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